Mediumnidad mental

orsonpetercarraraEl recogimiento interior facilita el intercambio. Allan Kardec publicó en su Revista Espírita,  de marzo de 1866, con el título que igualmente utilizamos en la presente exposición, una  correspondencia recibida de Argelia, a la cual añade sus siempre ponderados y bien fundamentados comentarios. El asunto, inclusive, fue llevado a debate en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, lo cual permitió que los Espíritus transmitiesen algunas instrucciones, que él igualmente publicara en la edición referida anteriormente.

Escribe el corresponsal: “[…] Permanezco algunos minutos a la espera, como después de una evocación. Entonces, siento la presencia del Espíritu por una impresión física y luego surge en mi pensamiento una imagen que me hace reconocerlo. Se establece la conversación mental, como en la comunicación intuitiva, y ese género de diálogo tiene algo adorablemente íntimo. Muchas veces, mi hermano y mi hermana encarnados me visitan, acompañados por mi padre y mi madre, del mundo de los Espíritus. […]”

Y comenta el Codificador, con toda su claridad: “Esta mediumnidad, a la cual damos el nombre de mediumnidad mental, ciertamente no es la más adecuada para convencer a los incrédulos, porque nada tiene de ostensiva, ni tampoco de esos hechos que hieren los sentidos. Es toda para la satisfacción de quien la posee. Pero también es preciso reconocer que se presta mucho a la ilusión y que es el caso de desconfiar de las  apariencias. En cuanto a la existencia de la facultad, no podría ponérsele en duda. Incluso pensamos que debe ser la más frecuente, porque es muy considerable el número de personas que, en vigilia, sufren la influencia de los Espíritus y reciben la inspiración de un pensamiento, que sienten que no es el suyo. La impresión, agradable o penosa, que a veces se siente a la vista de alguien que se encuentra por primera vez; el presentimiento de la aproximación de una persona; la penetración y la transmisión del pensamiento, son otros tantos efectos debidos a la misma causa y que constituyen una especie de mediumnidad, que se puede decir universal, pues cada uno posee, al menos, los rudimentos. Mas, para experimentar sus efectos más destacados, es necesaria una aptitud especial, o mejor, un grado de sensibilidad más o menos desarrollado, conforme a los individuos. […]”

De las instrucciones sobre el asunto, recibidas de los Espíritus, encontramos cuatro publicadas en la Revista Espírita. La primera de ellas está firmada por el Espíritu H. Dozon (médium: Sr. Delanne) y presenta los siguientes comentarios: “Es posible desarrollar el sentido espiritual, como diariamente se ve desenvolver una aptitud para un trabajo constante. Ahora, sabed que la comunicación del mundo incorpóreo con vuestros sentidos es constante; ella se da a cada hora, a cada minuto, por la ley de las relaciones espirituales. […] Constantemente están a vuestro lado; ellos os vigilan; vuestros familiares os inspiran, os suscitan pensamientos, os guían; os hablan y os aconsejan; protegen vuestros trabajos, os ayudan a elaborar vuestros designios; anotan vuestras buenas resoluciones, luchan cuando lucháis. […] ¡Oh! No, jamás neguéis vuestra asistencia diaria; jamás neguéis vuestra mediumnidad espiritual. […]”

Ya el segundo mensaje, firmado por un Espíritu Protector (Médium: Sra. Causse), trae la siguiente enseñanza: “Sí, ese género de comunicación espiritual es realmente una mediumnidad, como además tenéis aun otras que constatar, en el curso de vuestros estudios espíritas. Es una especie de estado cataléptico, muy agradable para quien lo experimenta. Proporciona todas las alegrías de la vida espiritual a el alma prisionera, que encuentra ahí un encanto indefinible que le gustaría experimentar siempre. Pero es preciso volver de cualquier modo. Es semejante al prisionero, al cual le permiten tomar aire en un prado, el alma entra oprimida, forzada en la célula humana. […] Esa mediumnidad existe en el estado inconsciente en muchas personas. Sabéis que hay siempre, cerca de vosotros, un amigo sincero, siempre pronto a sustentar y a entusiasmar a aquel cuya dirección le es confiada por el Todopoderoso. No, mis amigos, ese apoyo no os faltará jamás; no obstante, os corresponde saber distinguir las buenas inspiraciones entre todas las que chocan en el laberinto de vuestras conciencias. […]”

El tercer mensaje está firmado por San Luis (Médium: Sra. Delanne) y esclarece: “Ya os fue dicho que la mediumnidad se revelaba por diferentes formas. La que vuestro presidente calificó de mental está bien llamada. Es el primer peldaño de la mediumnidad vidente y parlante. […] mientras que el médium mental puede, si estuviese bien formado, dirigir preguntas y recibir respuestas, sin el intermediario de la pluma o del lápiz, más fácilmente que el médium intuitivo. Porque aquí, el Espíritu del médium, está más desprendido, es un intérprete más fiel. Pero, para esto, es necesario un ardiente deseo de ser útil, trabajar haciendo el bien con un sentimiento puro, exento de todo pensamiento de amor propio y de interés. De todas las facultades mediúmnicas es la más sutil y la más delicada: el menor soplo impuro basta para mancharla. Solo en esas condiciones es que el médium mental obtendrá pruebas de la realidad de las comunicaciones. […]”

Y, finalmente, el último mensaje, firmado por Luis de Francia (Médium: Sra. Breul), que nos trae la siguiente enseñanza: “Seguramente mis amigos, la mediumnidad, que consiste en conversar con los Espíritus, como con personas que viven la vida material, se desarrollará más a medida que el desprendimiento del Espíritu se efectúe con mayor facilidad por el hábito del recogimiento. Cuanto más avanzadas moralmente fueren las Almas, mayores serán las posibilidades facilidad de comunicarse. […]”

Ahora bien, toda esta transcripción, con su belleza textual y, al mismo tiempo, fuente de tan amplios esclarecimientos, no tiene otro objetivo sino destacar que estamos siempre amparados por la Bondad Divina a través de la presencia cariñosa de los buenos Espíritus. E, igualmente, que podemos, sí, buscar la inspiración, la orientación superior, por nosotros mismos, a través del recogimiento mental y del perfeccionamiento moral que nos aproximen a ellos.

Nadie está desamparado, solo, o abandonado. Todos estamos envueltos en las vibraciones de amor de aquellos que nos acompañan y orientan desde el Plano Espiritual. Sin embargo, por nuestra parte, tenemos el deber de perfeccionarnos moral e intelectualmente, para que podamos, con mayor claridad, captar las suaves y consoladoras instrucciones, que siempre nos son transmitidas.

Nota del Autor: todas las transcripciones son parciales; por ello, siempre que fuese posible, recomendamos la consulta íntegra del texto, directamente en la Revista Espírita, en la edición referida.

Orson Peter Carrara

Anuario Espirita 2016

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