Las Pasiones

rodolfoLa Doctrina Espírita nos enseña que todas las pasiones tienen como principio originario una necesidad o un sentimiento natural, colocados en el fondo de nuestro interior con el fin de estimularnos para el trabajo y para la conquista de la felicidad.

“Dios es Amor” y, al crearnos, nos hizo participantes de su Naturaleza, es decir, dotados de esa virtud por excelencia, necesitando sólo que la desarrollemos y la depuremos, hasta la sublimación. Tuvo a bien, entonces, hacernos sensibles al placer para que cada uno de nosotros, buscándolo, cultivásemos el amor a sí mismo, para que, en otra etapa, ser capaces de extender ese amor a los semejantes.

Puede parecer que la búsqueda del placer personal sea una forma errónea, totalmente egoísta, para que pueda llevarnos a la efectividad de ese grandioso desideratum. Dios, sin embargo, en Su omnisciencia, siempre escoge los mejores caminos posibles para nuestro progreso, y si así lo ha determinando es porque sabe que, sin experimentar, antes, cuan bueno es el amor que nos dedicamos y al cual sacrificamos todo, jamás llegaríamos al extremo opuesto, de sacrificarnos por amor a otro.

Los gozos que el mundo nos proporciona, entretanto, son regulados por leyes divinas, que establecen sus límites en función de las verdaderas necesidades de nuestro cuerpo físico y de los justos anhelos de nuestra alma, y traspasarlos ocasiona consecuencias tan funestas como hayan sido los excesos cometidos. En esto, como en todo aprendizaje que le corresponda hacer, sea de un oficio, de un arte, o del ejercicio de un poder cualquiera, el hombre comienza causando, a sí mismo y al prójimo, más perjuicios que beneficios. Es que, en su inmensa ignorancia, no sabe distinguir el uso del abuso, exagera sus necesidades y sentimientos, y es ahí, en el exceso, que aquellas y estos se transforman en pasiones, provocando perturbaciones nocivas para su organismo y su psiquismo. Presentemos algunos ejemplos: Alimentarnos es un imperativo de la naturaleza, cuya atención es algo que nos da gran satisfacción. Los que, entretanto, hagan de los “placeres de la mesa” la razón de su existencia, rindiéndose a la glotonería, tendrán que pagar, con la enfermedad, o incluso con la muerte, el precio de ese mal hábito. Es muy natural nuestro deseo de preparar días mejores para nosotros y nuestra familia, así como las luchas a las que nos entregamos y los sacrificios que nos imponemos, mirando tal objetivo. Todavía, es preciso que esa preocupación por el futuro no sobrepase los límites de lo razonable, para que no se convierta en obsesión.

Recrearse, por otro lado, es una exigencia de nuestro espíritu, y los entretenimientos ocasionales valen por excelentes factores de higiene mental. ¡Infelices, no obstante, los que, seducidos por las emociones de una partida de naipes o de lotería, por el lucro fácil de una tirada en la ruleta, se dejan dominar por el juego! La desgracia no tardará en abatirlos, como abatidos son todos los que se esclavizan a ese terrible vicio. Un calor excesivo o un frío intenso pueden forzarnos, algunas veces, a tomar un refrigerante helado o una copa, saciándonos la sed, con lo que nos reconfortamos gustosamente. Pero todo cuidado será poco para no caer en el vicio de la embriaguez, pues sus malas consecuencias, nos prueban las estadísticas, asumen las características de ser un verdadero flagelo social. Todos nosotros sentimos la necesidad de dar y recibir cariño, ya que nadie consigue ser feliz sin eso. Es muy conveniente, entretanto, repartir nuestro afecto con los que pertenecen a nuestro círculo familiar, extendiéndolo a amigos y otros semejantes, evitando concentrarlo en una sola persona, haciendo que dependa únicamente de ella nuestro interés por la vida, pues, al perder a ese alguien, podremos sufrir un golpe muy doloroso de soportar sin la pérdida del equilibrio espiritual.

No hay quien no desee auto-afirmarse, mediante la realización de algo que corresponda a sus tendencias dominantes, y de ahí el por qué algunos se dedican, con inusitado entusiasmo, a determinados estudios, otros se interesan en la búsqueda o en la investigación de una nueva técnica con la que sueñan prepararse en la especialidad preferida, y otros aun se desentienden de todo y de todos para dedicarse, enteramente, a las actividades artísticas o científicas que les encantan. Es importante, sin embargo,
tener cautela con el peligro del monoideismo, responsable de las neurosis o insanias de difícil recuperación. Como se ve, el principio de las pasiones nada tiene de malo, ya que “se basa en una de las condiciones providenciales de nuestra existencia”, pudiendo inclusive, en ciertos casos y mientras son gobernadas, llevar al hombre a hechos ennoblecedores. Todo mal, lo repetimos, reside en el abuso que de ellas se hace. Urge, por tanto, que, en la búsqueda de lo mejor, de lo que nos proporcione mayor suma de gozo, aprendamos a respetar las leyes de la Vida, para que ellas, inexorables como son, no se vuelvan contra nosotros, obligándonos a penosos procesos de reajuste y reequilibrio. (Cap. XII, preg. 907 y siguientes.Libro de los Espíritus)

Rodolfo Calligaris
Extraído del libro “Las leyes morales”

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