Individualismo

DivaldoLa inmadurez psicológica no ofrece sinergia para las luchas con efectivo espíritu de competitividad y de realización. Porque en un estado mediocre de evolución, el hombre busca sobresalirse, creando mecanismos de individualismo y utilizándose de superados métodos de combate a los otros antes que de auto-liberación. Para destacarse, en tal coyuntura, usa a los otros, a través de artificios del ego para conseguir sus objetivos que, no sintiéndose pleno, prosiguen conflictivos, o recorre a la vieja conducta de dividir para dominar, acumulando fracasos reales que son como si fueran realizaciones ventajosas.

La valorización de sí mismo concientiza al ser en cuanto a la necesidad de buen tránsito en el grupo social, y de su importancia en lo mismo. Célula valiosa del conjunto debe encontrarse en armonía, a fin de generar un órgano sano que se promoverá ampliando el círculo a través de nuevos miembros, de esa forma alcanzando toda la sociedad.

La vida se expresa en un todo, en un colectivo equilibrado que, incluso presentándose en una estructura general, no anula al individuo, no lo impide desarrollarse, agigantarse. Eso pues, no lo lleva, necesariamente, al individualismo, que es conducta impuesta por el ego conflictivo. Cuando tal cosa ocurre, las carencias afectivas se presentan transformadas en ambiciones que atormentan en cuanto parecen satisfacer; el individuo da muestras de auto-realización que mal disfraza la soledad y la insatisfacción intima que se encuentran pulsantes en el íntimo.

Es probable que, en ese contexto, el hemisferio izquierdo de su cerebro – racional, analítico, matemático, lógico, casuístico – ignore el poder del derecho – intuición, imaginación, transcendencia, pensamiento holístico, artístico -, condenándolo a vivir bajo la imposición de fórmulas, de teorías, de conceptos preestablecidos, de decisiones hechas, de reglamentos rígidos, aparentando no sentir necesidad de lo emocional y artístico, de lo divino y metafísico. En ese afán de ser lógico e individualista, se impone, sin darse cuenta, a los propios límites, y, por temor de aventurarse en el grupo social, integrándose y explorando posibilidades que podrán resultar en el progreso general, se debilita emocionalmente, volviéndose rudo, amargo, ingrato para con la vida, aunque proyecte imagen diferente de sí.

Perdiendo el contacto con la intuición, la simplicidad, el sentido común, se aísla, y pasa a ver el mundo y a las demás personas por medio de una óptica distorsionada, que le quita la claridad del discernimiento y le proporciona la identificación de contenidos y contornos, fronteras e intimidades. Estableciendo objetivos que agradan al ego, aumentan más los conflictos internos, por falta de valor para identificar los propios errores y los miedos que no combate.

El individualismo es recurso de fuga de las propuestas de la vida, desvío de ruta psicológica, porque avanza holística y socialmente para el todo, para el conjunto que no se puede desagregar bajo la pena de no sobrevivir.

Todo individualista se impone, usando a los demás, y se convierte en un títere de sí mismo y de los otros, o sucumbe en las sombras espectaculares del trastorno íntimo que huye para la locura o el suicidio. Los objetivos no conflictivos de la vida, son conseguidos por el individuo que los reparte con su grupo social, en el cual sustenta los ideales, absorbiendo ahí sinergias para proseguir luchando y venciendo, de forma saludable y equilibrada, sin proyecciones ni imágenes irreales.

Espíritu Joanna Ângelis

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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