El amor propio

amalia-domingo-soler-399El hombre es un compuesto de substancias,
tiene de imperfecciones grande acopio;
y le vence en diversas circunstancias,
su genio tentador, el amor propio.

Sentimiento fatal que le domina,
enemigo que siempre le persigue,
y que causa del hombre la ruina
porque su envidia despertar consigue.

Las guerras desastrosas que pasaron,
y hundieron en el polvo a las naciones,
y las huellas sangrientas que dejaron
a su paso las mil generaciones.

Las luchas de las razas, ese encono
que guarda el corazón mudo y sombrío,
y ese sordo rumor que al pie del trono,
produce el pueblo en su profundo hastío.

Las sectas y distintas religiones,
el desencantador materialismo,
y las mil filosóficas razones,
su principio y su fin son uno mismo.

Demostrar con orgullo y suficiencia
hipótesis, delirios y teorías,
diciendo cada escuela: «Mi creencia
es la más razonada en nuestros días».

¡Imposición fatal!, esta nos lleva
a dudar de los hechos verdaderos,
a aceptar otras leyes nos subleva,
porque en verlas no fuimos los primeros.

¡Mezquina condición tenemos todos!
Pero bien dice la común sentencia,
nuestra culpa pagamos de mil modos,
que en el pecado está la penitencia.

¡Si en el triste horizonte de esta vida
sirviera la razón de telescopio…!
La humanidad no fuera fratricida
si no nos dominara el amor propio!

Imagen del progreso indefinido
es el hombre del mundo el soberano;
y aún en la tierra vive envilecido,
para que él es de sí mismo su tirano.

El hombre sólo llegará a ser grande,
cuando de otros: respete la grandeza;
no al derecho divino que nos mande,
de reyes que formó nuestra flaqueza.

No dándole a una raza privilegio
porque esta nos venciera en la batalla,
no concediendo a un hombre timbre egregio
porque éste en su ambición no tuvo valla.

Y en cambio dando, si, justos derechos
a sabios y profundos pensadores,
y de la ciencia analizar las hechos,
sin pasión, sin envidia y sin rencores.

¡Ay!, si el hombre llegara sin encono
a comentar doctrinas y teorías,
si sólo la razón tuviera un trono,
cuanto mejor, ¡oh humanidad, serias¡

¡Si a comprender llegaras lo que vales,
si de tu pequeñez te convencieras!…
¡Sobre ti no pesaran tantos males
y tu fatal destino engrandecieras!

¿Por qué has de rechazar lo que no has visto?
¿Por qué eliges la sombra sin disputa?
¡Que en una cruz sacrificaste a Cristo
y a Sócrates le diste la cicuta!

Y le llamaste loco a Galileo…
y a Guttemberg también lo desdeñaste…
y a Colón le dijiste: «No te creo».
¿Por qué siempre tan pobre te mostraste?

¿Por qué? Porque tu envidia y tu ignorancia
te dio el sueño letárgico del opio,
y no quisiste aceptar distancia
porque esta no la admite el amor propio.

Y esta distancia existe, en tiempo dado;
aunque en nada difiere nuestra esencia:
que para el bien, el hombre fue creado,
sus hay en su adelanto diferencia.

Los hombres al nacer, unos prefieren
el negro lodazal al limpio río,
otros las zarzas, que punzantes hieren;
para elegir tenemos albedrío.

Pues si a nuestro placer todos podemos
señalarnos un punto de partida,
si como las arañas nos tejemos
la tela en que se envuelve nuestra vida.

¿Por qué queremos que el profundo sabio
tenga el mismo valor que el ignorante?
¿Y por qué niega nuestro torpe labio
del genio audaz la inspiración gigante?

Porque desconocernos nuestra esencia,
que si bien al nacer somos iguales,
existe una notable diferencia
en nuestras condiciones especiales.

En todas las escuelas he buscado
para la humanidad fácil camino,
pero en ninguna de ellas he encontrado
lógica deducción de su destino.

Sólo el Espiritismo nos responde
dándonos profundísimas razones;
y adivinar nos hace cuando y dónde,
nacieron nuestras míseras pasiones.

Sólo el Espiritismo nos revela
que limites no tiene nuestra vida;
sólo por él, si el pensamiento vuela,
encontramos un punto de partida.

Pero el Espiritismo es rechazado
como lo fue Jesús, de igual manera:
porque el Espiritismo ha demostrado
que el hombre es quien se traza su carrera.

Por eso, cuando un hombre ha progresado
y nuestra pequeñez nos evidencia,
su innegable grandeza le hemos negado
y locura clamamos a su ciencia.

Por eso, no queremos de ultratumba
ni su revelación ni su consejo,
porque el Espiritismo nos derrumba,
que es de nuestra conciencia el claro espejo.

Pero la hora es llegada, y lentamente
tiende su manto la moral cristiana,
y si aún la humanidad no se arrepiente,
al menos se preocupa del mañana.

Y estudian, y comparan, y analizan,
queriendo saber unos más que otros,
pero al fin si en la esencia profundizan
que adelanten aquellos a nosotros.

La cuestión es llegar a conocerse,
sin que el necio amor propio tienda un vuelo,
pues sólo podrá el hombre engrandecerse
si su razón le sirve de escalpelo.

¡Espiritismo! ¡Universal historia!
¡Recuerdos de la infancia de la vida…,
si lográis despertar nuestra memoria,
el hombre dejará de ser deicida!

Amalia Domingo Soler
Extraído del libro “Ramos de Violetas”

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.