San alfonso de Ligorio

Gabriel DelanneLa Historia general de la Iglesia, por el barón Henrion, París, 1858, tomo II (1), cuenta, como sigue, el hecho milagroso ocurrido a Alfonso de Ligorio:

“En la madrugada del 21 de septiembre de 1774, Alfonso, después de celebrar la misa, se sentó en su sillón; estaba abatido y taciturno, y sin hacer el menor movimiento, sin articular una sola palabra de oración, ni dirigir la palabra a nadie, permaneció en este estado todo el día y la noche siguiente; durante aquel tiempo no tomó alimento alguno, ni se vio que desease ningún servicio. Los criados, que se habían dado cuenta de su estado, estaban cerca de su habitación, pero no se atrevían a entrar en ella.

“El 22, por la mañana, notaron que Alfonso no había cambiado de actitud, y no sabían qué pensar de ello; temían que fuese algo más que un éxtasis prolongado. Sin embargo, un poco más avanzada la hora Ligorio agita la campanilla para anunciar que quiere celebrar la santa misa. “A esta señal, no solamente el hermano laico encargado de servirle en el altar, sino todas las personas de la casa y otras extrañas, acuden apresuradamente.

El prelado pregunta, con aire de sorpresa, ¿por qué tanta gente?. Se le responde que hace dos días que no habla ni da señal alguna de vida. «Es cierto —replica—, pero vosotros no sabéis que he ido a asistir al Papa, que acaba de morir.» “Una persona que había oído la respuesta fue el mismo día a llevarla a Santa Agueda; circulando la noticia enseguida, igual que en Arienzo, donde residía Alfonso.

Se creyó que no era más que un sueño, pero no se tardó en tener la noticia de la muerte de Clemente XIV, que había pasado a la otra vida el 22 de septiembre, precisamente a las siete de la mañana, en el momento mismo en que Ligorio había recobrado sus sentidos.

El historiador de los Papas, Nova hace mención de aquel milagro al referir la muerte de Clemente XIV. Dice que el soberano Pontífice había cesado de vivir el 22 de septiembre de 1774, a las siete de la mañana (la decimotercera hora para los italianos), asistido por los generales de los Agustinos, de los Dominicos, de los Observantinos y de los Conventuales y, lo que interesa aún más, asistido milagrosamente por el bienaventurado Alfonso de Ligorio, aunque alejado del cuerpo, como resulta del proceso jurídico del susodicho bienaventurado, aprobado por la Sagrada Congregación de los Ritos.”

Se pueden citar casos análogos sobre San Antonio de Padua, San Francisco Javier y, sobre todo, María de Agreda, cuyos desdoblamientos se produjeron durante varios años.

(1)Véase también Historie universelle de l’Eglise catholique, por el clérigo Rohrbacher, tomo II; Vie du bienheureux Alphonso Marie de Liguori, por el Padre Jancart, misionero en provincias; Elemente della storia de Somni Pontifici, por Guiuseppe de Novaés.

Gabriel Delanne

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