Dar amor

servirEl panorama del mundo, en este inicio del Tercer Milenio, no es maravilloso. Hay millones de personas que están pasando hambre. Las guerras continúan devastadoras. Los hombres  disputan pedazos de tierra, que llaman de territorios, como si fuesen a vivir siempre encima de ellos. Y cada pedacito queda manchado con la sangre de muchas víctimas.

Hay millones de personas sin un techo. Millones que sufren el SIDA. Millones de niños, adultos y viejos que sufrieron y sufren la violencia. Millones de personas que padecen de invalidez, sea por haber nacido con deficiencia o por haber sido víctimas de enfermedades, accidentes o combates.

Todos los días, en todo el mundo, alguien más está clamando por comprensión y compasión. Este es el mundo que recibimos del milenio pasado. El mundo que construimos. Ahora nos compete construir el mundo renovado del Tercer Milenio. Escuchemos el sonido de las voces de todos los que padecen. Escuchemos como si fuese un canto, un mantra que pide ayuda.

Abramos nuestros corazones para todos los que están precisando y aprendamos que las mayores bendiciones vienen siempre de ayudar a los otros. Por encima de los puntos de vista económicos, de creencia religiosa, del color de la piel, aprendamos que todos somos hijos del mismo padre y nos encontramos en la misma escuela: la Tierra. Por eso el auxilio mutuo es deber de todos.

Podemos no resolver los problemas del mundo, pero si resolveremos el problema de alguien. No podemos resolver el problema del IDS, pero podemos colaborar valerosamente en las campañas de esclarecimiento a las nuevas generaciones. No podemos disminuir los dolores de todos los pacientes, pero si podemos colaborar consiguiendo la medicación precisa para uno de ellos, al menos. Con certeza, no podemos devolver movilidad a miembros paralizados. Pero si podemos tornarnos manos y piernas, auxiliando a aquellos que lo precisan. No podemos resolver el problema del hambre en el mundo, pero si podemos muy bien ayudar para quien este más próximo a nosotros, no muera de hambre, proveyéndole de alimento o un salario justo.

Es muy importante aprender a gustar de todo lo que hacemos. Podemos ser pobres y sentirnos solos. Podemos vivir en un lugar no muy agradable, aun mismo así, aun podremos colocar flores en los corazones y alegrarnos con la vida. Todo es soportable cuando hay amor, único sentimiento que vivirá para siempre. El amor es la virtud por excelencia, sea en la Tierra, sea en otras moradas del Señor.

El equilibrio del amor deshace toda discriminación, en la marcha que realizamos para Dios. Ejercitando el amor conyugal, filial, paternal o fraternal busquemos reflejar, aun mismo que sea a distancia, el amor de nuestro Padre, que a todos busca por los caminos de la evolución. Vivamos y amemos, de forma equilibrada, sintiendo las excelsas vibraciones que vierten a Dios sobre las necesidades del mundo.

Redacción del Momento espirita

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.