El niño es el futuro

chicoEn el cuadro de las renovaciones inmediatas del mundo, los angustiosos problemas absorberán naturalmente a los sociólogos más ingeniosos. La civilización enferma requiere recursos salvadores, y socorros providenciales, en vista de la transcendental actualidad.  Los organismos gastados por las molestias y la sociedad están obligados a examinar detenidamente las cuestiones más dolorosas, tocando su complejidad y su extensión. Pues, tan pronto pueda regresar al campo pacífico, reconocerá la necesidad de su sana reconstrucción. Mientras tanto, la desilusión y el desánimo serán inevitables en el círculo de los luchadores.

¿Por dónde comenzar?

Las experiencias amargas habrán pasado, rumbo a los abismos del tiempo, substituyendo en las almas, el anhelo justo de la concordia general; sin embargo, es razonable ponderar la preocupación torturante y hacerse sentir en todos los planes del pensamiento internacional. Las nociones del derecho, los ideales de la justicia económica, y las garantías de la paz, surgirán ante el ser humano, solicitando su debida participación para la total extinción de las sombras de la violencia, pero en el examen de las providencias de orden general, es imprescindible reconocer que la reconstrucción del planeta es una iniciativa educacional.

No obstante, es casi increíble que el problema sea todavía para la orientación infantil valorando los nuevos horizontes.

El niño es el futuro.

Y con excepción de los Espíritus misioneros, los hombres de ahora serán los niños del mañana, en el proceso reencarnacionista. El trabajo redentor de la nueva era ha de comenzar en el alma de la infancia, si no queréis divagar en los castillos teóricos de una imaginación súper excitada. Es lógico que la legislación sea siempre la casa noble de aquellos principios que aseguran los derechos del hombre, sin embargo, los gobiernos no podrán realizar integralmente la obra regeneradora sin la colaboración de aquellos que hayan sentido la verdad y el bien con Jesucristo.

La crisis del mundo no estará solucionada con la simple extinción de la guerra.

El cuadro presente del servicio, es un campo de tareas de una enorme envergadura, que asombra por su grandeza espiritual. Se pide la paz con el derecho de la victoria y nadie objeta la legitimidad de semejante solicitud. Pero es indispensable organizar el programa  del mañana. La sociología abrirá las posibilidades que le atañen, por restituir al mundo el verdadero equilibrio de su ascendente evolución. Pero no nos olvidemos, de que la psicología del hombre común se encuadra aún en la esfera del análisis debido al niño.

Tal vez sea por esto que Jesús, más de una vez, dejó escapar la sublime llamada: “–Dejad venir a mí a los pequeñitos”. No observamos aquí tan solo, el símbolo de la ternura. El Maestro no demostraba una actitud meramente accidental junto al paisaje humano, coronado de sonrisas infantiles. Aludía sí, a la tarea mucho más profunda en el tiempo y en el espacio. Sabía él que durante siglos, la gran cuestión de las criaturas humanas estaría moldeada por necesidades educativas. Y con mucha propiedad, el Cristo exclama –dejad venir a mí– y no simplemente –venid a mí–. Su exhortación divina alcanza a todos los que recibieron el privilegio de la responsabilidad espiritual en los cuadros evolutivos de la Tierra, para que no impidan a la mente humana, el acceso real a las fuentes de las verdades sublimes.

Constituyendo la infancia la humanidad futura, reconocemos, a su lado, el campo de la siembra provechosa. Reconociendo que nosotros no encontraremos otra senda de redención, extraña a los fundamentos de su doctrina de verdad y de amor. De ese modo, a la vez del esfuerzo sincero de cuantos cooperan por el resurgimiento de la concordia en el mundo, volvamos a los niños de ahora, conscientes de que muchos de nosotros, seremos también la infancia del porvenir. Organicemos el hogar que forma el corazón y el carácter de la escuela que iluminará la razón.

Estemos igualmente atentos a la verdad de que educar no se resume apenas a providencias de abrigo y alimentación del cuerpo transitorio. La Tierra en sí misma, es un asilo de caridad en su contexto material. Los gobernantes, así como los diversos sacerdotes nunca olvidaron del todo la asistencia a la infancia desvalida, pero son siempre raros los que saben ofrecer el abrigo del corazón, en el sentido de espiritualidad, creando la renovación interior y el trabajo constructivo.

Sustentando las células orgánicas, no olvidéis la alimentación espiritual pues ambas son imprescindibles a las criaturas humanas. En el cuadro inmenso de la transformación en el que vuestras actividades se localizan actualmente, la iniciativa de la educación es de una importancia esencial en el equilibrio del mundo.

Cuidemos al niño, como quien enciende luces en el futuro. Comparezcamos en compañía de ellos, a la presencia espiritual de Cristo y habremos renovado el sentido de la existencia terrestre, colaborando para que surjan las alegrías del mundo en un día mejor.

Emmanuel

(Transcripto de Colección del Más Allá, Emmanuel, Francisco Cándido Xavier, Diversos Autores. Editora Lake. Brasil) Anuario Espirita 2016

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