Efectos físicos producidos por una aparición

delanneEl Dr. Britten, en su libro Man and his relations, cita el caso siguiente: Un tal M. Wilson, residente en Toronto (Canadá), se duerme sobre su mesa de despacho y sueña que se encuentra en Hamilton, ciudad situada a cuarenta millas inglesas al oeste de Toronto. Hace sus habituales menesteres, y luego va a llamar a la casa de una amiga, Mme. D. Una criada le abre la puerta y le anuncia que su amiga ha salido; entra, sin embargo, bebe un vaso de agua, y después sale, encargando a la criada que ofrezca sus respetos a la Sra., luego M. Wilson se despierta; ha dormido cuarenta minutos. Algunos días más tarde, Mme. G., habitante de Toronto, recibe una carta de Mme. D, de Hamilton, en la que ésta refería que M. Wilson había estado en su casa, había bebido un vaso de agua y después había partido sin volver a pasar, lo que la había contrariado, pues deseaba vivamente verle. M. Wilson afirma no haber estado en Hamilton desde hace un mes; pero pensando en su sueño, ruega a Mme. G. que escriba a Mme. D. para rogarle que no hable del incidente a los criados, a fin de saber si por casualidad le reconocerían.

Va a Hamilton con algunos camaradas, y todos juntos se presentan en casa de Mme. D. Dos criadas reconocieron a M. Wilson como la persona que había venido, había llamado a la puerta, bebido un vaso de agua y transmitido cumplimientos a Mme. D. Este caso nos habla de un viaje realizado por el alma durante el sueño, con recuerdo, al despertar, de los acontecimientos sobrevenidos durante el desprendimiento. El doble es tan material que llama y bebe un vaso de agua; es visto y reconocido por extraños. Está claro que no se trata aquí de telepatía; es una bicorporeidad completa; y la aparición que anda, conversa y bebe un vaso de agua, no puede ser una imagen mental: es una verdadera materialización del alma de un ser vivo.

Algunas observaciones

Entre los casos excesivamente numerosos (que la exigüidad de nuestro cuadro no nos ha permitido reproducir) referidos por los autores ingleses, hemos escogido aquellos que ponen en evidencia la objetividad del fantasma viviente; si algunas veces se puede admitir como causa del fenómeno la alucinación, está fuera de duda que en su mayor número no se pueden comprender más que admitiendo la bicorporeidad del ser humano. Si se supone que los diferentes hechos que acabamos de enumerar son debidos a la alucinación, vamos a hacer dos observaciones que son muy importantes. Para que el cerebro del sujeto sea impresionado fuera de las condiciones habituales, es preciso que el agente ejerza a distancia una acción de una naturaleza especial que no puede asimilarse a ninguna otra conocida. Primeramente la distancia no afecta al fenómeno, a pesar de que el agente esté en Melbourne y el sujeto en Londres la aparición tiene lugar, pues la forma de energía que transmite el pensamiento no tiene nada en común con las ondas luminosas, sonoras o caloríficas y la propaga en el espacio sin debilitarse y sin conductor material. Además, esta energía no se refracta en el camino, atraviesa todos los obstáculos hasta alcanzar el objeto que le ha sido designado. Sabemos hoy día que la electricidad puede afectar la forma ondulatoria y propagarse sin conductor material.

Se podría, pues, admitir que existe una asimilación entre la telegrafía sin hilos y los fenómenos telepáticos. Es evidente que si no hubiese más que una simple transmisión de sensaciones, se podría comparar el fluido que sirve para transmitir el pensamiento al fluido eléctrico, y el cerebro del su jeto vidente a un receptor telegráfico. Pero el fenómeno es mucho más complejo. Si se reflexiona que el agente no ha puesto su voluntad en hacerse ver, es difícil creer que sea el pensamiento solamente el que tenga, sin saberlo, este singular poder. Si se tiene en cuenta que la imagen está suficientemente materializada para abrir o cerrar una puerta, dar besos, tener en la mano un libro de rezos, conversar, etc., hay que admitir que hay algo más en estos hechos que una simple impresión mental del sujeto. Concebimos mejor un desdoblamiento del agente cuyo recuerdo no es conservado por él al volver a la vida corriente. Entonces es el alma del propio agente la que se muestra; la que se mueve en el espacio, como hacen los espíritus desencarnados.

Es precisamente porque el alma ha salido del cuerpo (está es la causa del fenómeno), por lo que la memoria de ese éxodo no es generalmente conservada, pues el cerebro del agente no ha sido impresionado por los acontecimientos sobrevenidos sin su participación. Para que el recuerdo viniese, sería preciso poner al agente en estado sonambúlico; es decir, en un estado análogo al que se encontraba cuando el desdoblamiento tuvo lugar. Reuniendo los caracteres diversos, propios de cada una de esas apariciones, podemos formular una serie de signos generales que nos instruyan sobre esas manifestaciones, tan poco conocidas, de la actividad psíquica. Durante la vida, el alma está unida íntimamente al cuerpo, y no se separa completamente de él hasta la muerte; pero bajo la acción de diversas influencias (sueño natural, sueño provocado, perturbaciones patológicas, una fuerte emoción), le es posible, al alma, exteriorizarse lo bastante para transportarse casi instantemente a un lugar determinado; llegar a él y hacerse visible de manera que sea reconocida. Hemos visto dos ejemplos de este género de acción: el del prometido de Mme. Randolph Lichfield y el del joven marino. El recuerdo de las cosas percibidas en este estado, puede ser conservado a veces, como ha ocurrido en cuanto al reverendo Newnham, el joven grabador y Varley: para eso es preciso que la impresión sentida sea muy viva.

Es posible también que subsistan a veces algunas vagas reminiscencias, pero en general al despertar no hay conciencia alguna de lo que ha ocurrido. Esta laguna de la vida mental es asimilable al olvido para los sonámbulos de lo que ha pasado durante su sueño magnético. En otra obra hemos dado la explicación.(1) Puede ocurrir también que el desdoblamiento se produzca sin la persona que es objeto de él, lo haya deseado; éste es el caso de aquella señora que se ha dejado ver tres veces diferentes; su estado enfermizo permite suponer que estando el alma menos fuertemente retenida a su cuerpo, ha podido desprenderse de él fácilmente; es una posibilidad bastante frecuente para ser señalada. He aquí algunos ejemplos: Leuret refiere(2) que un hombre convaleciente de una fiebre, se creía formado por dos individuos, de los cuales uno estaba en cama, mientras el otro se paseaba. Aunque no tuviese apetito, comía mucho, pues decía que tenía dos cuerpos que nutrir. Habiendo sido Pariset afectado en su adolescencia de tifus epidémico, permaneció varios días en un anonadamiento vecino a la muerte. Una mañana le despertó un sentimiento muy distinto sobre él mismo; pensó que aquello era, como una resurrección; pero, cosa maravillosa, en aquel momento tenía dos cuerpos, o al menos creía tenerlos, y estos dos cuerpos le parecían acostados en lechos diferentes. Cuando su alma estaba presente en uno de aquellos cuerpos, se sentía curado y disfrutaba de un reposo delicioso; en el otro cuerpo el alma sufría, y se decía: “¿Cómo estoy tan bien en una cama y tan mal, tan anonadado en la otra?” Este pensamiento le preocupó largo tiempo, y aquel hombre sagaz en el análisis psicológico, me ha referido varias veces los detalles de las impresiones que experimentó entonces. (3)

1 Véase La Evolución anímica.
2 Leuret, Fragments psychologiques sur le folie.
3 Gratiolet, La Evolución anímica.Anatomie comparée du Systéme nerveux, t. II.
4 Cahagnet, La Lumière des Morts.

Cahagnet, el célebre magnetizador, hace también el relato siguiente (4): “He conocido a varias personas que han experimentado esos desdoblamientos, que, por demás, son muy frecuentes en estado de enfermedad. El venerable sacerdote Merice me ha asegurado que en una fiebre muy fuerte que tuvo, se vio durante varios días separado de su cuerpo, que veía acostado cerca de él, y por el cual se interesaba como por un amigo. Dicho señor se palpaba y se aseguraba, por todos los medios que determinan la convicción, de que era un cuerpo ponderable, aunque tuviese la misma convicción respecto de su cuerpo material.” Vemos, pues, de una manera general, que es preciso que para que el alma pueda desprenderse, el cuerpo ha de estar sumido en el sueño, o que los lazos que normalmente la unen a él sean distendidos por una emoción fuerte o por una enfermedad. Las prácticas magnéticas o los anestésicos producen a veces el mismo resultado(1) Esta necesidad del sueño durante el desdoblamiento, se explica, en primer lugar, por el hecho de que el alma no puede estar simultáneamente en dos lugares diferentes; en seguida puede comprenderse, por la gran ley filosófica del balanceo de los órganos, que todo desarrollo anormal de una parte del cuerpo se hace sentir en detrimento de los otros. Si la casi totalidad de la energía nerviosa es empleada en producir en el exterior del ser una manifestación visible, el cuerpo, durante aquel tiempo, está reducido a la vida vegetativa y orgánica; las funciones de relación son temporalmente suspendidas. Hasta se puede, en ciertos casos estable, una relación directa entre el grado de la acción periespiritual y el estado de postración del cuerpo.

La mayor o menor tangibilidad del fantasma está ligada de una manera íntima al grado de energía moral del individuo, a la atención de su espíritu hacia un objeto determinado, a su edad, a su constitución física y, sin duda, a condiciones del medio exterior, que, por consiguiente, será preciso determinar. En todos los ejemplos citados más arriba, la forma visible del alma es la copia absoluta del cuerpo terrestre; hay identidad completa entre una persona y su doble, y se puede afirmar que esta semejanza no se limita a reproducir los contornos exteriores del ser material, sino que prosigue hasta en la intimidad de su estructura periespiritual, dicho de otro modo, los órganos del ser humano tienen su reproducción fluídica.(2)

1 Gabriel Delanne, Le Spiritisme devant le Science.
2 Dassier, L’Huinanité posthume.

Véanse los numerosos ejemplares en que el espíritu del viviente habla, como, bebe y manifiesta su fuerza física en gran número de circunstancias. Hemos observado en el relato concerniente al joven marino, que la aparición habla, lo que supone que tiene un órgano para producir la palabra, y una fuerza interior que pone este aparato en movimiento. La máquina fonética es la misma que la del cuerpo, y la fuerza es sacada del organismo viviente. Veremos en el capítulo relativo a las materializaciones cómo esto puede tener lugar. Señalemos aún, como uno de los caracteres más notables, el desplazamiento casi instantáneo de la aparición. Vemos que el alma del marino, cuyo cuerpo estaba en Australia, se manifiesta a su hermana en Inglaterra. En todos los relatos, la aparición viaja con una rapidez vertiginosa; se traslada, por decirlo así, instantáneamente a donde quiere ir; parece desplazarse casi tan aprisa como la electricidad. Esta considerable rapidez depende de la rarefacción de las moléculas de que está formada antes de la materialización, más o menos completa, y que origina que aparezca haciéndose visible y tangible. Terminaremos está demasiado corta exposición de los hechos, con tres casos típicos, en los que encontramos ramificados todos los caracteres que hemos comprobado aisladamente hasta ahora en las apariciones de seres vivos.

Gabriel Delanne
Extraído del libro «El alma es inmortal»

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