Como perdonar

Emmanuel-En la mayoría de los casos, el imperativo del perdón surge entre nosotros y los compañeros de nuestra intimidad, cuando el jugo dulce de la confianza se vuelve agrio en nuestro corazón. Eso es porque, de ordinario, los resentimientos más profundos repuntan entre los espíritus enlazados entre sí en la esfera de la convivencia.

Cuando nuestras relaciones se enferman en el intercambio con determinados amigos que, según nuestras creencias personales, si se transforman en nuestros oponentes, debemos entonces preguntarnos, sinceramente: “¿cómo perdonar, si perdonar no se trata de una cuestión de labios y si al problema que afecta a los mecanismos más íntimos del sentimiento?”

Una vez hecho esto, démonos prisa para reconocer que las criaturas en error pertenecen a Dios y no a nosotros, que también tenemos que corregir errores y ajustes en progreso; que no es justo retenerlas en nuestros puntos de vista, cuando son, como ocurre a nosotros, bajo los designios de la Divina Sabiduría más adecuados a cada uno, en la senda de mejoramiento y progreso.

En seguida, recordemos las bendiciones con que esas criaturas nos han enriquecido en el pasado y conservémoslas en nuestros cultos de gratitud, como la vida nos preceptúa. Fíjate también que Dios ya les habrá proporcionado nuevas oportunidades de acción y elevación en otros sectores de servicios, y que no será razonable de nuestra parte mantener procesos de denuncia en su contra, en la corte de la vida, cuando el propio Dios no les niega el amor y la confianza.

Cuando te ofrezcas realmente a Dios, a Dios ofreciendo a tus opositores como auténticos hermanos tuyos, tan necesitados de Amparo Divino como nosotros mismos, adentrarás el verdadero significado de las palabras de Cristo: “Padre, perdona nuestras deudas, como también perdonamos a nuestros deudores”, reconciliándote con la vida y con tu propia alma. Entonces, sabrás darle otra vez un beso en el rostro de quién te ha ofendido, y éste encontrará Dios contigo, y te dirá con la alegría más pura de corazón: “¡Bendito seas!”

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro «Alma y corazón»
Traducido por Marcia Andrade

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