Sobre los animales

emmanuel2Con el desarrollo de las ideas espiritualistas en el mundo, se torna un estudio obligatorio, y para todos los días, el gran problema que implica el drama de la evolución anímica.

¿Habría sido el alma creada en el momento de la concepción, en la mujer, según las teorías antireencarnacionista? ¿Cómo será la preexistencia? ¿El espíritu ya es creado por la potencia suprema del Universo, apto para ingresar en las filas humanas?

Y los pensadores se vuelven para los personajes eminentes del pasado. Las autoridades católicas se valen de Tomás de Aquino, que creía en la creación del alma en el periodo de tiempo que precede al nacimiento de un nuevo ser, olvidando a los grandes padres de la antigüedad, como Orígenes, cuya obra es una prueba eterna a favor de las verdades de la preexistencia.

Otras doctrinas religiosas buscan la opinión falible de su ortodoxia y de sus teólogos, resistiendo en aceptar las realidades luminosas de la reencarnación.

Pascal, escribiendo en la adolescencia su tratado sobre las cónicas, e innúmeros Espíritus de élite, elaborando con su genialidad precoz en las grandes tareas para las cuales fueron llamados a la Tierra, constituyen una prueba elocuente, a los ojos de los menos perspicaces y de los estudiosos de mentalidades tardías en el raciocinio, en pro de la verdad reencarnacionista.

El hombre actual recuerda instintivamente sus labores y sus observaciones del pasado. Su existencia de hoy es la continuación de cuanto efectuó en los días pasados. Las conquistas de ahora representan la suma de sus esfuerzos de antaño, y la civilización es el gran taller donde cada uno deja inalterable la propia obra.

La sombra de los inicios

Se contempla, pues, hasta hoy, la sombra de los inicios como noche insondable sobre los abismos.

Los desencarnados de mi esfera no se libran, por ahora, del socorro de las hipótesis. La única certeza obtenida es la de la inmortalidad de la vida y como no es posible observar la esencia de la sabiduría, sin iniciativas individuales y sin ardorosos trabajos, discutimos y estudiamos las nobles cuestiones que, en la Tierra, preocupaban nuestro pensamiento. Uno de esos problemas, que más asombra por su singular transcendencia, es la de los orígenes.

Si en la Tierra el progreso humano se verifica, a través de dos caminos, el de la Ciencia y el de la Revelación espiritual, aun no encontramos, en identidad de circunstancias, en nuestra evolución relativa, ningún camino estrictamente científico para determinar el Alfa del Universo, sino la de las hipótesis plausibles. Con todo, saturada de la más profunda comprensión moral, copiosa es nuestra fuente de revelaciones, la cual constituye para nosotros un elemento granítico, sirviendo de base a la sabiduría de mañana.

Los animales, nuestros parientes cercanos

Si bien hay en el propio circulo de los estudiosos de los espacios, el grupo de los opositores de las grandes ideas sobre el evolucionismo del principio espiritual a través de las especies, soy de los que lo estudian, atento y cariñosamente.

Eminentes naturalistas del mundo, como Charles Darwin vislumbran grandiosas verdades, llevando a efecto preciosos estudios, los cuales, además, se perjudicarán por el excesivo apego a la ciencia terrena, que se modifica y se transforma, con los propios hombres; y, dentro de mis experiencias, puedo afirmar, sin muestras de dogmatismo, que procedente de la flora microbiana, en siglos remotísimos, no podremos precisar donde se encuentra la punta de las especies o de la escala de los seres, en el pentagrama universal. Y, como el objetivo de esta charla es la del estudio de los animales, nuestros hermanos inferiores, me siento con la necesidad de declarar que todos nosotros ya nos debatimos en su estrecho círculo evolutivo. Son ellos nuestros parientes cercanos, a pesar de la obstinación de cuantos persisten en no reconocerlo.

Se considera, a veces, como enfrentar el género humano la aceptación de esas verdades. Y se pregunta cómo podríamos admitir un principio espiritual en las arremetidas furiosas de las fieras salvajes, o cómo podríamos creer en la existencia de un río de luz divino en la serpiente venenosa o en la astucia traicionera de los carnívoros.
Semejantes averiguaciones, con todo, son hijas de entendimiento poco esmerado.

Actualmente, precisamos modificar todos nuestros conceptos acerca de Dios, dado que no tenemos autoridad para definirlo o individualizarlo. Dios Existe.

He aquí nuestra luminosa afirmación, sin poder, todavía, clasificarlo, en su esencia. Los que nos preguntan por esa forma, olvidan las historias de calumnias, de homicidios, en el centro de las perversidades humanas. Para que el hombre se conservase en esa posición especial de perfectibilidad, dentro del planeta donde fue llamado a vivir.

Tal no se verifica y, diariamente comentáis los dramas dolorosos de la Humanidad, los asesinos, los infanticidios detestables, efectuados en circunstancias en las cuales, muchas veces, las facultades imperfectas de los irracionales obrarían con mayor benignidad y clemencia, dando muestras de mejor conocimiento de las leyes de amor que rigen el mecanismo del mundo.

El alma de los animales

Los animales tienen su lenguaje, sus afectos, su inteligencia rudimentaria, con atributos innumerables. Son ellos los hermanos más cercanos del hombre, mereciendo, por eso, su protección y amparo. Sería difícil al médico forense determinar, en las manchas de sangre, cual pertenece al hombre o al animal, tal la identidad de los elementos que la componen. La organización ósea de ambos es casi la misma, variando solo en su conformación y observándose diminuta diferencia en las vértebras. El hombre está para el animal, simplemente como un superior jerárquico.

En los irracionales se desarrolla igualmente las facultades intelectuales. El sentimiento de curiosidad es, en la mayoría de ellos, altamente avanzado y muchas especies nos demuestran sus elevadas cualidades, ejemplificando el amor conyugal, el sentimiento de la paternidad, el amparo al prójimo, las facultades de imitación, el gusto de la belleza. Para verificar la existencia de esos fenómenos, basta que se ponga un sentimiento acurado de observación y de análisis.

Innúmeros espíritus trajeron a la luz el fruto de sus pacientes indagaciones, que son para vosotros elementos de innegable valor. Entre muchos, citaremos Darwin, Gratiolet y varios otros estudiosos dedicados a esos notables problemas.

Los más feroces animales tienen con la prole ilimitada ternura. Aves existen que se dejan matar, cuando no se les permite la defensa de sus familias. Los perros, los caballos, los monos, los elefantes dejan entrever apreciables cualidades de inteligencia.

Es conocido el caso de los caballos de un regimiento que masticaban el heno para uno de sus compañeros, inutilizado y enfermo.

Se cuenta que una hembra de cinocéfalo, muy conocida por su mansedumbre, le gustaba recoger los monitos, los gatos y los perros, de los cuales cuidaba con desvelado cariño; cierto día, un gato atacó a su benefactora, arañándole el rostro, y la madre adoptiva, revelando la más reflejada inteligencia, le examinó las patas, cortándole las uñas puntiagudas con los dientes.

Constituye un hecho observable la sensibilidad de los perros y de los caballos al elogio y a las reprimendas.

Lejos iríamos con las citaciones. Lo que podemos asegurar es que, sobre los mundos, laboratorios de la vida en el Universo, todas las fuerzas naturales contribuyen para el nacimiento del ser.

Todos somos hermanos

De milenios remotos. Vinimos todos nosotros, en pesados avatares. De la noche de los grandes principios, aun insondable para nosotros, emergimos para el concierto de la vida.
El origen constituye, para nuestro relativo entendimiento, un profundo misterio, cuya solución aun no nos fue posible alcanzar, pero sabemos que todos los seres inferiores y superiores participan del patrimonio de la luz universal.

¿En qué esfera estuvimos un día, esperando el despertar de nuestra racionalidad  Desconocéis aun los procesos, los modismos de esa transición, etapas recorridas por las especies, evolucionando siempre, buscando la perfección suprema y absoluta, pero sabéis que un lazo de amor nos reúne a todos, delante de la Entidad Suprema del Universo.

Es cierto que el Espíritu jamás retrocede, constituyendo una infantilidad las teorías del metempsicosis de los egipcios, en la antigüedad. Pero, si es imposible el regreso del alma humana al círculo de la irracionalidad, recibid como obligación sagrada el deber de amparar a los animales en la escala progresiva de sus posiciones variadas en el planeta.
Extended hasta vuestra concepción de solidaridad y vuestro corazón comprenderá, más profundamente, los grandes secretos de la evolución, entendiendo los maravillosos y dulces misterios de la vida.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Emmanuel”
Traducido por Jacob

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