La muerte no existe

divaldoLa sociedad progresa por ciclos, se cierra un ciclo y se inicia otro. Un ciclo es dedicado a la tecnología, otro a la ética, otro al sentimiento, y de esa forma vamos evolucionando, pero la muerte a todo conquista. Y dice Léon Denis: –¿Donde están las evocaciones del Imperio Romano, después de haber conquistado Grecia, sometido la Hélade al poder de las tropas de las legiones? Quedaron de aquellos momentos, la filosofía, los restos estoicos de Atenas y las canciones de Esparta en el sentido belicoso. ¿Y de Roma? De Roma la parte histórica del Foro, el Coliseo, un recuerdo doloroso de los mártires y hoy Roma continúa siendo prestigiosa por el poder temporal y espiritual de un ser que pertenece a la Iglesia Católica Apostólica Romana. Y la muerte devora a todos aquellos que tienen vida, produciendo este cambio, la transformación, y constituye un enigma de la filosofía.

Ahora tenemos que pensar si en verdad la vida nada vale o si vale la pena luchar, tener ideales, sustentar estos sentimientos de tendencias superiores, trabajar hasta el sacrificio que inmortalizó la Madre Teresa de Calcuta, que inmortalizaron los grandes poetas, los músicos, los mártires, los científicos que han perdido la vida haciendo experimentos para salvar otras vidas. Ignác Semmelweis, el extraordinario padre de la asepsia, se muere contaminado por tantas tentativas para encontrar una forma de defendernos de los microbios perturbadores. A la vez Pasteur también pierde la vida ciego, después de haber descubierto las vacunas que han salvado y continúan salvando a miles de millones de criaturas humanas. ¿Vale la pena tener un ideal? La moderna psicología propone: La vida tiene que tener un sentido. Y la psiquiatría impone: Es necesario un significado idealista para que no vengamos a caer en la depresión y en los estados de trastornos emocionales.

Nosotros estamos bajo la espada de Damocles próxima a caerse, y la muerte llevarnos a la nada. ¿Será que la vida termina después de la sepultura? Es el interrogante de todos aquellos que hemos vivido y aún estamos viviendo. La historia, mientras tanto, nos dice que no es así: hay vida. Si nos acordamos, por ejemplo, de hombres y de mujeres extraordinarios, vamos a encontrar en la historia del pensamiento griego, la primera investigación al respecto de la inmortalidad del alma. Esta investigación fue hecha por un hombre dedicado a relatar y constatar los hechos históricos. Él narra, por ejemplo, el caso del rey Creso de Lidia, 17 siglos antes de Cristo, quien recibió la noticia de que su hijo sería sordomudo y que el otro que debería proseguir gobernando el Imperio sería muerto por una lanza. Era, por lo tanto, una profecía. Y esta profecía se cumple de una forma inesperada, obligando a Creso a consultar al oráculo de Delfos, donde obtuvo una respuesta perturbadora, que debería ser él quien haría frente a la invasión de las tropas de Ciro, el gran Rey de Persia que acababa de conquistar Babilonia, Y el ser espiritual, que decía ser el dios Marte, le contestó: Un gran Imperio caerá. Y suponiendo que ese imperio sería el imperio persa, que tomaba cuenta del Mediterráneo, él fue a la batalla y allí fue derrotado por las tropas de Ciro, constatándose que hay en la naturaleza humana una peculiaridad que es penetrar en el mundo invisible. Desde aquel periodo en que no se conocía nada de ética, no se tenía aún escrita la historia de la humanidad, es la primera investigación parapsicológica, porque Creso cree y la historia registra que todas las informaciones de los dioses se concretaron.

Posteriormente, otro filósofo, dedicado a narrar los hechos históricos de la humanidad, sin tener creencia ninguna, narra un hecho muy especial. En el día 16 de septiembre del año 96, en Éfeso, Apolonio de Tiana, un anciano profeta, filósofo, estaba dictando una charla en un circo griego cuando súbitamente fue dominado por un trastorno, una complicación de conciencia que hoy se llamaría un estado alterado de conciencia, y mirando a la muchedumbre dijo: “En este momento, en Roma, está siendo asesinado el emperador Tito Flavio Domiciano. Lo veo, está en una litera, el criminal saca un puñal y se lo clava muchas veces.” Pasaron los días y una semana después llegaron las primeras embarcaciones provenientes de Roma, que confirman que aquel día 16 de septiembre, a las nueve de la mañana en Roma, el emperador fue asesinado a puñaladas conforme describiera este notable místico, que podía ver en la distancia. Y la historia apuntó de una forma incontestable por el autor Filóstrato.

En el año 1321 se muere Dante Alighieri, dejando publicada La Divina Comedia. Un mes después, su hijo Jacopo, estando dormido tiene un sueño en que su padre se le presenta y le dice que la obra no está totalmente concluida, que vaya a la casa de su abogado, que lo despierte y que lo lleve hasta la residencia donde se ha muerto el poeta. Se despierta y ve cómo su padre se deshace ante su mirada como si fuese niebla, va a la casa del abogado y los dos van a la residencia de Dante. Quitan de la pared del comedor un telón y detrás encuentran un cofre, lo abren y encuentran dentro los trece cantos de La Divina Comedia. Esta obra había sido publicada en parte, El Infierno y El Purgatorio, pero El Cielo, que fuera dictado prácticamente por Beatrice, aquella que hace feliz, estaba intacto. A partir de ese momento se publica la parte final de La Divina Comedia, demostrando que un fenómeno mediúmnico completó una de las obras más grandiosas de la humanidad. Si no fuera por Dante, retornando de la tumba para pedir al hijo que fuera a buscar esos cantos, se habría perdido esta notable obra latina al respecto de los mundos espirituales, de los dolores sin término, de los dolores relativos y del esplendor del Cielo.

Pero más interesante que eso, es que en el día 7 de octubre de 1571 está reunido el Papa Pío V ante el Concilio, y él se levanta y abre la ventana. Eran las cinco de la tarde. Cuando abre la ventana empieza a decir: “Estoy viendo la batalla de Lepanto en el Golfo de Corinto, y veo que Don Juan de Austria, nuestro jefe, es victorioso. Veo la bandera blanca en una embarcación, miles de prisioneros, otros que huyeron abandonando Europa de una vez para siempre. Veo miles de esclavos ¡Aleluya! Paremos todos, vamos a celebrar Te Deum, vamos a cantar, vamos a sonreír, vamos a pedir que Roma exulte, la victoria es nuestra, de la Iglesia Romana”. Y todos en aquella sala mirando al Papa, que era ya un anciano, suponen que ha enloquecido, porque ¿cómo podría estar en Roma y tener una visión de algo que estaba sucediendo en Corinto a casi mil millas de distancia? Y el Papa ordena que se abran todas las iglesias. La alegría tomó cuenta de la ciudad, se celebraron los Te Deum, las campanas tocan, hay una felicidad que se demora por varios días. Y después, los romanos, que son muy pícaros, empezaron a decir que el Papa había enloquecido, que tuvo una alucinación, porque Don Juan de Austria no mandaba ninguna embarcación para confirmar o negar la información del Papa. Diez días después llega al puerto de Ostia una galera mandada por Don Juan de Austria, narrando que el día 5, diez días antes en aquella hora del atardecer, la victoria de Roma sobre los moros fuera total. Y este ejemplo es narrado por un cardenal vinculado a su santidad. Este es un hecho histórico ¿Cómo podría este hombre tener una visión detallada de una batalla que fue considerada la más notable batalla naval de la historia de la humanidad hasta la Primera guerra mundial?. Es inevitable que estamos ante un hecho paranormal, de una clarividencia, de una visión a distancia.

Todavía es más interesante recordarnos de un día de septiembre del año 1756, cuando Swedenborg, un sabio sueco, el más notable sabio sueco del siglo XVIII, estando en la ciudad de Göteborg, que está distante de Estocolmo 508 km, estaba recibiendo un homenaje y súbitamente se queda pálido y dice: “¡Qué desgracia, Estocolmo está siendo devorada por las llamas, yo veo la ciudad arder, las personas corriendo transformadas en antorchas vivas, yo veo la ciudad destruida, los gritos, los lamentos, las destrucciones de toda naturaleza, yo veo este horror!” Y las personas, en el banquete, se quedan sorprendidas, porque él estaba ahí, tan distante. Dos días después, cuando llegan los correos, narran que en un establo comenzó un incendio que destruyó tres cuartas partes de Estocolmo, demostrando la paranormalidad de Swedenborg. Swedenborg se hace médium. A partir de ese momento tiene visiones, percibe que hay una escalera yendo de la tierra al cielo y que los ángeles transitan hacia abajo y hacia arriba. Y entonces crea una religión “La Nueva Jerusalén”, que todavía permanece. Es un fenómeno mediúmnico dentro de la historia de la humanidad, pero lo más extraordinario de eso es lo que sucede después.

Sin embargo, fue Allan Kardec, este notable misionero de la última hora que logró el más extraordinario fenómeno de la historia de la humanidad: mató a la muerte. La muerte ya no constituye un enigma, porque Gabriel Delanne, estudiando con Allan Kardec, investigando la inmortalidad del alma, pudo constatar como científico que los muertos vuelven para comunicarse con nosotros. A la vez, Allan Kardec, investigando casi mil médiums simultáneamente, constata que hay un mundo real, un mundo de energías, de ideas, y hay un mundo físico, y que este intercambio entre los dos mundos, este progreso que se hace entre las dos diferentes vibraciones, constituye la unidad del mundo. La ciencia, la biología, las doctrinas psicológicas, la física cuántica han demostrado que hay un origen para la vida de naturaleza espiritual, que la muerte es un fenómeno biológico de transformación de partículas, de cambio de moléculas, porque nada se pierde en el universo, todo se transforma. Allan Kardec presenta una doctrina ética que es de las más notables desde el punto de vista del derecho humano. Cuando verificamos el derecho humano en cualquier forma nos recordamos del capítulo noveno del libro El Cielo y el Infierno, código penal de la vida futura, un código de ética para el porvenir, no solamente el porvenir en la Tierra, sino el porvenir en el más allá.

En 1889, fue publicado en París un libro denominado El Subconsciente. Pierre Janet, investigador, después de observar las experiencias del notable padre de la fisiología humana afirma que todos los fenómenos son de doble personalidad, son fenómenos en que nuestros traumas, nuestros recuerdos, nuestros conflictos en determinados momentos de exaltación de la personalidad, asoman como personalidades múltiples o personalidades patológicas. Veamos si tiene razón. Yo hice en mi vida el cursillo normal de profesor de primaria. Mi cultura es muy reducida, porque me he dedicado más al Espiritismo que a otros estudios, y sin embargo, estando en Alemania con un grupo de amigos, hablábamos al respecto de la grandiosidad de la doctrina espírita cuando súbitamente el Espíritu Joanna de Ángelis se me presenta y dice –Pídeles papel y lápiz. Yo supuse que era para que yo tomara algunos apuntes o quizás para poder apuntar una determinación suya, un mensaje para los amigos. Me los trajeron y ella dijo –Vamos a escribir un poco. Yo comencé a escribir, con los ojos cerrados, en trance automático, escribí sin saber qué, y cuando terminé y abrí los ojos, yo no sabía qué era aquello y entonces dijo –¿Qué será? Estaba a mi lado mi traductor al alemán, le pasé el papelito, él lo mira y dice: –Divaldo, es un mensaje en alemán, al revés. Tenía que ponerse un espejo o ponerse a contraluz para poder leerse. Y yo pregunté –¿Qué dice? Era un mensaje de estímulo a este primer grupo de espiritistas que se estaba formando en Alemania en aquel entonces. ¿En qué inconsciente mío estaba la lengua alemana para escribir al modo de hace 200 años, no el alemán actual, sino el alemán antiguo?¿Dónde estaba?¿Qué personalidad mía de naturaleza alemana? Tengo un temperamento latino, alegre, jovial, simple, no tengo ese temperamento germano. Es un fenómeno.

En el Congreso Espírita Mundial en París, estaba hablando el doctor Raúl Teixeira, cuando súbitamente delante del público Joanna me dice: “Coge papel y lápiz” Había encima de la mesa y lo tomamos muy discretamente para que el público no se apercibiera y desviara la atención de Raúl, y tomando la postura, comencé a escribir porque en aquel momento llegaba hacia mí Léon Denis y me decía: –Es un Congreso Espírita, ¿Dónde están los Espíritus? Tenemos que comunicarnos, un congreso espírita debe tener en este momento la presencia de Espíritus para la comunicación. Y escribió una página. Cuando me desperté estaba también suponiendo que era una equivocación y le pasé la página a Néstor, presidente de la Federación Espírita Brasileña, quien se la pasó al presidente de la Unión Espírita Francesa y entonces Roger empezó a leer. Era un mensaje de Léon Denis al revés para leerse también mediante un espejo. Públicamente todo lo que sé de francés es “bonjour”, “merci beaucoup”, esas cositas que incluso los niños saben. Entonces ¿Cómo estaría esto en mi inconsciente? Y lo más extraño es que Roger Pérez tuviera la oportunidad de decir: «Esta mañana, en mi casa, yo le dije a Léon Denis, que es el guía de mi grupo en Tours –¿Donde está Ud. que no viene a darnos un mensaje?» El Espíritu oye y viene a atender a la solicitación del presidente de la institución.

Estaba en Galilea, con un grupo de amigos, y nuestro intérprete era un árabe que hablaba perfectamente el español, le pregunté si frecuentó alguna universidad de España y me dijo que no, que fue a la universidad de Tel Aviv, él hablaba ocho idiomas. Y cuando estábamos allí él nos preguntó: –Vosotros (éramos cinco en el grupo) sois diferentes, porque los grupos vienen aquí durante el día, visitan las iglesias y por la noche visitan las boîtes, las fiestas y vosotros no. No preguntasteis nada de la zona rosa, de los placeres, aquí también tenemos, tenemos los pecados occidentales. ¿Por qué? Le dije: –Porque somos cristianos. –Pero aquellos que vienen en su mayoría son cristianos. Y le contesté: –Pero nosotros somos cristianos diferentes, somos cristianos espíritas. Y él me dijo: –¿Y qué es eso de cristiano espírita? Era lo que yo quería. Y le comencé a hablar, cuando vi un Espíritu, y él, el guía, me dijo: –¿No será locura, alucinación?, porque el Corán prohíbe las comunicaciones con los muertos. Entonces escuché una voz decir: –Mentira, el Corán no prohíbe las comunicaciones con los muertos, pregúntale si tiene papel. Y yo le pregunté si tenía algún papel. Le pedí que me lo sujetara en la pared de piedra, entonces me di la vuelta y el brazo escribió de la derecha hacia la izquierda y yo se lo entregué y él se quedó pálido. –Sr. Divaldo, esto es brujería. Dije: –No me venga con ignorancias y estupidez, Ud. no es un hombre que pueda creer en brujería, es un intelectual, no me venga con supersticiones ¿Qué está escrito ahí? Estaba escrito en árabe: «Nuestra doctrina habla de la inmortalidad. La inmortalidad es la única garantía que tenemos de los valores de Mahoma» y citaba el versículo 14 que era de preferencia suya en la Tierra «Volveremos del más allá y tomaremos otros cuerpos». ¿Qué quiere significar eso? Tenemos la reencarnación. Y estaba firmado con el nombre de su padre. Aquel capítulo era exactamente el texto que su padre decía. Y el hombre se quedó trastornado –No es posible, la letra es de mi papá, es su nombre ¿Cómo es que usted sabe? Yo le dije: «Tú que niegas, explícame, no soy yo quien tiene que explicarte». Es un fenómeno no de mi mente, es un fenómeno de aquellos que vuelven y todos son unánimes en decir que la vida continúa. Esta es la maravilla de nuestra existencia, no hay muerte, el significado de la vida es de una grandeza conmovedora.

He comprendido que nosotros estamos en la Tierra para ayudar, para socorrer, es eso lo que vienen a decir los Espíritus ¡Ellos vuelven! Por más diferentes que seamos, cada quien tiene quien le ama, quien le detesta. De acuerdo con nuestro nivel mental, sintonizamos con los que son buenos, los que nos aman o con los que nos detestan. Y la gran parte de las enfermedades físicas, emocionales, psiquiátricas son de naturaleza espiritual. El ser deudor reencarnado atrae el ser cobrador desencarnado, que entonces le hace sufrir por su ignorancia. Como el Espiritismo es la terapeútica más eficaz que se conoce, en las sesiones especializadas se habla con esos Espíritus rebeldes como se hace en la Tierra con las personas de sentimientos negativos, se consigue hacer que cambien de idea, que dejen la justicia en manos de Dios. Nadie puede hacer justicia con sus propias manos. Y ellos cambian, y al cambiar el paciente se mejora, adquiere la salud, mantiene su dignidad y una vida saludable.

¡Entonces la muerte es vida! Yo veo cuando vamos a iniciar las labores espiritistas cómo llegan esos seres espirituales, cómo nos atienden. Cuando estamos oyendo conferencias, muchos de nosotros enfermos somos beneficiados por ellos. Si oramos, si abrimos la ventana de la aceptación, si nos colocamos en la posición de aceptación, se acercan, aplican pases, intentan hablarnos, nos dan intuiciones, impiden que los Espíritus malos nos perturben. Nosotros tenemos la vida que elegimos, si elegimos una vida saludable los buenos nos ayudarán, si elegimos una vida vulgar estaremos saliendo del mal para otro mal. Entonces es necesario que impongamos a nuestro ser la certeza de la inmortalidad.

La inmortalidad es una bendición de Dios, como dijo Léon Denis en su obra fantástica. Y como el propio Allan Kardec, después de desencarnar viene para confirmar a los amigos de la Sociedad Parisina de Estudios Espíritas que fue recibido por su ángel guardián y que estaba allí para continuar la tarea y ha continuado hasta hoy. Hasta hoy el maestro Allan Kardec prosigue inspirándonos. Los padres del Espiritismo inicial: un Colavida, una Amalia Domingo Soler y tantos otros. Aquí están con nosotros y veo muchos amigos nuestros de los antiguos congresos, desde damas dedicadas de Valencia hasta hombres que dedicaron la vida a divulgar el Espiritismo y la obra de Amalia Domingo Soler, cantando himnos. Como los niños cantaron para nosotros, estos seres cantan himnos de loor en homenaje a nuestras vidas y nos piden que divulguemos el Espiritismo. No tengamos vergüenza de decir alto y en el buen sentido «Yo soy espiritista, yo soy espírita” y nos transformemos en aquellos seres ideales muy bien definidos por Allan Kardec en el capítulo “El Hombre de Bien” en El Evangelio según el Espiritismo.

Todos sabemos que esta es una hora muy difícil. Y la doctrina espírita vino para confortarnos, para hacernos hermanos, para que nos recordemos de los cristianos primitivos, que sentían honor en marchar en dirección del circo, para regalar la vida a la inmortalidad del alma. Aquellos pues que nosotros amamos están cerca de nosotros. Por lo tanto, me gustaría dejar este mensaje: Nosotros que creemos en la inmortalidad del alma adquiramos la felicidad, libertémonos de quejas, de resentimientos, de sentimientos negativos y pensemos en el día en que una asamblea como esta u otra nos volvamos a encontrar. ¡Qué alegría infinita constatar que la vida continúa y que somos felices por el pequeño esfuerzo que hicimos en la Tierra de conducir bien nuestro cuerpo! Amemos al cuerpo, cuidemos de él, no permitamos que los vicios destruyan este equipamiento electrónico perfecto que la divinidad nos dio. Y cuando todo nos parece tiniebla recordemos que la verdad está brillando por detrás de la oscuridad.

(Resumen de la conferencia proferida por Divaldo Franco, cuyo texto completo se encuentra disponible en la web de la Fee. Transcripción de: Javier Rodríguez)

Revista Espirita FEE

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.