Primeras fotografías de Katie King

Gabriel  DelanneEn la primavera de 1873 habían tenido lugar varias sesiones con objeto de obtener fotografías de Katie King. El 7 de mayo se tomaron con gran éxito cuatro fotografías. M. Harrison nos dice que en la fotografía las facciones son más finas y más bellas, y que tienen una expresión de dignidad en la fisonomía casi etérea que la reproducción del grabado que se ha editado expresa mal. Los experimentos fotográficos están bien descritos en el acta que se levantó después de la sesión, firmada por los siguientes nombres: M. Luxmore, G. Tapp y W. Harrison. He aquí las precauciones que fueron adoptadas al empezar la sesión:

Mme. Corner y su hija habían acompañado a miss Cook a su habitación suplicándole que se desnudase para examinar bien sus vestidos. Se le hizo poner una amplia capa de paño gris en lugar de sus vestidos; después fue conducida a la sala de sesiones. Sus muñecas fueron sólidamente atadas con cinta de hilo. Los nudos fueron examinados por los asistentes, lacrando las puntas de la cinta.

El gabinete fue exhaustivamente examinado, después miss Cook tomó asiento. A la cinta que le ataba le fue agregada una anilla sujetada al suelo; además, otra anilla remataba la cinta y estaba atada a una silla colocada fuera del gabinete; de esta manera, si la médium se hubiera movido, el movimiento habría sido notado al instante. La sesión comenzó a las seis de la tarde y duró dos horas, aproximadamente, con un intervalo de media hora. La médium se durmió en cuanto estuvo instalada en el gabinete y algunos instantes después apareció Katie avanzando por la estancia. La señora Cook asistía también a la sesión con sus dos hijos pequeños, a quienes placía mucho conversar con el espíritu. Katie estaba vestida de blanco; aquella tarde iba escotada y con manga corta, de manera que se podía admirar su maravilloso cuello y sus hermosos brazos. Su toca, que habitualmente le apretaba la cabeza, estaba ligeramente echada hacia atrás y dejaba ver sus cabellos castaños. Sus ojos eran grandes y brillantes, de color gris o azul oscuro. Tenía la tez clara y sonrosada, los labios bien dibujados y rojos; parecía muy viva.

Viendo nuestra satisfacción al contemplarla, Katie redobló sus esfuerzos para permitirnos tener una buena sesión. Después, cuando ya no fue preciso estar ante el objetivo del aparato fotográfico, se paseó, conversando con todos, criticando a los asistentes, incluso al fotógrafo y sus procedimientos, con entera libertad. Poco a poco se acercó a nosotros; aproximándose más, Katie se apoyó en el hombro de M. Luxmore mientras era fotografiada; ella misma sostuvo una vez la lámpara para iluminar mejor su rostro. Permitió a M. Luxmore y a Mme. Corner pasar sus manos sobre su vestido para que se asegurasen de que sólo llevaba uno. Luego, Katie se divirtió en molestar a M. Luxmore, dándole golpecitos en las mejillas, tirándole de los cabellos y cogiéndole su anteojo de puño para mirar a todas las personas de la sala. Las fotografías fueron tomadas a la luz del magnesio; el resto del tiempo la iluminación consistía en una bujía y en una lamparilla.

Cuando se llevaron la placa para revelar, Katie dio algunos pasos detrás de M. Harrison. Una cosa curiosa ocurrió también aquella noche: en el momento en que Katie descansaba ante el gabinete, esperando para volver a ponerse delante del objetivo, se vio aparecer en la abertura superior un brazo de hombre, desnudo hasta el hombro, y que agitaba los dedos. Katie se volvió, dirigiendo reproches al intruso, diciendo que le sentaba muy mal que otro espíritu viniera a molestar precisamente cuando se iba a proceder a hacer su retrato, y le ordenó que se retirase cuanto antes. Hacia el fin de la sesión Katie declaró que sus fuerzas se debilitaban, que estaban en estado de fundirse. Su poder estaba de tal modo debilitado, que la luz que penetraba en el gabinete al que se había retirado pareció disolverla; la vimos entonces como aplastarse, no teniendo ya cuerpo; su cuello tocaba el suelo. La médium seguía atada como al principio. Llamamos muy particularmente la atención del lector sobre este detalle, que muestra con evidencia que la aparición no es un maniquí preparado ni el médium disfrazado. He aquí, respecto a este punto, otro testimonio demostrativo: es el de Mme. Florencia Marryat: (1)

“Se le preguntó un día a Katie King por qué no podía mostrarse con una luz más fuerte. (No consentía más que un solo mechero de gas, y aún así era preciso bajar la mecha). La pregunta pareció irritarle enormemente, dando la respuesta siguiente: «Os he declarado con frecuencia que no podía soportar la intensidad de una gran luz, yo no sé por qué; pero me es imposible, y si dudáis de mis palabras, intentadlo en otros sitios y ya veréis lo que ocurre. Os prevengo solamente que si me sometéis a la prueba no podré volver a reaparecer delante de vosotros en esta sesión; de modo que escoged. » “Las personas presentes nos consultamos y se decidió intentar el experimento para ver lo que ocurría. Queríamos resolver definitivamente la cuestión de saber si más iluminación obstaculizaba los fenómenos de materialización. Katie, conocedora de nuestra decisión, consintió hacer el ensayo. Más tarde supimos que le habíamos causado un gran sufrimiento.

“El espíritu de Katie se colocó de pie delante de la pared del salón y extendió los brazos en cruz, esperando su disolución. Se encendieron los tres mecheros de gas. (La habitación medía, aproximadamente, dieciséis pies.) “El efecto producido sobre Katie fue extraordinario. No resistió más que un instante; después la vimos deshacerse ante nuestros ojos como una muñeca de cera delante de un gran fuego. Primeramente, sus facciones se borraron, no se distinguían. Los ojos se hundían en las órbitas, la nariz desapareció; de pronto, pareció entrar en la cabeza. Después cedieron los miembros y todo su cuerpo se aplastó como edificio que se derrumba. No quedó más que su cabeza sobre la alfombra y un poco de ropa blanca, que desapareció como si de repente hubiesen tirado de él. Durante algunos instantes permanecimos con los ojos fijos en el sitio en que Katie había cesado de aparecer. Así se terminó aquella sesión memorable.”

Este espíritu, con el cual ejerció William Crookes, adquirió más fuerza, puesto que se le pudieron hacer más de cuarenta clisés con luz eléctrica. Acabamos de comprobar que un espíritu había tratado de materializarse al mismo tiempo que Katie. Y es que, en efecto, Katie no era el único espíritu que se mostraba.

He aquí, una afirmación de Mme. Marryat, que observó una deformación característica del labio de su hija, en una aparición que ella tenía en sus brazos. Escuchemos su relato: “La sesión tuvo lugar en una sala muy reducida de la Asociación. No contenía alfombra ni mueble alguno. Se colocaron tres sillas de junco que nos permitieron tomar asiento. En un rincón se colgó un viejo chal negro para formar el gabinete necesario. Se puso en él un cojín para que miss Cook pudiese apoyar la cabeza.

Miss Florence Cook es un rubita delgada, de ojos negros, de cabellos en forma de bucles; estaba vestida con un traje gris de merino, adornado con cintas de color cereza. Me informó antes de comenzar la sesión de que desde hacía algún tiempo estaba nerviosa durante sus trances y que le sucedía que salía dormida a la sala. Suplicó que se le riñese si volvía a ocurrirle algo semejante y que se le ordenase volver a su sitio como si fuera un niño. Prometí hacerlo y, seguidamente, miss Cook se sentó en el suelo detrás del chal negro que servía de cortina. Podíamos ver la ropa gris de la médium, pues el chal no llegaba hasta el suelo. Se bajó el gas y tomamos asiento en las tres sillas.

“Al principio, la médium parecía estar molesta. Se quejaba de quera maltratada; después de algunos instantes, el chal fue agitado y vimos una mano aparecer y desaparecer, retirándose varias veces consecutivas. Después apareció una forma arrastrándose sobre las rodillas para pasar por debajo del chal y, finalmente, se enderezó. La luz era insuficiente para reconocer sus facciones. M. Harrison preguntó si estábamos en presencia de Mme. Stewart. El espíritu sacudió negativamente la cabeza. «¿Quién puede ser?», pregunté a M. Harrison.

“—¿No me reconocéis, madre mía? “Quise lanzarme hacia ella, pero me dijo: «Permaneced en vuestro sitio, que yo iré a buscaros.» Un instante después Florencia vino a sentarse sobre mis rodillas. Tenía los cabellos largos y flotantes, llevaba desnudos los brazos y los pies. Su traje carecía de forma, se habría dicho que se había envuelto en algunos metros de muselina; a diferencia de la mayoría de los casos, aquel espíritu no llevaba toca, su cabeza estaba descubierta.

“—Florencia, querida, mía —exclamé—. ¿Eres verdaderamente tú? “—Dad más luz —respondió ella— y miradme la boca. “Vimos entonces con claridad su labio con una deformación como la que tenía cuando nació, a pesar de que los médicos que le habían visto entonces declararon que esa deformación era muy rara. Mi hija no había vivido más que algunos días. En aquel momento parecía tener unos diecisiete años.

“Al ver aquella prueba innegable de identidad prorrumpí en llanto sin poder decir palabra. “Miss Cook se agitaba mucho detrás del chal; después, de repente, se lanzó hacia nosotros, gritando: «Es demasiado y no puedo más.»

“La vimos, pues, fuera, al mismo tiempo que el espíritu de mi hija, que estaba sobre mis rodillas. Pero esto no duró más que un breve instante; la forma que yo tenía en mis brazos se precipito hacia el gabinete y desapareció.

Entonces recordé que miss Cook me había suplicado que le riñese si se paseaba. Le dirigí soeces reproches y volvió a su sitio detrás de la cortina; seguidamente, el espíritu volvió a mi lado, diciendo: «No la dejéis volver; me causa un miedo terrible.»

“Yo exclamé entonces: «Pero Florencia, en este mundo, nosotros, los mortales, tenemos miedo a las apariciones y, según parece, vos tenéis miedo a vuestra médium.»

“—Temo que me haga partir —respondió ella.

“Sin embargo, miss Cook no nos volvió a estorbar y Florencia permaneció con nosotros un tiempo más. Echó los brazos alrededor de mi cuello y me abrazó repetidas veces. En aquella época yo estaba muy apesadumbrada. Florencia me dijo que si ella había aparecido marcada así, delante de mí, era para convencerme bien de las verdades del Espiritismo, y que yo encontraría en él una fuente de consuelo.

“Después me dijo:

“—En algún momento dudáis, madre mía, y creéis que vuestros ojos y oídos os están engañando; no hay que dudar nunca y no creáis que yo estoy desfigurada en espíritu. He tomado esta marca esta noche para convenceros mejor.

“—Recordad que siempre soy vuestra. “Yo no podía hablar; tan emocionada estaba pensando que tenía en mis brazos a la niña que había puesto en un ataúd y que no estaba muerta y anonadada, sino convertida ahora en una bella joven. Me quedé muda, con los brazos echados sobre ella; mi corazón palpitando junto al suyo; después disminuyó su poder. Florencia me dio un último beso, y me dejó estupefacta y maravillada por lo que había pasado.”

Mme. Florencia Marryat añade que volvió a ver a este espíritu varias veces en otras sesiones y con diferentes médiums. Aseguraba haber recibido muy buenos consejos de su hija. Se concibe fácilmente que fenómenos tan extraordinarios fueran negados con obstinación por los incrédulos.

Se suscitaron ardientes polémicas, aun entre los mismos espíritas y fue preciso que vinieran nada menos que las experiencias y las afirmaciones de William Crookes para confirmar la autenticidad absoluta de Katie King. Remitimos al lector a su obra, pero debemos señalar especialmente que Katie es, realmente, un ser anatómicamente semejante a cualquier otro ser humano viviente.

1 Florencia Marryat, There is no death. (La muerte no existe.)

Gabriel Delanne
Extraido del libro «El alma es inmortal «

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