Consejos de «El abuelito»

abuelitosQueridos hermanos: Tengo la alegría y a la vez la satisfacción que experimenta mi alma, al ver que constantemente tenéis la misericordia y la caridad de acordaros de mí, pobre pavesa que vuela continuamente con rumbo indeciso y, en cambio, tengo seres que de mí se acuerdan.

Siempre que os ocupáis de mi alma me dais la sensación de vida que ansía mi espíritu. Me bautizasteis con el nombre siempre honorable de «El Abuelito», y al tener yo el placer innegable y la dicha latente en mi alma, no puedo por menos, hermanos en Cristo, que daros mi sincero agradecimiento, a la vez que la expresión íntima de mi alma, de mis deseos y de mis afinidades con vosotros.

Creéis, porque nombres distintos se os comunican, que «El Abuelito» no está con vosotros. Daos perfecta cuenta que en el mundo espiritual no hay privilegios, como entre vosotros. Es igual el nombre, siempre que para vuestro bien sea la comunicación y siempre que para vosotros obtenga resultados positivos de progreso y regeneración. Vais caminando, hermanos, hacia la meta de las existencia que os retienen en este planeta. Vuestra labor actual y anterior ha de lo que os habíais propuesto y de lo que os proponéis hacer. Sois como los anemoscopos y anemómetros, que miden y marcan exactamente la dirección de los vientos, y cuando un levante imprevisto os hace titubear siempre tenéis la sustentación de vuestra fe, que os pone en centro de la trayectoria en la cual os desenvolvéis con rumbo fijo y decisivo.

Un hombre es menos que un mundo; sin embargo, se puede considerar como un mundo. El mundo viaja constantemente, nunca está inerte, su obligación eterna es caminar, irradiar luz, producir sustento y dar vida a cuantos seres en él habitan. Vosotros, como pequeños mundos también debéis caminar, producir bienes, estudiar, estudiaros y lanzar de polo a polo vuestros conocimientos espirituales. Al principio por locos o alucinados, pero después surgirá la verdad absoluta de que estáis más cuerdos que ellos.

Se os da el mundo para que viváis, la luz para que veáis y para que aprendáis. No os guardéis lo que hayáis aprendido y No os desenvolváis en un círculo pequeño, que casi siempre es vicioso o inoperante; y, en cambio, dar la difusión y amplitud que esté de vuestras fuerzas, y lo mismo que los mundos, satélites y cometas describen órbitas inmensas para realizar su cometido, vosotros en verdad en círculos cada vez más amplios para que llegue al mayor posible de hermanos.

Para vosotros y para los hermanos ausentes, recibir mi mayor gratitud y mi recuerdo sincero. Y pidiendo al Todopoderoso una bendición para todos, recibir el fraternal abrazo de vuestro

«Abuelito».

Jaén 31 de diciembre de 1935

Extraído del libro «Desde La Otra Vida»

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