Objetivos conflictivos

divaldo-francoEl desajuste emocional y la pérdida de identidad que predominan en la sociedad contemporánea, determinan como indispensable la conquista de metas establecidas por el egoísmo, en una evidente preocupación de parecer proporcionar la felicidad, el triunfo que todos deben anhelar, según esas tendencias, se presenta estableciéndose en conseguir destaque social, parecerse vencedor, ser divertido. Para conseguir eso, surgen cursos y técnicas variadas para superar obstáculos – circunstancias, ocurrencias y personas- conquistar amigos, lograr relaciones útiles, que significan ventajosos, en una terrible, o casi neurótica preocupación por conseguir victorias.

El ser, en sí mismo, es casi una importancia secundaria, desde que la apariencia sea agradable, la posición sea representativa y el dinero se encargue de resolver las situaciones embarazosas. Tales objetivos no pasan de disfraces para la lucha por la supremacía del ego portador de represiones, que deja de luchar por la liberación del Self para crear nuevos conflictos futuros.

La búsqueda de poder que favorece la proyección social y el tener, producen continua inquietud, de algún modo por el miedo de no venir más a disponer de la situación cómoda, envidiable. Ese recelo induce a la inseguridad, a la desconfianza, a la inestabilidad. A medida que las cuentas bancarias aumentan y el brillo social crece, el individuo pierde contacto con su realidad, volviéndose antinatural, exigiendo tratamiento especial en todas partes, especialmente en el hogar – como le es proporcionado por la insensatez de la adulación – sintiéndose todo poderoso y agresivo. No permite ser contrariado en las cosas y situaciones de casi ninguna importancia, porque susceptible en demasía, se irrita, agrede, se indispone. Esa conducta sistemática y las presiones sufridas en el mundo del parecer, lo estresan, y cada vez lo derriban en la insatisfacción.

En otras veces, se fatiga por defender la posición en que está, y no disfruta de aquello que fue anhelado, porque está siempre preocupado con aquellos que vienen por detrás y amenazándole el lugar de triunfo falso. Prosigue, entonces, acumulando más, defendiéndose más, amando menos, tranquilizándose menos aún. Se escapa de esas imposiciones conflictivas, experimenta la saturación y se desmotiva, sumergiéndose en el tedio generador de morbidez y depresión. Los objetivos, cuando legítimos, no pueden encarcelar ni entorpecer, menos aún afligir. Solamente aquellos que son constituidos por cualidades y valores profundos, compensan el afán y el esfuerzo por lograrlos. Se forman por los anhelos de victorias, de realizaciones, no exclusivamente exteriores, sino también, internas, las únicas que producen renovación, que estimulan y dan sentido existencial.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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