Significado del sufrimiento en la vida

joannaPara expresarse mejor, el amor irrumpe de formas diferentes, convidando a la reflexión en torno a los valores existenciales. Mucho del significado que se caracteriza por el poder – mecanismo dominante de la realización del ego- desaparece, cuando el amor no está presente, llenando el vacío existencial. Esa ansia de acumular, de dominar, que atormenta en cuanto complace, se torna una proyección de inseguridad intima del ser que se enmascara de fuerza, escondiendo la fragilidad personal, en mecanismos escapistas injustificables que más postergan y dificultan la auto realización.

La pérdida de la tradición es como un tirar de la alfombra en el cual se apoyan los pies de barro del individuo que se cree como el rey de la creación y, súbitamente se encuentra destituido de la fuerza de dominación, ante el desaparecimiento de algunos instintos básicos, que vienen siendo substituidos por la razón. El discernimiento que conquista es portador de más vigor de lo que la brutalidad de los automatismos instintivos, pero solamente, poco a poco, es el inconsciente que asimilará esa realidad, que partirá de la consciencia para lo más profundo de la psique.

En esta transformación – la metamorfosis que se opera de rastrear en lo primario para ascender al raciocinio – el sufrimiento se manifiesta, ofreciendo un nuevo tipo de significado y de propósito para la vida. Imposible de ser evitado, se torna imperioso ser comprendido y aceptado, ya que su aguijón produce efectos correspondientes a la forma porque se deba aceptarlo. Cuando explota, la rebeldía se torna una sensación a salvajada, dilacerante, que mortifica sin someter, hasta el momento en que, racionalmente aceptado, se hace instrumento de purificación, estímulo para el progreso, recurso de transformación interior.

Al abrir la flor, rompiendo el claustro donde se ocultan el perfume, el polen, la vida, es una forma de despedazar, que ocurre, sin embargo, en el momento propio para la armonía, preservando la estructura y el contenido, a fin de repetir la especie.

El parto que proporciona vida es también un doloroso proceso que permite la dilaceración. El sufrimiento, por tanto, sea cual sea, demuestra la transitoriedad de todo y la respectiva fragilidad de todos los seres y de todas las cosas que los rodean, alterando las expresiones existenciales, perfeccionándola y ampliándoles las resistencias, los valores que se consolidan.

En su primera faceta demuestra que todo pasa, inclusive, su presencia dominante, que cede lugar a otras expresiones emocionales, nada perdurando indefinidamente. En la otra vertiente, la adquisición de la resistencia solamente es posible mediante el choque, la experiencia por la acción.

El ser psicológico sabe de esa realidad, identifica el suyo, pero el ego lo arrebata, fiel al atavismo ancestral de sus instintos básicos. El sufrimiento constituye, de ese modo, un desafío evolutivo que es parte de la vida, así como la anomalía de la ostra produce la perla. Aceptarlo con resignación dinámica, a través de un lúcido análisis, y bien direccionado es proporcionarse un sentido existencial estimulante, responsable por más crecimiento interior y mayor valorización lógica de sí mismo, sin narcisismo sin utopías.

Todos los individuos, una o más veces, son convidados al enfrentamiento, sin enfermedades grabes o irreversibles, con dramas inabordables, con situaciones personales casi insoportables, enfrentando el sufrimiento. La reacción irracional contra lo que ocurre, la empeora, alucina o entorpece los centros de la razón mientras que la comprensión natural, la aceptación tranquila, proporciona la oportunidad de conseguir el valor supremo de ofrecerse para la conquista del sentimiento más profundo de la existencia.

La muerte, la enfermedad, los desastres económicos, los dramas morales, los fracasos afectuosos, la soledad y tantas otras consecuencias perturbadoras, porque inevitables, produciendo sufrimiento, deben ser recibidas con disposición activa para experimentarlas. Para algunos de esos acontecimientos ninguna palabra puede diluirle los efectos.

Solamente la interacción moral, la confianza en Dios y en sí mismo para la convivencia feliz con sus resultados. Esta disposición nace de la madurez psicológica, del equilibro entre comprender, aceptar y vivenciar. Aquellos que no los soportan, entregándose a lamentaciones y silicios íntimos, permanecen en estado de infancia psicológica, sintiendo la falta de la madre muy protectora que los aliviaba de todo, que todo soportaba en vanas tentativas de impedirles la experiencia de desarrollo evolutivo.

La aceptación, del sufrimiento como significado existencial y propósito de vida, no se torna una cruz masoquista, pero se transforma en alas de liberación de la cárcel material para la conquista de la plenitud del ser.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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