El espiritismo

amaliadsEs el Espiritismo, el gran consuelo que los mortales hallan en la Tierra, sin el increíble limbo, sin el cielo, ni del infierno la espantosa guerra: el hombre encuentra en él, clara y sin velo, la lógica razón, donde se encierra la causa y el efecto del problema sin pecado de origen ni anatema.

Justa, evidente, fácil y sencilla se ostenta la verdad sin duda alguna; en él la preferencia a nadie humilla, ni existe preeminencias de fortuna; que en el Espiritismo sólo brilla la nobleza del alma y no la cuna, porque el espiritista es el obrero del único progreso verdadero.

Las religiones todas han pintado un Dios a su capricho y sus antojos; en todas les busqué, pero no he hallado quien calmara mi angustia y mis enojos; que el Dios que los mortales han formado le cercan de la duda los abrojos, y nada más horrible que la duda… ¡Feliz aquél que tras la fe se escuda!. Yo en los templos, al pie de los altares, quería hallar a Dios, oyendo misas, y escuchando monótonos cantares del incienso entre nubes indecisas.

Envidiaba a los hombres que, a millares, escuchaban con plácidas sonrisas, las historias de luengas tradiciones, de milagros, de santos y visiones. Los envidiaba, sí; porque en mi anhelo yo no encontraba a Dios en mi agonía; un mito para mí fue siempre el cielo, y el purgatorio estafa y mercancía; buscando a mi dolor algún consuelo crucé los mares, y en tan fausto día, al contemplar el piélago profundo rendí homenaje al hacedor del mundo.

Encontré a Dios en medio de los mares, en sus noches tranquilas y serenas, dejé de recordar mis patrios lares y olvidé mis dolores y mis penas; yo no había visto a Dios en los altares más lo hallé de la playa en las arenas, en las montañas de nevada espuma y en las rocas veladas por la bruma.

Al conocer de Dios el poderío y al comprender su sabia omnipotencia, hallé en la humanidad un gran vacío: que la unidad faltaba a esta existencia. Entre honores y glorias, vi al impío, y a la virtud sumida en la indigencia, y dije: la creación es una obra en donde un algo falta, o algo sobra. ¿Por qué unos gozan mil y mil placeres y otros sufren tormentos sin medida? ¿Por qué, Señor, distingues a los seres, para uno muerte, y para otro vida? ¿Por qué a los miserables los prefieres dándoles recompensas inmerecidas? ¿Y en tanto un alma pura y delicada, no encuentra la felicidad soñada?

Tú que diste perfumes a las flores, y a las eternas olas su murmullo, y al refulgente sol sus resplandores, y a enamorada tórtola su arrullo, y a las aves plumaje de colores, y al gusano de seda su capullo, ¿Cómo hiciste al hombre desgraciado, cuando tu misma esencia lo ha formado?

Estas quejas al viento yo lanzaba, cuando escuché una voz, pura y suave, que estas sentidas
frases murmuraba: «Dios ha querido que tu duda acabe; si ves la humanidad gimiendo esclava, sufriendo una expiación penosa y grave, no creas que retrocede en su adelanto, la perfección se riega con el llanto».

«Recuerda de Jesús la triste historia, que diez y nueve siglos han pasado, y aún los hombres veneran su memoria, y sus leyes al mundo han dominado; pues con la muerte conquistó su gloria; y el que fue escarnecido y humillado, ¡Ha sido de la Tierra el gran profeta, el regenerador de ese planeta!».

«No pienses que en la tumba está la muerte porque ves disgregarse la materia, nada en la Tierra permanece inerte, todo circula por distinta arteria; en mi revelación vengo a ofrecerte, la causa que da efecto a la miseria: porque Dios en su justa omnipotencia para ninguno tiene preferencia».

«A cada cual le da lo que ha ganado; al Espíritu dio libre albedrío, y éste por sus antojos dominado vive según su loco desvarío: para el progreso eterno destinado, prefiera el lodazal, o el limpio río, que dure años o siglos su jornada,
hacia el Todo camina, no a la Nada».

«Hay mundos mil y mil donde los seres encuentran elementos de arte y vida, mezclados con acerbos padeceres, armonía universal comprendida: pues si fueran eternos los placeres sería su sensación desconocida; y tienen peso igual en la balanza, la realidad del bien y esperanza».

«La esperanza es la voz de las edades y es el Espiritismo su idioma, manantial de las lógicas verdades que en la fuente de Dios raudales toma, consuela vuestras mil penalidades, astro de luz que en el oriente asoma: y es el Espiritismo la gran ciencia que os puede definir vuestra existencia».

Cesó la voz de modular sonido, latió mi corazón, sentí en mi mente brotar los  pensamientos confundidos cual brota del volcán su lava hirviente; la luz fue penetrando en mis sentidos, comprendí la justicia Omnipotente, y vi que la creación es una obra que nada le hace falta ni le sobra.

¡Humanidad que vives sumergida en las más dolorosas indiferencias, y que por tu ignorancia eres deicida; reconoce y admira a gran ciencia, que descifra el problema de la vida demostrando el por qué de esta existencia, y el pasado, el presente y el mañana, las tres edades de la raza humana! ¡Que presentan cien mil generaciones en sus dioses, sus ritos y misterios, en las ruinas de pueblos y naciones, y en los bosques, primeros monasterios, las sectas de diversas religiones, que existen en distintos hemisferios, los mundos que en su eterno movimiento obedecen a un solo pensamiento! ¡Atrás los orgullosos que blasonan de haber marcado al tiempo una medida, para el tiempo no hay límite prescrito, porque éste, como Dios, infinito!

Amalia Domingo Soler
Extraído del libro «La luz que nos guía»

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