Mañana

emmanuelMuchas veces a la semana repetimos la palabra “mañana”. Tenemos la costumbre de decir “mañana” al vecino que solicita nuestra cooperación y consuelo. Habitualmente postergamos para mañana las tareas espinosas.

Siempre que surge alguna dificultad que demanda nuestro mayor esfuerzo, apelamos al mañana. Sin dudas, el “mañana” constituye una luminosa esperanza con la renovación del Sol en el camino, pero también representa el servicio que dejamos de realizar.

Establece la Ley que la cuenta duerma junto con el deudor y se despierte con él, al día siguiente. Del mismo modo, en el instituto de la reencarnación, transportamos con nosotros a donde quiera que vayamos, las oportunidades del presente y las deudas del pasado.

Por eso, los ricos de hoy, enquistados en la avaricia y el egoísmo, regresarán mañana con el martirio sombrío de los pobres, para que conozcan de cerca las garras del infortunio y las duras lecciones de la carencia; así como los pobres, envenenados por la envidia y el odio, habrán de regresar con el confort de los ricos, para que sepan cuánto cuesta la tentación y la responsabilidad de poseer.

Los distinguidos diplomados del mundo, tales como los magistrados y los médicos, que  menosprecian las concesiones con que el Señor los ha galardonado en el campo de la inteligencia, haciendo de ellas un instrumento de escarnio con las luchas del prójimo, resurgirán en el banquillo de los acusados en el lecho de los hospitales, de modo que experimenten los problemas y las angustias del pueblo.

Los hijos indiferentes e ingratos retornarán como siervos anónimos y humildes al hogar que mancharon, así como los padres insensatos e inhumanos regresarán al seno doméstico, para recoger de sus descendientes los frutos amargos de la criminalidad y del vicio que cultivaron en sus propias manos.

Las mujeres ennoblecidas que eluden el ministerio familiar y provocan el aborto delictuoso por la sed del placer, reaparecerán enfermas y estériles, así como los hombres fértiles y robustos que envilecen la vida con el abuso de las respetables energías de la Naturaleza, habrán de surgir nuevamente en el escenario del mundo portando en su propio cuerpo el desequilibrio y la enfermedad que adquirieron por su falta de vigilancia.

Entonces, no te olvides que el bien es un crédito infalible en el registro de la eternidad y recuerda que el “después” será siempre el resultado del “ahora”.

Cada día es el momento apropiado para renovar el destino.

Cada instante es el recurso para comenzar algo mejor.

No dejes para mañana el bien que puedas hacer. Hazlo hoy mismo.

[Comentarios de Emmanuel sobre la pregunta 166 de El libro de los Espíritus, recibidos por Francisco Cándido Xavier en la reunión pública del Grupo Espírita de la Prece, en Uberaba, Minas Gerais, Brasil, el 1 de junio de 1959. Transcripto de Religión de los Espíritus].

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