El caso de mme. Livermore

Gabriel  DelanneLas apariciones de Katie King han sido tan numerosas y tan a menudo observadas, que es imposible dudar un instante que no sea un espíritu el que se manifiesta así; pero como ella declaraba haber vivido en otro tiempo bajo el nombre de Annie Morgan, bajo el reinado de Carlos I, no era factible comprobar su identidad. Hemos comprobado cómo Florencia, la hija de Mme. Marryat, se había hecho reconocer gracias a un signo particular del labio. Vamos a ver otro.

Según M. Aksakoff sería imposible encontrar un caso más concluyente, más perfecto, como prueba de identidad de la aparición de una forma materializada, que el que nos presenta el caso de Estela, fallecida en 1860, a su marido M. Livermore. Esta observación reúne todas las condiciones para convertirse en clásica; responde a todas las exigencias de la crítica. Se puede encontrar el relato detallado en The Spiritual Magazine de 1861, en los artículos de M. B. Coleman, que poseía todos los detalles directamente de M. Livermore (después han sido publicados en un folleto titulado Spiritualisme in America, 1861), y, finalmente, en la obra de Dale Owen, Debetable Land, que ha tomado los detalles del manuscrito de M. Livermore. La misma materialización continuó durante cinco años, desde 1861 a 1866, durante los cuales M. Livermore tuvo 388 sesiones con la médium Kate Fox, y cuyos detalles fueron registrados por él en un diario. Tuvieron lugar en una completa oscuridad; frecuentemente, M. Livermore estaba solo con la médium, cuyas manos sujetaba durante toda la sesión. La médium se mantenía todo el tiempo en su estado normal y era testigo consciente de todo lo que pasaba.

La materialización visible de la figura de Estela fue gradual; sólo a la cuarta sesión pudo reconocerla su marido por medio de una iluminación intensa, de fuente misteriosa, dependiente del fenómeno, y generalmente, bajo la dirección de otra figura acompañaba a Estela y la ayudaba en sus manifestaciones. La segunda aparición tenía por nombre Franklin. Desde entonces, la aparición de Estela se hizo más y más perfecta y pudo soportar hasta la luz de una linterna llevada por Livermore. Afortunadamente para el estudio del hecho, la figura no podía hablar, salvo algunas palabras que pronunció, y todo el lado intelectual de la manifestación consistió en dejar huellas para siempre persistentes.

Se trata de comunicaciones excesivamente numerosas, escritas por la propia Estela; en total fueron un centenar, recibidas en folios que traía el propio M. Livermore y que había marcado; mientras la aparición escribía, M. Livermore, sujetando las manos de Kate Fox, podía ver perfectamente la mano de la materializada escribiendo. El tipo de letra de aquellas comunicaciones es una perfeta reproducción de la escritura de Mme. Livermore en vida. En una carta de M. Livermore a M. B. Coleman, de Londres, con el que había trabado conocimiento en América, leemos: «Al fin hemos obtenido cartas fechadas. La primera de este género, del viernes, 3 de mayo de 1861, está escrita muy cuidadosa y correctamente; la autenticidad de la escritura ha podido ser establecida de un modo categórico por comparaciones minuciosas con la de mi mujer; el estilo y la forma de la escritura del espíritu son para mi pruebas positivas de la identidad del autor, aun si se prescinde de las otras pruebas aún más concluyentes que he obtenido.» Más tarde, en otra carta, M. Livermore añade: «Su identidad ha sido establecida de una manera que no deja subsistir ninguna duda: primero, por su apariencia; seguidamente, por su escritura, y, en fin, por su individualidad mental, sin hablar de otras numerosas pruebas que serían concluyentes en los casos corrientes, pero que no he tenido en cuenta, salvo como pruebas en su apoyo.»

El testimonio de M. Coleman confirmando el de M. Livermore, especialmente sobre la escritura de Estela en vida y la de después de su muerte, ha sido publicado en el Spiritual Magazine, en 1861. La escritura es, ciertamente, una prueba absoluta y completamente concluyente de la identidad del ser que se materializa, pues es una especie de fotografía de la personalidad de la que ha sido siempre considerada como su expresión fiel y constante. Aparte de esa prueba material e intelectual encontraremos todavía otra en varias comunicaciones escritas por Estela, en francés, lengua completamente desconocida de la médium. He aquí acerca del particular el testimonio decisivo de M. Livermore: “Una de las hojas de papel, que yo mismo había traído, me fue arrebatada de las manos y, después de algunos instantes, visiblemente, se me devolvió, en ella leí un mensaje admirablemente escrito en francés. Mi mujer conocía muy bien el francés; lo escribía y lo hablaba correctamente, mientras que miss Fox no tiene la menor noción de él.” M. Aksakoff, tan difícil de contentar en materia de pruebas, escribe: “Encontramos aquí una doble prueba de identidad; comprobada no sólo por la escritura del mensaje, en todo punto semejante a la de la difunta, sino también por el hecho de que está escrita en una lengua totalmente desconocida de la médium. El caso es extremadamente importante y ofrece, a nuestros ojos, una prueba de identidad absoluta.”

La cesación de las manifestaciones de Estela a través de la rnateria1ización presenta una aproximación notable con el final de las apariciones de Katie. Leemos en Owen: “En la sesión número 388, el 2 de abril de 1866, fue cuando la forma de Estela apareció por última vez. Desde aquel día, M. Livermore no ha vuelto a ver la figura, bien conocida de él, aunque haya recibido, hasta el momento en que escribo (1871), numerosos mensajes llenos de simpatía y afecto.” Nos parece bien establecido que la inmortalidad resalta, con una completa evidencia, de esas sugestivas manifestaciones. Las teorías más atrevidas no podrán luchar contra hechos de esta naturaleza, que nos aseguran esta vida en Ultratumba, cuya existencia es un hecho más que probado por todos los otros géneros de comunicación entre los hombres y los espíritus.

Resumen

En la demasiada breve exposición que acabamos de poner ante los ojos del lector no hemos podido reproducir más que un solo relato, concerniente cada uno a casos particulares que habríamos querido exponer en mayor número. Por otra parte, fácil es consultar las obras citadas y convencerse de que la cantidad de testigos auténticos que relatan hechos de apariciones de vivos o muertos es considerable. La mayor parte emanan de personas absolutamente dignas de fe, que no tienen interés alguno en engañar, y la veracidad de sus afirmaciones, por otro lado, ha sido comprobada, con todo el cuidado posible, por hombres sabios, prudentes e imparciales; pero, aun suponiendo que alguno de dichos relatos sea falso y otros inexactamente reproducidos, queda suficiente terreno (varios centenares) para establecer la certeza del desdoblamiento del ser humano y la supervivencia del alma después de la muerte. No ha sido fácil comprobar en casi todas las narraciones que el cuerpo dormía mientras el espíritu manifestaba lejos de él su presencia.

La realidad del alma, es decir, del yo pensante y voluntario, al mismo tiempo que su individualidad distinta del cuerpo, se afirman como corolario obligado del fenómeno de desdoblamiento. Hemos observado, en efecto, por testimonios como los de Varley, del joven grabador citado por el Dr. Gibier y por los casos de Newnham y de Sofía, que durante el sueño el alma humana puede desprenderse y manifestar su autonomía; es, pues, distinta del organismo material y es imposible explicar esos fenómenos psicológicos por una acción del cerebro, puesto que el sueño está, según la ciencia, caracterizado por la casi desaparición de la actividad psíquica.1

1 Véase la tesis del Dr. Dupin: Le Neurone et les Hypothéses histologiques sur son mode de fonctionnement. Théorie histologique du sommeil. (Citado por el Dr. Geley en su libro L’Être subconscient)

Este yo que se desplaza no es una sustancia incorpórea; es un ser bien definido que tiene una envoltura que reproduce la fisonomía corporal; y cuando se deja ver es gracias a su identidad absoluta con la envoltura carnal, merced a la cual se le puede reconocer. El grado de materialización del periespíritu es variable; unas veces es una simple niebla blanca que dibuja los rasgos atenuándolos, otras, tiene contornos muy claros y parece una reproducción animada del físico; en fin, sucede también que se muestre con todos los caracteres de la realidad, y se compruebe que tiene tangibilidad suficiente para ejercer acciones físicas sobre la materia inerte, y para revelar la existencia de un organismo interno semejante al de un individuo vivo.

La distancia que separa el cuerpo de su alma no influye en nada sobre la intensidad de las manifestaciones. Hemos visto de ello varios ejemplos que lo prueban completamente. Esa envoltura del alma, que sólo acusa su existencia distinta del cuerpo en circunstancias bastante raras, se encuentra ligada al cuerpo, sin embargo, en estado normal, como indican los experimentos sobre la exteriorización de la sensibilidad y la acción de los medicamentos a distancia. Por otra parte, la certeza de la coexistencia del cuerpo y del periespíritu resulta de la supervivencia de éste último a la destrucción de la envoltura carnal. Esta envoltura queda establecida por variadas experiencias que ofrecen todos los aspectos necesarios que imponen la convicción. Las apariciones de muertos o de vivos son idénticas; obran de la misma manera, producen los mismos efectos; así, pues, la causa a que son debidas es la misma; es el alma desprendida del cuerpo.

Hay que observar que no podría ser de otro modo, puesto que en los dos casos se libera de su prisión carnal. Si, pues, descubrimos en las apariciones de los muertos caracteres que no habían sido puestos en evidencia en las apariciones de personas vivas, podremos concluir legítimamente que el doble humano las posee también. La continuidad que existe entre todos los fenómenos de la naturaleza, nos permitirá apreciar la relación que hay entre las manifestaciones del alma producidas por su acción a distancia, y las que son debidas a su salida del cuerpo. Transmisión del pensamiento, telepatía, exteriorización parcial, desdoblamiento son fenómenos que forman una cadena ininterrumpida, una gradación de poderes anímicos. Las circunstancias que acompañan las apariciones de lo vivos son, en general, suficientemente demostrativas por ellas, mismas para establecer la objetividad del fantasma. Hemos puesto en evidencia este carácter en todos los casos citados, pero no ha sido posible dar las pruebas absolutas de ello; estos fenómenos, por su rareza, su espontaneidad, se oponen a toda encuesta metódica.

No ocurre lo mismo cuando esas apariciones se producen en las sesiones espíritas en que son solicitadas. Allí es donde se espera verlas producirse, y son tomadas todas las precauciones para comprobar cuidadosamente su objetividad. La fotografía es una de la más seguras garantías que podernos ofrecer. Si, en rigor, es posible admitir, para explicar las apariciones, una alucinación que obre sobre los cerebros predispuestos, esta explicación cae por su peso delante de la patente realidad que la inscribe sobre el celuloide; aquí, no hay ilusión posible: el fenómeno acusa la realidad dejando una huella innegable sobre la capa sensible. Pues bien, hemos fotografiado el cuerpo fluídico durante la vida y después de la muerte, lo que nos da esta certidumbre absoluta de que el alma existe siempre, lo mismo sobre la Tierra que en el espacio. Además, la continuidad del ser se revela con toda claridad en el hecho de las apariciones que siguen a la muerte ocurrida horas antes.

Todo sucede como si el individuo que aparece estuviese vivo aún; el periespíritu que acaba de dejar el cuerpo, traza fielmente de él no sólo la imagen, sino también la configuración física, que se revela por las huellas dejadas en el papel ennegrecido y por los moldes. ¡Cuán maravilloso descubrimiento el de la posibilidad de convencerse por testimonios materiales de la supervivencia íntegra del ser pensante! Vemos finalmente, en los experimentos de Crookes, que el espíritu materializado es, en todo punto, un ser que vive, temporalmente, como si hubiera nacido en la Tierra. Su corazón late, sus pulmones funcionan, va y viene, conversa, da un mechón de sus cabellos. Su periespíritu tiene, pues, en sí todo lo que se requiere para crear
todos sus órganos; es la realización completa del fenómeno que, esbozado solamente, hemos visto en las apariciones parlantes.1

1 Véas Un caso de desmaterialización parcial del cuerpo de un médium por Aksakoff. El lector podrá convencerse con esta lectura que la materia fluídica con la que el cuerpo temporal del espíritu está formado, se obtiene del cuerpo material del médium.

Que los sabios oficiales cierren los ojos, que la prensa haga caer obstinadamente el silencio sobre estos hechos notables, ello no impedirá que la verdad salte a los ojos de las personas sin prejuicios. Esta demostración material de la supervivencia tiene una importancia capital para el porvenir de la Humanidad. Nadie podrá destruir el haz de pruebas que nosotros aportamos. Tarde o temprano, será preciso que los más orgullosos se inclinen ante la evidencia y reconozcan que los espíritus, tan escarnecidos, han dotado, sin embargo, a la ciencia del más grande y fecundo descubrimiento que se haya hecho jamás sobre la Tierra.

Conclusión

Nos parece, pues, establecido por la observación y la experiencia, que:

lº El ser humano puede desdoblarse en dos partes: el cuerpo y el alma.
2° El alma, al separarse del cuerpo, reproduce idénticamente su imagen.
3° Las manifestaciones anímicas son independientes del cuerpo físico; durante el desprendimiento, cuando el alma está totalmente exteriorizada, el cuerpo no es más que una masa inerte.
4º La aparición puede presentar todos los grados de materialización, desde una simple apariencia, hasta una realidad concreta, que le permite andar, hablar y obrar sobre la materia bruta.
5° La forma fluídica del alma puede ser fotografiada.
6° La forma fluídica del alma, durante la vida o después de la muerte, puede dejar huellas o moldes.
7° El alma, durante la vida, puede percibir sensaciones más allá de los sentidos físicos.
8° La forma fluídica reproduce no solamente el bosquejo, también puede reproducir toda la constitución interna del ser.
9° La muerte no ha destruido el alma; persiste con todas sus facultades psíquicas y con un organismo físico, visible e imponderable, que posee, en estado latente, todas las leyes biológicas del ser humano.

Las consecuencias

¿Qué debemos deducir de todos estos hechos? En primer lugar, nos vemos obligados a admitir que el cuerpo y el alma son dos entidades absolutamente distintas, que se pueden separar; ofreciendo cada una de ellas caracteres inequívocos de sustancialidad. Debemos también observar que el organismo no es más que una envoltura que se vuelve inerte tan pronto como el principio pensante se separa de él. La parte sensible, inteligente, voluntaria del hombre reside en el doble, y se muestra como la causa de la vida psíquica. Entonces, ¿es racional imaginar para explicar los fenómenos espíritas, otro factor que no sea el alma humana?

Evidentemente, no; y todas las teorías que hacen intervenir seres imaginarios: demonios, elementales, egrégores, ideas colectivas, no pueden sostener el examen de los hechos ni dar cuenta de todos los fenómenos observados. En el caso en que el espíritu de un vivo se manifiesta de alguna manera, es posible remontarnos del efecto a la causa y descubrir la razón eficiente que produce ese fenómeno; es, realmente, la psiquis humana, en salida temporal fuera de los límites de su organismo. Sabemos que extrae del cuerpo material la fuerza necesaria para sus manifestaciones; que el alma que acaba de abandonar definitivamente su cuerpo material, se verá obligada a recurrir a un médium para encontrar en él la energía indispensable. Así se explican claramente todas las manifestaciones.

Hay en esos hechos, que se desarrollan en series paralelas, no sólo un evidente parentesco, sino también una gran semejanza que lleva a su identificación, cuya causa, en buena lógica, es necesariamente la misma: en todos los casos es el alma que se manifiesta. Se ha percibido tanto esa continuidad, que los incrédulos, como Hartmann, han intentado explicar todos los hechos espíritas por la acción incorporal e inconsciente del médium. Pero los fenómenos, en su gran mayoría, han respondido victoriosamente a esta inexacta aserción. Los espíritus han revelado, mediante pruebas irrecusables, que tenían una personalidad completamente autóctona e independiente de la de los asistentes. Han demostrado perentoriamente la supervivencia por una cantidad prodigiosa de comunicaciones fuera de los conocimientos de todos los experimentadores1.

1 Aksakoff, Animisme et Spiritisme tercera parte. Véanse todos los géneros de pruebas que se poseen relativos a las manifestaciones. Consúltese también la obra Le phénoméne spirite y Les recherches sur la médiumnité.

Han establecido su identidad por su firma auténtica; por relatos que sólo ellos podían conocer; por predicciones concernientes al porvenir, las cuales se han cumplido al pie de la letra; en una palabra, la inmortalidad ha sido probada científicamente. Este es, ciertamente, el más importante y más fecundo descubrimiento del siglo XIX. Llegar a conocimientos positivos acerca del más allá de la muerte, es revolucionar a la Humanidad entera, dando a la moral una base científica y un aspecto natural fuera de todo credo dogmático y arbitrario. Es indudable que cuando estas consoladoras certezas hayan penetrado en las masas, la Humanidad no cambiará bruscamente, no se volverá súbitamente mejor; pero poseerá la más poderosa palanca que existe para levantar el montón de errores acumulados por ella en seis mil años.

Sus instituciones podrán hablar con más autoridad de los deberes que incumben a todo hombre que encarna en la Tierra. Expondrán ante los ojos de los más recalcitrantes los destinos futuros, y esta vida de ultratumba, en la cual la mayoría no creía, resultará tan evidente como la claridad del sol. Entonces se comprenderá que la morada terrestre no es más que una etapa en los destinos del hombre; que hay algo más útil que la satisfacción de apetitos materiales, y que le es preciso al hombre llegar a refrenar sus pasiones y domar sus vicios. He aquí los beneficios ciertos que el Espiritismo lleva en sus enseñanzas. ¡Doctrina bendita y emancipadora, ojalá pueda tu irradiación extenderse pronto sobre la Tierra toda para traer la certeza a que dudan, calmar los dolores de los corazones torturados por lo partida de seres amados con ternura, y dar a los que luchan contra las desesperanzas de la vida, el valor de vencer las duras necesidades de este mundo aún tan bárbaro!

Gabriel Delanne

Extraído del libro «El alma es inmortal»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.