Divaldo Franco. Zurich, 16 de mayo de 2016.

divaldo-francoEl pasado día lunes 16, el médium y orador espírita Divaldo Franco pronunció una conferencia en la ciudad de Zurich, en el auditorio del G19 Stiftung, con lo que completó el ciclo de actividades doctrinarias en Suiza. El acto contó con la participación de más de 150 personas, y el tema desarrollado fue: ¡Es posible ser feliz!

La conferencia dio comienzo con la reflexión acerca de que la felicidad posee matices, y matices muy diferentes, de manera que no puede ser entendida como algo estático, lineal, ni existe un modelo válido para todas las personas: lo que representa la felicidad para algunos, no necesariamente tiene el mismo sentido para otros. Ese concepto ya habría sido constatado y divulgado al antiguo pueblo de Israel, de conformidad con la expresión contenida en el libro del Eclesiastés, en el Antiguo Testamento: La felicidad no es de este mundo. Jesús también habría hecho referencia a esa conclusión. Por de este mundo, deberíamos entender que la felicidad no está en las cosas materiales sino dentro del individuo, el ser espiritual.

Tales manifestaciones nos conducirían a pensar acerca de dónde o cómo encontrar la felicidad, no en su forma fugaz, transitoria, sino en la continua felicidad del alma. De modo de suscitar reflexiones más profundas con respecto al tema, Divaldo narró un fragmento de la experiencia de Zainab Salbi, autora de origen irakí, humanista, defensora de los derechos femeninos. Ella nació en Irak; era hija de un piloto de aviación, hombre de confianza del ex-dictador Saddam Hussein. La joven fue enviada a USA después de que su madre percibiera que el dictador estaba interesado sexualmente en su hija. En América, la joven fue prometida en casamiento a un muchacho al que no conocía, según las costumbres culturales de su pueblo. Se casó, pero su marido resultó un psicópata, que ejercía violencia sobre ella en todas las formas.

Finalmente, consiguió divorciarse. Comenzó una nueva vida y contrajo matrimonio por segunda vez. A partir de ahí, comenzó a interesarse por la situación de las mujeres en los Estados Unidos, y más tarde también por las mujeres en África, y en otras partes del mundo. En un viaje al Congo, conoció a una mujer cuya vida cambió una vez más la suya. La congolesa había sido víctima de violación colectiva por parte de un ejército musulmán radical, y narró su drama a Zainab, quien entonces se llenó de coraje, para narrar también su historia a la humanidad, denunciando los crímenes practicados contra las mujeres y contra los seres humanos en general. Después de otra experiencia relacionada con campos de estupro en los Balcanes, Zainab decidió crear -junto con su marido- una Organización Internacional para atender a las mujeres violadas. Y, según su propio relato, fue cuando se dio cuenta de lo que podría hacer para aliviar los padecimientos ajenos y, efectivamente, comenzó a promover el bien de los otros, porque encontró la felicidad dentro de ella misma. Actualmente, su organización funciona en diversos países.

A partir de esa narración, Divaldo recurrió a la Filosofía, para ampliar la comprensión de la realidad humana. Finalmente, ¿sería posible, en realidad, ser feliz? Desde el período pre-socrático, los pensadores se encontraron con lo que denominaron un obstáculo para la felicidad: la muerte. ¿Qué sería esta? ¿Qué existiría antes y después de ella? ¿La muerte, anularía o interrumpiría los proyectos o la experiencia de la felicidad? Se estudiaron  seguidamente- cuatro principales propuestas filosóficas sobre la felicidad.

La primera, fundada en las enseñanzas de Epicuro de Samos, que sostenía que la felicidad residiría en el tener (cosas, posición social, fama etc.). Pero, esa hipótesis sería desmentida por los tormentos de que son portadores muchos de aquellos que tienen posesiones, y también por los consumistas. La segunda, creada por Diógenes de Sinope, que decía que las personas tenían temor de perder sus posesiones, lo que les causaba angustia y otros trastornos, de manera que la felicidad consistiría en no ter nada. Considerando, mientras tanto, que muchos son verdaderamente esclavos, incluso de aquello que no tienen, creando ambiciones, expectativas que significan obstáculos para que disfruten la felicidad, esa teoría, entonces, no podría prosperar. La tercera, fundada en las enseñanzas del Estoicismo, creado por Zenon de Citio, proponía que la felicidad residiría en el coraje de enfrentarse al dolor moral y físico sin quejas, sin desfallecer, sin sufrir, entregándose al destino de una manera imperturbable. Esa teoría tampoco podría corresponder a la vivencia real de la felicidad, dado que los seres humanos aún somos portadores de diversos conflictos, atravesamos desafíos, tenemos límites que deben ser respetados y, además, el sufrimiento aún forma parte de nuestras experiencias evolutivas. Por último, Divaldo analizó la propuesta del filósofo griego Sócrates, quien afirmó que la felicidad consiste en ser. Sócrates, perfectamente consciente de que el ser humano es un Espíritu inmortal, que está en la Tierra transitoriamente, y que se vale de un cuerpo físico para realizar su proceso evolutivo, enseñaba que los individuos deberían proponerse el conocimiento de ellos mismos, su realidad espiritual, a fin de encontrar la auténtica felicidad.

En ese sentido -destacó el orador-, Allan Kardec, en la obra El Libro de los Espíritus, presentó la orientación segura de los Espíritus ilustres para que los seres humanos buscasen el autoconocimiento y la auto-iluminación, a fin de que pudiesen eliminar de ellos mismos las imperfecciones morales y, de ese modo, gozar de armonía, paz y, por lo tanto, de felicidad.

Manifestó el orador que la felicidad es víctima de tres ladrones, es decir, de tres factores que constituyen impedimentos para experimentarla: la vergüenza, que invariablemente conduce a la autopunición y al masoquismo; la autocompasión, que nos remite a la victimización; y la culpa, que nos deprime. Además, basado en la obra del psicólogo americano Rollo May, el médium trató acerca del gran vacío existencial, que ha conducido a numerosas vidas a la depresión y, posteriormente, al suicidio. El individualismo, la sexolatría, el consumismo, el inmediatismo, el materialismo, serían grandes llagas que ocasionan una terrible destrucción en la sociedad. Las personas y las relaciones, de toda clase, se habrían convertido en descartables, en gran parte de las veces, lo que evidenciaría una conducta más animal e instintiva que lógica, humana, afectiva. Ante ese panorama aterrador, sería urgente que trabajáramos a favor de nuestra humanización y de la espiritualización de la materia.

Divaldo dio por concluida la conferencia afirmando que ser feliz es perfectamente posible, a partir del momento presente, a partir de que confiemos en Dios, que amemos al prójimo y a nosotros mismos, que perdonemos las faltas ajenas y las propias, soñando sueños posibles, vislumbrando la vida futura, la vida espiritual en plenitud, y realizando esfuerzos para liberarnos de nuestras imperfecciones morales porque, finalmente, Dios nos creó para la felicidad, manifestó el médium, y somos la célula del universo y la armonía del Todo.

Texto: Júlio Zacarchenco
Fotos: Lucas Milagre

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