Primeros instantes de un muerto

espirituEn el horario reservado a la instrucción, en la noche del 14 de julio de 1955, nuestro conjunto recogió un expresivo mensaje del hermano G., insertado en este capítulo, en que nos informa sobre sus primeros instantes en la Vida Espiritual. Nos cabe esclarecer que el comunicante, político y administrador de méritos indiscutibles, recientemente desencarnado, estuvo antes en nuestra casa de oraciones, bajo la custodia de los amigos espirituales que le amparaban la recuperación necesaria y justa. Se mostraba, entonces, enfermizo e indispuesto, pero en un breve tiempo, equilibrado y fortalecido, regresó a nuestro templo, donde nos aportó las valiosas impresiones que pasamos a transcribir.

Amigos:

Recordando aquel rico de la parábola evangélica que no obtuvo permiso para volver al círculo doméstico, después de la muerte, comprendo hoy perfectamente lo justo de la prohibición que le frustró el propósito, porque, sin sombra de dudas, nadie en el mundo le daría crédito a la palabra. La experiencia social en la Tierra vive tan distraída en los juegos de máscara, que la visita de la verdad sin mezcla, a cualquier agrupación humana, durante mucho tiempo aún será francamente inoportuna.

Hablando así a vuestro mundo afectivo, no nutro el menor interés en romper la cadena de engaños a que se aprisionan mis antiguos lazos del corazón. Profundamente transformado, después de la gran travesía, en que el túmulo es el marco de nuestro retorno a la realidad, me dirijo particularmente a vosotros, navegantes de la fe en el océano de la vida, para destacar la necesidad de valorización del tiempo en los cortos días de nuestra permanencia en el cuerpo. Para ejemplo, recurro a mi caso, ya que, por el concurso fraterno, os ligasteis al proceso de mi renovación. Como sabéis, como ocurre al árbol enfermo, que cae a los primeros toques del leñador, caí también, de imprevisto, al primer golpe de la Muerte.

Industrial, administrador y hombre público, con actividad intensa e incesante, no admitía que el sepulcro me llamase tan apresuradamente a la meditación. La angina, sin embargo, me esperaba, vigilante, y me fulminó sin que pudiese luchar. Recuerdo haber sido echado a una especie de sueño que me no me quitaba la conciencia y la lucidez, aunque me aniquilase los movimientos. Incapaz de hablar, oí los gritos de los míos y sentí que manos amigas me tocaban el pecho, intentando en balde restituirme la respiración. No puedo precisar cuántos minutos gasté en el vértigo que me tomó de asalto, hasta que, en mi aflicción por despertar, noté que la forma inerte me retomaba a si, que mi alma aturdida regresaba al cuerpo pesado; sin embargo, una espesa cortina de sombra parecía interponerse ahora, entre mis afectos y mi palabra resonante, que nadie atendía…

Inexplicablemente asombrado, en vano pedía socorro, y acabé por resignarme a la idea de que estaba siendo víctima de una extraña pesadilla, lista para terminar. Aun así, me asustaba la ausencia de vitalidad y calor a que me veía sentenciado. Después de algunos minutos de pavoroso conflicto, que la palabra terrestre no consigue determinar, tuve la impresión de que me aplicaban sacos de hielo en los pies. Por más que gritase contra semejante medicación, el frío me alcanzaba todo el cuerpo, hasta que no pude más… Aquello valía como expulsión en toda regla.

Intenté liberarme y me vi fuera del lecho, leve y ágil, pensando, oyendo y viendo… Con todo, buscando apartarme, reparé que un hilo tenue de niebla blanquecina unía mi cabeza móvil a mi cabeza inerte. Indiscutiblemente deliraba — me decía a mí mismo —, sin embargo aquel sueño me dividía en dos personalidades distintas, no obstante guardar la noción perfecta de mi identidad. Asustado, no conseguía apartarme más de la cámara íntima, reconociendo, inquieto, que me vestían caprichosamente la estatua de carne, a enfriarse. Me dominaba un indecible recelo. Sensaciones de terror me neutralizaban el raciocinio. Incluso así, concentré mis fuerzas en la resistencia. Retomaría el cuerpo.  Lucharía por recuperarme. El deliquio inesperado tendría fin. Aun así, pasaban las horas y, no obstante estar contrariado, me vi expuesto a la visita pública.

¡Pero oh! ¡Moraleja de mi nuevo camino!… Yo, que me sentía singularmente repartido, observé que todas las personas con acceso al recinto, delante de mí, se revelaban divididas en identidad de circunstancias, porque, sin poder explicar el fenómeno, les escuchaba las palabras habladas y las palabras imaginadas. Muchas decían a mis familiares que lloraban:

— ¡Mi pésame! perdemos a un gran amigo…

Y el pensamiento les brotaba de la cabeza, alcanzándome como un fuerte rayo de fuerza eléctrica, acentuando: “No tengo pesar alguno, este hombre debería realmente morir…”

Otras se enlazaban a los amigos, y decían con la boca:

— ¡Mis sentimientos! El doctor G. murió joven, muy joven.

Y añadían, reflexionando: “¡Moriste tarde… Bellaco! dejaste una fortuna considerable… Debes haber robado excesivamente…”

Otras, aun, comentaban junto a la carcasa muerta:

— ¡Hombre honrado, hombre justo!…

Y hablaban para consigo: “¡Político ladrón y sin palabra! ¡Que la tierra te sea leve y que el infierno te proteja!…”

Me veía asaltado por una interminable proyección de espinos invisibles que me pinchaban el corazón. Torturado de vergüenza, no sabía dónde esconderme. Aun así, quise protestar sobre los reproches que me parecieron fuera de lugar. Realmente no fui el hombre que debía haber sido, sin embargo, hasta allí, viví como el trabajador interesado en desquitarse de sus compromisos. ¿No sería una falta de caridad atacarme, así, estando plenamente inhabilitado a cualquier defensa?

Durante mucho tiempo, duraba la turbación, hasta que encontré algún alivio… Muchos niños de las escuelas, que tanto desearía haber ayudado, oraban ahora junto a mí. Viejos empleados de las empresas en las que transité, y de cuya existencia no le di mayor interés, venían a traerme respetuosamente, con lágrimas en los ojos, la oración y el cariño con sincera emoción. Antiguos funcionarios, fatigados y humildes, a los cuales estimé mucho, me ofrecían pensamientos de amor. Algunos pocos amigos me envolvieron en pensamientos de paz. Me tranquilicé resignado. Un dulce bálsamo de reconocimiento me calmó la aflicción y pude llorar, en fin… Con el llanto, conseguí encomendarme a la Bondad Infinita de Dios, respirando consuelo y apaciguamiento.

Humillado, aguardé paciente las sorpresas de la nueva situación. Estaba innegablemente muerto y vivo. La capilla ardiente no ofrecía ninguna duda. Tenía dolorosas informaciones, cuando, en un momento dado, me arrebataron el cuerpo. Me encontraba libre para pensar, pero preso a los duros despojos por el extraño cordón que no podía comprender y, por ello, acompañe el cortejo triste, cauteloso e sin sentido. No valían ahora el cariño sincero y la devoción afectiva con que muchos brazos amigos me acariciaban el ataúd…

El vecindario del cementerio abalaba la escasa confianza que pasé a tener en mí mismo. El gran portón abierto, la contemplación de los túmulos a la entrada y la multitud que me seguía, compacta, me hacían horrorizar. Intenté apoyarme en viejos compañeros de ideal y de lucha, pero el ambiente repleto de palabras vacías y oraciones paganas como que me acentuaba la aflicción y el desespero. Sentí debilitarme. Clamé en balde socorro, hasta que, con los primeros puñados de tierra tirados sobre el féretro, caí en la sepultura acogedora, sin ninguna noción de mí mismo. Se acabó el conflicto. Ahora todo era letargo, abatimiento, consumición…

Durante varios días reposé, hasta que, con la claridad de la verdad, reconocí que las tareas del industrial y político habían llegado a su fin. A pesar de ello, sin embargo, la certeza de que la vida que no muere me levantó la esperanza. Surgieron antiguos afectos, amparándome la nueva lucha y, de ese modo, volvió la condición del servidor anónimo el hombre que tal vez indebidamente se elevó en el mundo a los puestos de directiva. Y así que, visitándoos, debo estimularos al culto de los valores claros y seguros. Instalar la felicidad en el propio espíritu, a través de la felicidad que pudimos edificar para los demás, es la única forma de encontrar la verdadera felicidad.

Tengo hoy la convicción de que los patrimonios financieros apenas agravan las responsabilidades del alma encarnada, y la política, actualmente, para mí se asemeja a la tina de agua que agitamos con esfuerzo constante para ver siempre la misma, en trueque apenas del cansancio que nos impone.

Todos los aparatos de la experiencia humana son sombras moviéndose en las telas pasajeras de la vida. Sólo el bien permanece. Sólo el bien que idealizamos y plasmamos es la luz que queda. Así, pues, buscando el bien, roguemos a Dios que nos esclarezca y nos bendiga.

G.

Libro: Vozes do Grande Além – Mensajes Psicofónicos de Varios Espíritus, Recibidos en el Grupo Meimei Francisco Cándido Xavier, por Espíritus Diversos, Organizado por Arnaldo Rocha FEB – Federación Espírita Brasileña Traducción: Johnny M. Moix

2 comentarios en “Primeros instantes de un muerto”

  1. Buenos días,
    Quiero agradecer a las personas que administran esta página. Desde casi mi adolescencia he tenido algo de relación con el espiritismo por parte de mi familia paterna. Sin embargo, por influencia materna la religión católica siempre se impuso y el espiritismo por alguna época lo empecé a ver como algo “diabólico”. No obstante, siempre estaba ahí la doctrina…rondando en mi cabeza….Desde que encontré la página de luz espiritual me sentí motivada a dejar los miedos y a tratar de entender mejor el mensaje espirita. Y hoy en día con más de 40 años, lamento no haberlo hecho antes…
    Siento que me ha hecho bien, que me convence, que me motiva para tratar de ser mejor persona, que tiene sentido que la vida no sea solo la terrenal……Sin embargo, debo decir que últimamente también me asusta…..
    Algunos de los escritos, son francamente aterrorizadores……por ejemplo recientemente he leído el texto de Obreros de la luz, y da pánico las descripciones de las almas en esos paisajes que no son otra cosa que un purgatorio, rodeados de seres monstruosos y con la llegada del fuego devorador de los desintegradores etéricos….
    Qué tal bueno, qué tan perfecto hay que ser en la vida terrena, para no pasar por ahí?…..que Dios se compadezca de nosotros.….

    Responder
    • Gracias por dejar tu comentario, y gracias por visitar nuestra pagina. Antes de todo, decirte que nos alegra que nunca hayas dejado del todo la doctrina espirita, aunque el catolicismo haya substituido parte de lo aprendido, pero nunca es tarde para volver a estudiar y aprender. También es importante no temer nada, porque no hay nada que temer, esos miedos son solamente un pensamiento que tenemos nosotros, pero que no es real, porque en el mundo espiritual, todo es amor, pues depende de nosotros, si cultivamos el bien tendremos el bien, si cultivamos el mal, tendremos el mal, pero el mal solo por un tiempo, no es para siempre, hasta que cambiemos nuestra forma de obrar, pues Dios siempre da oportunidad para cambiar de camino.

      Referente al libro Obreros de la luz, no debes tomártelo como algo espantoso, pues no es así, son personas que cometieron un delito y un mal a otros, es simplemente la reacción de un mal cometido, solo eso, incluso por muy malos que seamos siempre tendremos a oportunidad de reparar cualquier mal, siempre. La Doctrina Espirita nos enseña que siempre podemos cambiar de rumbo para el bien, el problema es cuando no queremos, por orgullo, cambiar de rumbo y seguimos haciendo el mal, entonces sufrimos, pero en cuanto queremos rectificar, Dios nos da oportunidades para corregir nuestro error. La religión católica, nos enseña en infierno eterno, la doctrina espirita nos enseña un Dios de amor, y si hacemos el mal, sufriremos sin duda, pero también recibiremos amor del Padre si queremos reparar el mal que hicimos.

      Nuestro Padre solo quiere que seamos buenos, tal y como nos lo enseñó el Maestro Jesús, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. No hagas nada que no te gustaría que te hicieran, solo esto, algo tan sencillo, como esto. Es simple, y aunque hayamos hecho el mal, aun así, solo cambiar y esforzarse para el bien, y el amar del Padre siempre nos llegará.

      En el Plano Espiritual, hay amor, mucho amor, no hay otra cosa que eso, solo tenemos que aprender a ser parte de ese amor, solo eso, y nuestro vida será más fácil y mejor, pues el amor reina en todo lugar, porque Dios es amor.

      Querida amiga, la vida es bien fácil, Dios está siempre a nuestro lado, sigamos las lecciones de Jesús, pues él nos enseño un Dios de amor y cariño, solo tenemos que esforzarnos un poco y cada dia seremos más buenos y mejores.

      Un abrazo y que Dios te bendiga.

      Responder

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.