Necesidad de objetivo

divaldo_pereiraLa búsqueda de un sentido existencial por parte del ser humano, constituye una fuerza innata que le impulsa para su progreso. Al identificarlo, se le torna un objetivo básico para ser conquistado, poniendo todos los recursos para conseguir la meta. Gracias a eso, que pueden ser sus ideales, sus necesidades, sus ambiciones, ofrece la vida y no teme a la muerte, consiguiendo, inclusive, permanecer bajo las más miserables e inhumanas condiciones, desde que esa llama permanezca encendida interiormente. Se trata de un sentido personal que nadie puede ofrecer, y que es particular a cada cual. Se convierte, de futuro, en un ideal de grupo, en razón de constituir interés colectivo, pero su origen se encuentra en el nivel de consciencia y de pensamiento individual, que elige que hacer y cómo hacerlo. No puede ser elegido u ofrecido por otro, sino conseguido por el propio ser. Posiblemente será propuesto cuando se despierta para el interés, llamándole la atención, pero su decisión es personal.

Jesús, ante la transitoriedad de los valores terrestres y la fugacidad del cuerpo, propuso la búsqueda del reino de Dios y Su justicia, dilucidando que, después de esta primacía todo lo demás será acrecentado. Esto es, estableciendo lo más importante – el sentido, el objetivo existencial – las demás aspiraciones se convierten en secundarias y llegaran naturalmente. Ese reino de Dios se encuentra en la conciencia tranquila, que resulta del deber rectamente cumplido, de los compromisos bien conducidos, de los objetivos delineados con acierto. Gracias a esa directriz, la adquisición de los recursos se hace con naturalidad, como un aumento, que es la consecuencia básica.

Todos necesitan de un algo para motivarse, para vivir. Esa búsqueda de significado, de objetivo o sentido no puede ser resultado de una fe ancestral, esto es, de una creencia destituida de hechos, que se diluye ante las dificultades, principalmente los conflictos internos, pero de la luz de la razón que se transforma en voluntad de conseguir una vida más expresiva, más rica de contenido, de aspiraciones profundas y auténticas. Un afecto familiar, un ideal en desarrollo, el hogar, una actividad dignificante, el retorno a un trabajo interrumpido se tornan, entre muchos otros, objetivos que dan sentido a la vida, favoreciendo medios para luchar. Sustentaron incontables encarcelados en los campos de trabajo forzado y de exterminio, incluso estando agotados, y nada más les restaba, siempre aguardando ser el próximo a morir…

Aun vitalizan millones de otros que se encuentran en situaciones inhumanas, víctimas de hombres y mujeres arbitrarios, de sistema injustos, de situaciones penosas. Ciertamente, lo opuesto también da sentido – infeliz es cierto- a otras existencias: el odio, el resentimiento, el ansia de poder, convirtiendo su vida adrede truncada, porque los mismos son mascaras del ego herido, que no tornan razones de paz, serán antes un continuo tormento.

Cuando se tiene el porqué de vivir, la forma de cómo vivir, hasta lograr el objetivo, será secundario. Ese impulso primario en el ser, hace que supere los obstáculos e impedimentos con el pensamiento en lo que conseguirá. Algunos psicoterapeutas afirman que los principios morales, que creen metafísicos, nada tienen que ver con el sentido o significado existencial. Y se olvidan de todos cuantos entregaron las vidas, completándose saludablemente. Informan, además, que ese sentido es resultado de aquello que puede enfrentar la existencia, no naciendo con ella. Somos de parecer que el sentido, el objetivo, lo esencial, es la autosuperación de las pasiones, la autoiluminación para discernir bien lo que se debe y se puede hacer, para armonizarse en sí mismo, en relación a su prójimo y al grupo social en el cual se encuentra, bien como a la Vida, a la Naturaleza, Dios…

Los principios morales – algunos innatos al ser humano – son indispensables. No las imposiciones morales-sociales, geográficas, establecidas legalmente y más tarde desacreditadas. Pero aquellos que son inherentes, derivados de lo más profundo y básico, que es el amor. Respetar la vida, amándola; fomentar el progreso, trabajando; construir la felicidad, perseverando; no hacer al otro lo que no deseamos que nos hagan, elimina la posibilidad de consciencia de culpa, de conflicto, y dan un patrón para el comportamiento equilibrado, una directriz para la conducta saludable.

El ser actúa moralmente, porque siente el impulso interno de la vida que se somete a las Leyes que la gobiernan. Esa fuerza interior que lo lleva a la práctica de los actos correctos, el Bien, en el inicio, es metafísica, pues procede del Psiquismo Casual, para después tornarse una necesidad transformada en acciones, por tanto, en los hechos que le confirman la excelencia. Cuando escasean esos principios en la mente y en la emoción, el individuo, desestructurado, enferma y la más eficaz solución es el amor terapia, impulsándolo a permitir que florezcan los sentimientos de fraternidad, de solidaridad, de perdón, de auto- entrega, así teniendo significado para continuar viviendo.

Muchos jubilados y mayores, depresivos diversos, que se tornan neuróticos, se recuperan a través del trabajo al prójimo, de la auto donación a la comunidad, de la labor en grupo, sin interés monetario, reinventando razones y motivos para ser útiles, así rompiendo el refugio sombrío de la pérdida del sentido existencial.

Sin meta no se vive, se obedece a los automatismos fisiológicos en peligroso crepúsculo psicológico, a un paso del suicidio. Cuando el ser se ve actuante, productivo, necesario, vibra y produce. Todo y cualquier contribución psicoterapéutico, logoterapéutico, hay que considerar la auto-valoración del paciente.

Jesús lo sintetizo, en la respuesta que concluyo el dialogo con el sacerdote que lo interrogara al respecto del reino de los cielos: -Ve tú y haz lo mismo.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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