Relatividad de la vida física

Divaldo#1Aunque la relatividad del ser físico, de la existencia terrena, el sentido de la vida permanece inalterado. Si se depositan en el cuerpo, apenas, todas las aspiraciones, a medida que él envejece, que se disminuyen sus resistencias y posibilidades, claro está que pierde el impacto y el objetivo.

Observando, la vida como un todo, no solamente como la trayectoria fisiológica, tales oportunidades se realizan a cada instante, archivándose en el pasado, y sirven de base para nuevas búsquedas y motivaciones.

No siendo el cuerpo más que una vestimenta, su duración sin restricciones, desgastándose en cuanto vibra, consumiéndose a medida que es utilizado. Las conquistas agradables y las derivadas del sufrimiento es parte integrante de su contenido, permaneciendo como valores que lo enriquecen.

Lo importante no es su tiempo de duración, sino la forma como es vivida, experimentada, archivada cada etapa. Cuando se encuentra acumulado, vibra y tiene sentido, ya que puede ser accionado a cada instante, revivido con intensidad cuando se quiera, repitiendo las emociones antes experimentadas.

No hay porque temer a la vejez, envidiar la juventud, lamentar el tiempo. Ese comportamiento se produce en los individuos inmaduros. Lo que viene a pasar no puede influir más en la conducta, de lo que ya ocurrió. Los sufrimientos vividos, las sonrisas enmarcadas, los conocimientos adquiridos, los recursos utilizados son todos un capital que no puede ser comparado o cambiado por las preguntas de aquello que aún no fue conseguido.

La existencia física da la posibilidad de la integración del individuo con la Naturaleza, armonizándolo y promoviéndolo para realizar incursiones más decididas, superando el ego y el crecimiento del Self, así como un movimiento tranquilo en su realidad de ser inmortal.

Su tránsito en el cuerpo le constituye una etapa valiosa para la recomposición de fuerzas, que se perturbaron, y la adquisición de energías más sutiles que se derivan del yo superior y deben ser canalizadas en el rumbo de su supervivencia. Si así no fuese, la extenuación orgánica le encerraría la realidad, apagando las conquistas del pensamiento y del amor.
Esas expresiones de la vida no se queman jamás, desapareciendo en la memoria del tiempo, extinguiéndose en el espacio universal. Permanecen actuantes y realizadoras, venciendo las barreras vibratorias del cuerpo y manteniéndose organizadas fuera de él, porque son la fuente generadora del existir. La búsqueda del sentido de la vida supera la manifestación de la forma y prosigue en otras dimensiones, embelleciendo al ser que proyecta, si, su realidad para otros cometidos existenciales futuros, desafíos humanos, superándose a través de las conquistas almacenadas, dirigiéndose para la integración en la armonía de la Consciencia Cósmica, libre de recuerdos con del pasado, libre de aflicciones, porque superadas, y abierto a nuevas expresiones siempre portadoras de peregrina luz de sabiduría.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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