Ayudarse

richardEs atribuida a Esopo historia de un carrocero que conducía una pesada carga. En dado momento, la carroza se atasco en suelo inestable. Los caballos no conseguían moverla. Mirando alrededor, vio la presencia de Hércules, el héroe griego. Confiado, le pidió ayuda.

¡Estaba delante de un hijo de los dioses, el hombre más fuerte del mundo!. Para su sorpresa, escucho una reprimenda:

-¡Haga fuerza! ¡Empuje! ¡Anime a los caballos! ¡Si usted no se dispone a ayudarse, no espere que lo haga yo!

Ciertamente el apreciado lector conoce otras versiones de esta historia, siempre enfatizando lo obvio: Delante de las dificultades y problemas, es preciso hacer nuestra parte, si esperamos la ayuda del Cielo.

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Benjamín Franklin, (1706-1790), uno de los hombres más lúcidos y emprendedores del siglo XVIII, dio forma definitiva a esa idea, en su Almanaque, en 1736: Dios ayuda a quien se ayuda.

En el siglo siguiente, Allan Kardec (1804-1869), consagraría el mismo principio, en el capítulo XXV, de El Evangelio Según el Espiritismo, con la máxima siempre recordada cuando somos llamados a enfrentar los desafíos humanos: Ayúdate que el Cielo te ayudara.

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Una de las características lamentables del ser humano, fruto de su inmadurez, es la tendencia a la comodidad. Inspira una interpretación equivocada de la Ley de Causa y Efecto, que induce a la inercia en situaciones difíciles. Son encaradas como inexorable karma. ¡Puro engaño! Karma, amigo lector, es lo que no puede ser cambiado. Karma es la deficiencia congénita, la esterilidad definitiva, la dolencia grave, la muerte prematura…

Karma es el problema insoluble, el prejuicio irreparable…

En esas situaciones, nos compete cultivar la resignación y la sumisión a los designios divinos para que nos mantengamos en paz. Es como tener una espina en el pie. Si no puede ser retirado, mejor andar con prudencia, evitando agravar la herida y aumentar los dolores. Como mucho, son contingencias de la jornada terrestre, que tenemos que superar con la ayuda de Dios, si estuviéramos dispuestos a ayudarnos, moviéndonos para sacar el carro existencial de esos “atolladeros”

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Vivimos hoy el terrible drama del desempleo que aflige a multitudes. ¿Karma colectivo? ¡Obviamente, no! Se trata de una contingencia generada por innúmeros factores: Los desaciertos de los gobiernos, la recesión económica, los avances de la tecnología, la decantada globalización… Sobre todo, lo que genera el desempleo es el egoísmo que concentra riquezas, sustrae oportunidades y hace del Hombre “el lobo del Hombre” Siendo contingencia, es superable. Apelando para el Cielo y confiando en Dios, tenemos que encontrar medios de proveer a la propia subsistencia.

Enseña Jesús (Mateo, 7:7-8): “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”

Si oramos de verdad, como Jesús enseño, corazón exento de heridas, cerebro iluminado por la fe, nuestra oración ganara las alturas. Luego vendrá la respuesta, ofreciéndonos medios para superar la dificultad. Dios espera solo que nos movamos, cultivando disposición y buen ánimo. Y que, a cada día, llámenos a las puertas de la iniciativa y busquemos nuestros caminos desde los valores de la mañana, dado que, enfatiza un viejo aforismo: Dios ayuda a quien temprano madruga.

Richard Simonetti
Extraído del libro «Livro Luzes no Caminho»
Fragmento traducido por Jacob

 

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