Donación del Corazón


Emmanuel_1Todos tenemos algo para dar, sea dinero que alivie la penuria, instrucción que destierre la ignorancia, amparo que elimine la dificultad, o medicina que aleje la enfermedad.

Sin embargo, hay una dádiva que todos podemos compartir, indistintamente, con absoluta ventaja para quien recibe y sin la mínima pérdida para quien da.

Nos referimos a la bendición del coraje.

¿Cuántos habrán caído de altos escalones del bien, en el ápice de la resistencia al mal, por faltarles calor humano, a través de una frase afectuosa y comprensiva.¿Cuántos habrán desertado de sus tareas ennoblecedoras, con evidente perjuicio para la comunidad, precisamente en la víspera de victorioso remate, únicamente por haberles faltado alguien que les suplementara las fuerzas morales decadentes con el socorro de un gesto amigo? ¿Y cuántos otros caen diariamente en la frustración o en la dolencia, tan sólo porque no encontraron sino que aspereza y pesimismo en las palabras de aquellos con quien están intimados a convivir?

No te armes sólo de recursos materiales para combatir al infortunio.  Aprovisiónate de fe viva y esperanza, comprensión y optimismo, para que tu verbo se haga luz salvadora, capaz de reavivar la confianza de tantos compañeros de la Humanidad, que traen el corazón como lámpara muerta en el pecho.

No dejes para mañana el momento de animar a los hermanos del camino para el servicio del bien. Hazlo todavía hoy.

Abrígales con tu alma en el llamamiento al bien, y háblales de la propia inmortalidad, del tesoro inagotable del tiempo, y de los recursos ilimitados del Universo.

Indúzcales a reconocer las energías infinitas de que son portadores, y ayúdales a descubrir la divina herencia de vida eterna que les palpita en el recóndito espíritu, incluso cuando padeciendo las peores experiencias. Sea tu palabra luz que ampare, llama que caliente, fuerza que apoye y bálsamo que restaure.

¡Siempre que te dispongas a esforzarse para el trabajo en favor del semejante, no olvides el donativo del coraje!

Ayúdale con todos los medios correctos al alcance de tus manos, pero, más importante que todo eso, ayúdale al compañero de cualquiera condición, o de cualquiera procedencia a sentirse positivamente nuestro hermano, tan necesitado de la paciencia y del socorro de Dios cómo nosotros.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro «Alma y corazón»
Traducido por Marcia Andrade

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