Declaraciones de amor

papasCierta mañana, preadolescentes en una clase de escuela primaria fueron sorprendidos por un mural muy especial en su salón de clases. En él estaban fijadas algunas frases, notas escritas a mano, firmadas por personas que ellos conocían muy bien.  Magnéticamente, cada uno que entraba iba encontrando la suya, la escritura que él identificaba, las líneas que le correspondían:

Pedro, eres un hijo maravilloso. Te amamos mucho. Tu sonrisa ilumina nuestra vida. Damos gracias a Dios porque eres nuestro hijo. Besos muy grandes. Celia y Carlos.

Cecilia, cada día te admiro más, pues eres muy amorosa, decidida e inteligente. ¡Amor! Papá.

Elena, que Jesús guíe tu camino y hagas siempre el bien al prójimo. Estaremos siempre a tu lado. Mamá y papá.

Lucas, eres muy importante para mí. Te amo. De tu padre, João Marcelo.

¡Ale, eres un gran regalo de Dios! Estoy muy orgulloso porque eres tan amable, inteligente y bondadoso. ¡Te amo mucho!

Pedro, soy muy feliz porque eres ese ser tan especial. Mi vida y la de tu padre no tendrían sentido si tú y tu hermano no existiesen. Te amo profundamente.

Beatriz, verte feliz es parte de mi felicidad. Te amo mucho. ¡Quiero ayudarte para que seas una persona cada vez mejor! Un beso. Mamá.

* * *

Se produjo un silencio diferente en la clase. Normalmente, este sería un momento de alboroto, de agitación. Pero sólo había unos pocos cuchicheos. Los jóvenes estaban emocionados, a su manera, por supuesto. No esperaban tales declaraciones de amor de sus padres, sin razón aparente. Algunas niñas, visiblemente más sensibilizadas, sentadas en sus sillas, una y otra vez volvían su mirada hacia el mural, como disfrutando de las notitas recibidas.

* * *

En días de intensa agitación, de preocupaciones de todo tipo, de poco tiempo para las muchas tareas que tenemos, no podemos olvidarnos de las declaraciones de amor. Ellas no necesitan esperar fechas especiales. Deben ocurrir cuando el corazón lo pida, lo sienta, lo recuerde. Son oportunidades que nuestro corazón nos da a lo largo del día y que, a menudo, desperdiciamos porque estamos muy ocupados… Sin embargo, las oportunidades no vuelven… Ese momento es único, nunca más será el mismo. Y nosotros tampoco seremos los mismos. Por lo tanto, no dejemos de decirle a nuestro hijo que lo amamos, que estamos agradecidos de nuestro padre, de nuestra madre, que estamos felices de tener a nuestro lado a esa o aquella persona.

¿Hasta cuándo estaremos con ella a nuestro lado, así tan cerca? No lo sabemos. No dejemos de oír las buenas intuiciones del instante. No dejemos que el dolor del arrepentimiento invada nuestra alma más tarde.

Declarémonos sin miedo, sin vergüenza. Utilicemos la creatividad. Sorprendamos. No pensemos en lo que los otros van a decir o dejar de decir. Hagamos lo que nuestro corazón pida.

Creemos a nuestro alrededor un ambiente de armonía, de buenos sentimientos, de transparencia y de intercambio. Hagamos a alguien feliz y seamos un poco más felices, nosotros mismos.

Redacción del Momento Espírita.

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