Fluidos materiales y fluidos espirituales

Emmanuel-1º – ¿Serán los fluidos corrientes de electrones?

2º – ¿Serán esas corrientes de dos naturalezas – una para actuar sobre la materia y otra sobre el Espíritu preso a esa materia?

3º – ¿La corriente espiritual será formada por las ondas electrónicas?

4º – El electrón de la corriente espiritual será el mismo que de la corriente material?

1º – La ciencia terrestre clasifica al electrón como la última unidad de materia, de carga eléctrica negativa. En el mundo de lo Infinitesimal, pues, tenemos un camino ilimitado y progresivo a recorrer.

El hombre, delante de la incapacidad de su estructura y delante de su zona sensorial limitada, no consigue ver más allá, en el laberinto de secretos del microcosmo y, para que nos hagámonos entender, no podemos estar de acuerdo con vosotros en que los fluidos, de un modo general, sean corrientes de electrones, aun incluso considerándose la necesidad de representar, con esa unidad, una base para vuestra posibilidad de comprensión y de análisis, porque los electrones son aun expresiones de materia en estado de menor densidad.

2º, 3º y 4° – Aunque sintéticas, por su construcción fraseológica, esas proposiciones son bastante complejas en sí mismas. Las corrientes de fluidos espirituales tienen su organización particular y están aptas para determinar la transformación de las corrientes de fuerza material, en cualquier circunstancia. Sería aconsejable nunca confundir las ondas electrónicas con los fluidos de naturaleza espiritual.

La materia, alcanzando sublimidades de quintaesencia, casi se confunde en el plano puro del espíritu, constituyendo tarea difícil para el electromagnetismo afirmar donde termina una y donde empieza la otra. Aun hoy, los científicos, investigando la naturaleza de la radioactividad en todos los cuerpos de materia viva, preguntan ansiosos cual es la fuente permanente e inagotable donde los cuerpos absorben, incesantemente y automáticamente, los elementos necesarios para esa duradera e inextinguible irradiación.

En lo que se refiere a las ondas electrónicas o a los elementos radioactivos de la materia en sí misma, esa fuente reside, sin duda, en la energía solar, que vitaliza todo el organismo planetario. El planeta tierra es un gran magneto, gobernado por las fuerzas positivas del Sol.

Toda materia tangible representa una condensación de energía de esas fuerzas sobre el planeta y esa condensación se verifica debajo de la influencia organizadora del principio espiritual, preexistiendo a todas las combinaciones químicas y moleculares. Es el alma de las cosas y de los seres el elemento que influye en el problema de las formas, según la posición evolutiva de cada unidad individual.

Todas las corrientes electrónicas, por tanto, u ondas de materia escasa, son elementos subordinados a las corrientes de fluidos o vibraciones espirituales; aquellas son los instrumentos pasivos, estas las fuerzas activas y renovadoras del Universo. Los cuerpos terrestres encuentran en el Sol la fuente mantenedora de sus substancias radioactivas, pero todas esas corrientes de energía son inconscientes y pasivas.

Los Espíritus, a su vez, encuentran en Dios la fuente suprema de todas sus fuerzas, en constante evolución, en el drama dinámico de los sistemas. Las corrientes fluídicas en el mundo espiritual son, pues, vibraciones del alma consciente, dentro de su gloriosa inmortalidad.

Concluimos, así, que hay fluidos materiales y fluidos espirituales; que los primeros son elementos inconscientes y pasivos y los últimos la fuerza eterna y transformadora de los mundos, resaltando que una sola ley rige la vida, en su identidad sustancial. En las ondas electrónicas, hijas de la energía solar, se le llama afinidad, magnetismo, atracción, y, en las corrientes de fluidos espirituales, hijas del alma, partícula divina, se le llama misericordia, simpatía, piedad y amor. En esa ley única, que une la Creación a su Creador y de la cual estudiamos los fenómenos aislados, se desarrolla el drama de la evolución del espíritu inmortal.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Emmanuel”
Traducido por Jacob

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