El Médico Jesús

bezerrademenezesRecorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Jesús. (Mateo, 9- 35)

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Jesús. (Juan, 15-7)

Hijos de mi corazón.

Que el Señor Jesús bendiga esta oportunidad bendita de integración espiritual con nuestros hermanos encarnados. Aquí comparezco en las páginas de esta modesta obra, con el único propósito de manifestar los esfuerzos que los Guías Espirituales han hecho a favor de la preservación de la salud de todos aquellos que aun trabajan en la experiencia física.

Cuando os entregáis al sueño, vuestros guías tutelares entran en acción más directa trayéndoos a las esferas de nuestro plano, para la restauración de las fuerzas físicas debilitadas, por las continuas y extenuantes agitaciones de la vida moderna. Son realizadas cirugías en vuestros cuerpos espirituales, apartando futuros obstáculos que más tarde se manifestarían en el cuerpo físico en forma de distonías varias, impidiendo el desempeño de vuestras tareas reencarnatórias.

Recargas energéticas son procedidas por técnicos de nuestro plano cuando vuestras energías entran en el eclipse de las convulsiones emocionales más densas, todas ellas procedidas por las represiones de los resentimientos y de las pasiones.

Es una que nuestros hermanos se desvinculen temporalmente del cuerpo en precarias condiciones espirituales, pues muchos ni siquiera abren los labios para una oración de gratitud a Dios antes de recogerse a sus habitaciones.

Tal vez alguien desconfíe de tanta misericordia para los deslices humanos, no obstante, puedo aseguraros que el Amor de Dios es inconmensurablemente mayor que todos nuestros desatinos. No fuese la eterna e inagotable complacencia del Padre, no soportaríamos el peso implacable de la ley de causa y efecto.

Vuestros ángeles de la guarda también se encargan de los cuidados diarios para que la comida que os llega a la mesa este provista de recursos espirituales necesarios al desempeño de vuestras tareas, retirando, tanto como sea posible, las influencias deletéreas nacidas del descuido mental y de la falta de higiene verbal en la hora de la comida.

Antes incluso de levantaros, vuestros guías aplican recursos espirituales para el equilibrio de la maquina física, aunque lamenten, posteriormente, que esos recursos vengan a perderse por el mal humor, por la apatía y por la rebeldía, que toman cuenta de muchos de nuestros hijos al levantarse.

En el transcurso del día, incluso que, con muchas dificultades de acceso a vuestras mentes conturbadas e inquietas, muchos familiares queridos, que se encuentran domiciliados en nuestro plano y que aun sienten infinito amor por sus entes amados que permanecen en la experiencia física, os cubren de cariño espiritual y no se cansan de orientaros en la senda del amor, de la paciencia con las adversidades, del optimismo en relación al futuro, y del trabajo santificante de amor al prójimo, bases en que se asientan nuestra salud espiritual. De nuestra parte, un simple gemido de dolor aun nos oprime el corazón y por eso siempre solicitamos a Jesús que nos permita atender, en su Nombre, a los que pasan por el caudal de los sufrimientos.

Todo eso, hijos míos, diciéndolo, no para cobraros tributos de gratitud de la pequeña asistencia que nos es posible prestar, pues nosotros también aun nos sentimos enfermos ante aquel que es la suprema bondad, el supremo amor de nuestras existencias, el inolvidable Maestro de Galilea. Decimos esto para demostrar cuanto es Jesús nuestro ayuda incesante. Toda cura que se realiza en el planeta es obra y milagro del amor de Jesús. Por eso, nos gustaría aprovechar la oportunidad para, humildemente, reiterar a nuestros hijos del alma, los llamamientos de que jamás olvidemos de consultar al médico Jesús en nuestras dificultades en el campo de la salud y de la armonía intima.

Si buscamos la paz, Jesús es la fuente inagotable.

Si nos encontramos perdidos, Jesús es el camino de puertas abiertas.

Si estuviéramos afligidos, Jesús es la consolación para ahora.

Si la tristeza nos visita, Jesús es la esperanza de un nuevo mañana.

Si la enfermedad nos golpea, Jesús es el remedio accesible a todos los corazones.

Hijos míos, no busquéis a Jesús solo para la cura de vuestras desarmonías físicas, buscadlo también como médico sublime de vuestras almas, pues en toda enfermedad física lo que encontraremos siempre es un espíritu enfermo necesitado de amor.

Jesús continúa siendo nuestro divino médico, recetando el amor para la solución de nuestros dolores, pues solamente el amor es el remedio capaz de enfrentar la enfermedad del egoísmo para bien lejos de nuestro camino.

Que las bendiciones del Cristo a favor de la salud encuentren nuestro corazón sintonizando en las frecuencias del amor. Este sencillo libro es una herramienta útil para nuestro encuentro con el Médico Jesús.

Augurando sinceramente nuestra cura integral me despido, con cariño paternal, en el abrazo amigo del servido de siempre.

Bezerra.

Página recibida por José Carlos De Lucca, en la reunión intima de oraciones en el Culto del Evangelio en el Hogar.

Extraído del libro «El Médico Jesús»
Jose Carlos de Lucca
Traducido por Jacob

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