Violencia y perdón

chicoCartas a sus familiares del Espíritu José Eduardo Jorge, psicografíadas por Francisco Cándido Xavier, con notas e identificaciones que Comprueban el contenido de las dos comunicaciones. Mientras la Familia Jorge, de Riberão Preto, SP, Brasil, ultimaba los preparativos para la fiesta de la partida de fin del año 1979 y la entrada de 1980, nadie podría esperar que en aquella noche de tanta alegría, el joven José Eduardo partiera para el Más Allá, víctima de la agresión de un grupo de asaltantes.

Año Nuevo, vida nueva…

Sí, tres meses después del desdichado acontecimiento, él regresó a través de la psicografía de Chico Xavier, consolando y esclareciendo a su familia, mostrándose recuperado de la inesperada desencarnación y tranquilo en su nueva vida, la Vida Espiritual. A lo largo de sus mensajes, se intuye fácilmente que la tranquilidad manifestada es el reflejo perfecto del entendimiento y aceptación de las Leyes Divinas, cuando él afirma: “Si pasé por la prueba que me retiró del cuerpo, eso fue una señal de que la Providencia Divina me concedió la oportunidad de sanear mis cuentas pagando mis débitos”; y consecuentemente también de la elevada comprensión ante la agresividad de sus verdugos, perdonándolos incondicionalmente, al decir: “Dios habrá de amparar a los hermanos que me impusieron la pérdida del cuerpo material, así como nos viene amparando a todos nosotros”.

Querida Madre Lourdes, me agrego a su corazón querido con el de Papá Nagib en este instante en que les dirijo esta ligera carta. Les pido que me ayuden a olvidar lo que pasó. Somos cristianos y personas de fe en Dios. Si pasé por la prueba que me retiró del cuerpo, eso es señal de que la Providencia Divina me concedió la oportunidad de saldar mis débitos referentes al caso en el que me vi envuelto.

Cuando dejé a mi hermano Nagib Jorge Filho esperándome, mientras acompañaba a una joven que dijo estar en dificultades para socorrer a su madre, supuestamente hospitalizada, lejos estaba de imaginar que yo no la conducía, y sí era dirigida a la prueba y que, por la influencia de hermanos infelices, perdí el cuerpo en un asalto que no deseo recordar.

Crea Mamá, que yo estaba pensando en el Año Nuevo y en el bien que se debe hacer a los que luchan más que nosotros mismos. Esas ideas fueron para mí iguales a las plegarias que me libraron del miedo y de la angustia. No sentí ningún dolor. Apenas sé que desperté en el regazo de la abuela Rosa, que me hablaba de Jesús. Al comienzo, tuve un impulso de quejarme. Pero ella me pedía que recordase a Jesús el Cristo de Dios. ¿Qué habría hecho Él, Nuestro Señor, para ser asaltado públicamente, apedreado y llevado a la Cruz? Esos generosos recuerdos hicieron que me acordara de sus propias enseñanzas, cuando usted nos auxiliaba a pronunciar de rodillas el nombre de Dios. Entonces, en vez de amargura
y resentimiento, me compadecí de los hermanos que ciertamente, eran constreñidos por la necesidad de atacar a sus semejantes, y agradecí a Dios por haber nacido en una casa en la que nuestra mesa fue abundante y en la cual el cariño de los padres queridos era transformado constantemente, en utilidades y beneficios a nuestro favor.

Pido a Papá Nagib que piense de ese modo, a fin de que la paz se haga en todos. Tengo a los hermanos aguardando el futuro y no deseo que ellos vayan a recordar mi ausencia con ningún sello de crueldad de nuestra parte. Dios ha de amparar a los hermanos que me impusieron la pérdida del cuerpo, al igual que nos viene amparando a todos nosotros.  Roguemos Mamá al Cielo, para que no haya crimen en el mundo en nombre de las necesidades que no deberían de existir.

Gracias a Dios, estoy tranquilo y pido a los Mensajeros de Bien que socorran a los compañeros que estaban fuera de sí mismos, cuando no consiguieron preservar mi existencia. Todo obedece a las Leyes de Dios que nos piden amor y auxilio de unos para con los otros.

Queridos Padres, bendíganme y guarden, con mis hermanos, el corazón reconocido del hijo, que tanto les debe y que nunca les olvidará.

José Eduardo Jorge

Notas e identificaciones:

1- Psicografía de Francisco Cándido Xavier, en reunión pública del GEP, Uberaba, 5/4/1980.
2- Mamá y Papá – María de Lourdes Benetti Jorge y Nagib Jorge.
3- Dejé a Nagib – Se refiere a su hermano Nagib Jorge Filho.
4- Abuela Rosa – Rosa Zapparoli Benetti, abuela materna, desencarnada en la ciudad de Brodosqui, SP. Brasil, en 1934.
5- José Eduardo Jorge – (Riberón Preto, 1957-1979), siempre fue alegre y comunicativo. Un estudiante dedicado que había aprobado la Tercera Serie de la Facultad de Ingeniería de Barretos, SP. Brasil.

Segunda carta

Querida Mamá, estoy uniéndola a Papá en pensamiento, para un abrazo con mi pedido de bendición. Madrecita Lourdes, lo que restó de la aventura del Año Nuevo, es nuestra conciencia tranquila para con Dios. Estamos con esas deudas canceladas. Si fui víctima de hermanos infelices, que me sitiaron con revólveres, y si la propia jovencita a quien ofrecí el aventón en el automóvil, creyendo que le ofrecía una alegría en la víspera de Año Nuevo, me liquidó el cuerpo, después de descender y reunirse al grupo de los hermanos que la esperaban, eso quiere decir que mi deuda habrá sido ante alguna hermana nuestra, en el pasado, sobre la cual no tengo aún suficiente memoria para profundizar en el tiempo.

Estoy satisfecho. La tristeza pasaría a morar con nosotros si fuésemos aquellos compañeros acreedores de nuestras oraciones. A propósito, agradezco sus oraciones a favor de los hermanos para quien, de mi lado, pido igualmente la protección de Jesús. Estamos contentos.

Venimos, -abuela Azora, abuela Rosa y el tío Bocha- en una caravana de paz, aprendiendo con nuestros Benefactores lo que se debe hacer para que siempre hagamos el bien, y por eso, no hay motivos para lágrimas.

Pido que le digan a Nagib, a Eloísa Helena y a Antonio Francisco que no los olvido y que formulo votos por la felicidad y paz de todos. Madrecita Lourdes, informo a nuestra querida Ivonne que el tío Crispín vino también con nosotros y les deja muchos grandes abrazos de añoranza y saudades. Todo sigue bien, porque con la bondad de Dios, queremos únicamente el bien.

Querida Madre Lourdes, con mi Padre y con todos en casa, les pido que reciban el corazón reconocido de su hijo, siempre más suyo ante Dios.

José Eduardo Jorge

Nota e identificaciones:

6 – Psicografía de Francisco Cândido Xavier, GEP, Uberaba, 24/10/1980.
7 – Abuela Azora – Azora Jorge, abuela paterna, fallecida hace 19 años.
8 – Eloísa Helena y Antonio Francisco, Hermanos.
10 – Ivonne – Ivonne Benetti Tavares, tía materna, casada con Juan Crispín Tavares, fallecido hace más de 10 años.

(Extraído de la obra “Estamos en el Más Allá)

Anuario Espirita 2016

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