Agradecemos a Dios

emmanuelNecesario conservar el corazón agradecido a Dios para que las aflicciones no nos deterioren los sentimientos. Para eso, es forzoso procurar el lado mejor de las cosas y ocurrencias, la otra cara de las personas y circunstancias.

En muchos episodios de nuestra caminada en la Tierra, porque los sufrimientos nos visiten, nos hundimos en desanimo, sin embargo, en nosotros percibiendo con seguridad cuanto el significado de eso, comprendemos luego que el sufrimiento es la palanca psicológica, sin el cual no solucionaríamos las dificultades ajenas.

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Ciertos afectos, en el mundo, nos abandonan en el camino, hiriéndonos el Espíritu, sin embargo, ¿qué sería de nosotros si determinados lazos posesivos nos detuviesen el corazón, indefinidamente? Dificultades materiales persisten con nosotros por tiempo enorme, con todo, acabamos notando que, sin ellos, casi siempre, nos seria impracticable la consolidación del equilibrio espiritual.

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La decepción traída por un amigo es razón para un gran sufrimiento, entretanto, poco a poco, reconocemos que la decepción, en el fondo, no existe, a la vez que la ruptura de ciertas relaciones se traduce por transitorio desnivel, a través del cual se rompen hoy tareas abrazadas en común para rehacerse. De futuro, en nuevas condiciones de armonía y rendimiento en el bien de todos.

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El bisturí del cirujano es susceptible de inquietarnos la vida, pero retira de nosotros aquello que puede inducirnos a la muerte prematura.

Sepamos agradecer al Señor los dones del que fuimos favorecidos. Dolor es aviso, obstáculo es medida de resistencia, desilusión es reajuste, contratiempo es lección.

Si sabemos aceptarlos, se nos transforman siempre en dispositivos para la obtención de la felicidad mayor. Eso ocurre, porque, en la mayoría de las ocasiones, las decepciones nada más son que oportunidades a fin de que nuestras emociones se hagan respuestas en la órbita de nuestros deberes o para que nuestros raciocinamos se recoloquen en la dirección de Dios.

Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Paz y renovación”
Traducido por Jacob

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