En el campo

Amalia¡Qué bien me encuentro aquí! De mi existencia, de mi lucha tenaz cesa el estrago; y duerme mi cansada inteligencia sintiendo dulce y bienhechor halago.

¡Todo me encanta aquí! Purpúreas flores, verde follaje en la enramada umbría, y en el canto de los prados ruiseñores que no tiene rival su melodía!

¡Quién pudiera vivir con este sueño dulce, apacible, lánguido, tranquilo, sin la lucha tenaz y el rudo empeño por tener en la Tierra un pobre asilo! ¡Luchar por la existencia!

¡Dar la vida por la vida de afanes y de abrojos! Trabajar con angustia sin medida sembrando amor… y recogiendo enojos…

“¿Y crees que se progresa en dulce calma?” (esta pregunta resonó en mi oído) “Hay que alcanzar la victoriosa palma después de combatir y haber vencido”

No niego del combate la victoria; ¡Pero, cuando es muy ruda la pelea, qué amargos son los lauros de la gloria!… ¡Qué sin sazón los frutos de la idea!…

“Pues hay que sazonarlos, es preciso” (me repite la voz con energía). “Hay que abrir el cerrado paraíso haciendo de la noche claro día” “Da un adiós al paraje delicioso donde cantan los pardos ruiseñores, donde hallaste dulcísimo reposo mirando bellas y purpúreas flores” “Y vuélvete al lugar donde te espera tu trabajo, tu lucha y tu progreso; tienes que conquistar mejor esfera luchando con el torpe retroceso.”

“Aún no es tiempo, no puedes por ahora reposar en el bosque entre las flores; ¡De nada sirve adelantar la hora huyendo de terribles sinsabores!” “Si éstos te pertenecen, si son tuyos, tus huellas seguirán por donde vayas; y oirás rugidos en lugar de arrullos y a tu paso hallarás fuertes murallas.”

“¿Por qué te asusta el tiempo? No lo midas; si no tiene medida, ¡Si es eterno!… ¿Qué son las ascensiones? ¿Las caídas? ¿Qué es la gloria y las sombras del averno?” “No cuentes no, las horas ni los días, ni los años de lucha sobrehumana; ¿Qué son las terrenales agonías ante el progreso eterno del mañana?”

“Vuelve a tu hogar tranquila, recordando el canto de los pardos ruiseñores, y a tu agitada mente contemplando bello plantel de purpúreas flores.” “Ha sido ese momento de reposo el premio de tu afán y tu desvelo; es feliz quien merece ser dichoso: tú sola puedes conquistar un cielo.”

“Adiós Amalia; un ser que te ha querido es quien te da gozoso esos consejos; acuérdate de mí que no te olvido, y que velo por ti desde muy lejos”

¡Que grato es para el alma dolorida, escuchar una frase de consuelo!

¡Hay alguien que me quiere y no me olvida!… yo lucharé por conquistar un cielo.

Extraído del libro ” La luz de la verdad”
Amalia Domingo Soler

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