Civilización en crisis

emmanuelAlgunos modernos escritores europeos, estudiando el caos de la sociedad moderna, después de la Gran Guerra, intentaron establecer las causas profundas de la crisis de la Civilización Occidental.

El movimiento armado de 1914 – 1918 destruyó gran número de principios filosóficos que tenían reacción en la vida de las colectividades.

En sus ruinas humeantes cayeron muchas ilusiones sociales y políticas, y los pueblos, en su existencia de profundas inquietudes, iniciaron en todo el periodo “post bellum” una serie de largas experiencias.

Fase de experimentaciones

La Civilización Occidental está en crisis; los observadores y los sociólogos traen, para la gran variedad de consideraciones, el resultado de sus estudios. Algunos proclaman que toda civilización tiene la fragilidad de una vida; otros aventuran hipótesis más o menos aceptables, y algunos se inclinan para la cristianización de los espíritus.

Estos últimos están acertados en sus pareceres; sin embargo, no en el sentido de un retorno a la Edad Media, para la preponderancia de los conventos, para la diseminación de los principios católicos-romanos; pero no de organizar, de hecho, en el mundo, un espíritu cristiano sobre la base del Evangelio.

Las nuevas experiencias de Europa, en materia de política administrativa, no podrán conducirla sino a los movimientos armados, inevitables. Dentro de las vibraciones antagónicas del fascismo y del bolchevismo, formulas transitorias de actividades políticas del Viejo Mundo, todos los que hablan de decadencia del liberalismo están equivocados. Los gobiernos fuertes de la actualidad, tienen los rótulos de nacionalismo o internacionalismo, han de volverse, del circulo de sus experiencias, para las conquistas liberales del espíritu humano, caminando con esas conquistas en su senda evolutiva, progresando y avanzado para el socialismo cristiano del provenir.

En la dependencia de la guerra

Terminada la última guerra, todos los pueblos pensaron sobre la necesidad de la paz, dentro de una política regeneradora.

Agotadas y empobrecidas, las naciones europeas idealizaron tratados, conferencias e institutos que equilibrasen el continente, previniéndose contra la posibilidad de futuras destrucciones.

Se alteró la carta geográfica del mundo europeo repartiéndose colonias, se creó una literatura antibélica y se iniciaron nuevas experiencias políticas con la formación de las repúblicas soviéticas. Pero la verdad es que cada país multiplicó sus organismos de guerra; cada cual pensó en la paz, trabajando en la sombra para las luchas del porvenir. Y cuando, después de años a hilo de conversaciones diplomáticas y de citaciones de determinados artículos de supuestos estatutos de la tranquilidad colectiva, cayeron los sueños de un desarme general y disminuyeron en eficacia los procesos de Sociedad de Ginebra, el mundo vio, aterrado, aumentar los efectivos de las fuerzas armadas de todas las naciones. Se ve, más que nunca, que toda la vida del Occidente depende de la guerra. Millares de operarios tienen sus actividades puestas al servicio de la manufactura de las armas homicidas. Millares de hombres están empleados en el trabajo de militarización. Millares de personas se mueven y ganan el pan cotidiano en las industrias guerreras.

Sentencia de destrucción

La civilización está en crisis porque conoció su sentencia de destrucción. La guerra, en su mecanismo industrial, económico y político, es imprescindible e inevitable. Comunismo y fascismo, en su oposición ideológica, solo podrán acelerarla. Aún hace poco tiempo, un joven europeo exclamaba para aun americano: “¡Ay de nosotros! ¡Si nos preparamos por el estudio para la lucha de nuestras propias edificaciones! bien sabemos que el Estado exigirá, mañana, nuestras vidas. Tenemos que reír y beber para olvidar esas fatalidades irremediables”. Esa observación caracteriza, de hecho, las calamidades morales de la sociedad moderna.

La ausencia de un apoyo espiritual establece la vacilación moral de las personas. El sentimiento de los hombres requiere una base religiosa, y la transformación de casi todos los valores religiosos del Viejo Mundo, en fuerzas de política transitoria, dio causa a las fundadas inquietudes contemporáneas.

Las personas viven su tragedia de pesimismo e incredulidad, a la sombra de los gobiernos de experiencias tan penosas para las colectividades y se encaminan, con indiferencia, para la subversión y para el desorden.

El futuro pertenecerá al Evangelio

La Civilización está en crisis, lo repetimos como los observadores del mundo. Se puede apuntar como una de las causas de ese estado caótico la falta espiritual de la Iglesia Católica, negándose a cumplir las determinaciones divinas para disputar un lugar de dominación, en el banquete de los poderes temporales del mundo.

Si hubiese mantenido su posición espiritual, fortificando las almas en su largo camino evolutivo, como mediadora entre el Cielo y la Tierra, inevitables, no serían tan penosas para las generaciones del siglo XX.

La estabilidad de la Civilización Occidental, su evolución para el socialismo de Jesús, dependían de la fidelidad de la Iglesia Católica a los principios cristianos. Pero, la Iglesia se negó al cumplimiento de su grandiosa misión espiritual y el resultado lo tenemos en la desesperación de las almas humanas, frente a los problemas transcendentes de la vida.
La lucha está parada.

La Civilización en crisis, organizada para la guerra y viviendo para la guerra, ha de caer inevitablemente; pero el futuro nacerá de sus escombros, para ver el nuevo ciclo de la Humanidad, sin los extremismos anti-raciales, en la época gloriosa de la justicia económica.

No dudemos, dentro de nuestra certeza incontestable. El porvenir humano pertenece a la victoria del Evangelio.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Emmanuel”
Traducido por Jacob

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