Los espíritas y la biblia

herculanoLos espíritas no consideran A la Biblia como “la palabra de Dios”, sino como el punto de inicio de la Civilización Cristiana que aún se encuentra en fase de desarrollo en la Tierra. La Biblia representa la Codificación de la I Revelación del ciclo de las revelaciones cristianas. Tras ella viene El Evangelio, que es la Codificación de la II Revelación, hecha por el propio Cristo. Y tras el Evangelio tenemos El Libro de los Espíritus, seguido de los demás libros de la Codificación Espírita. En la Biblia, que es el Viejo Testamento, codificación de los libros sagrados del Judaísmo, hecha bajo la orientación de Esdras después del exilio de Babilonia, encontramos la revelación del plan de Dios para la Humanidad Terrena. Como parte central de ese plan vemos el anuncio del Mesías, que los judíos esperaban pero que no fueron capaces de reconocer cuando llegó.

En el Evangelio, codificación de las enseñanzas de Jesús por los apóstoles y evangelistas, encontramos el anuncio del Espíritu de la Verdad – aquel que restablecería la verdad cristiana en la Tierra y prepararía nuestro planeta para el milenio de luz, o sea, el inicio de una nueva era en que el Reino de Dios vendría entre los hombres. En el Espiritismo tenemos las voces del más allá instaurando el Reino en los corazones y en las conciencias esclarecidas. Cada uno de esos libros se compone, en verdad, de muchos libros. Y cada una de esas colecciones de libros corresponde a una fase del largo y doloroso proceso de ascenso de los hombres hacia la divinidad.

Ni la Biblia, ni los Evangelios, ni la Codificación Espírita merecen ser desconocidos y ninguno de esos códigos puede ser depreciado en su valor histórico, profético y divino por aquellos que realmente comprenden la grandeza del Plan de Dios. No es posible oponer el Evangelio a la Biblia u oponer el Espiritismo al Cristianismo, a menos que encaremos la obra de Dios a través de las lentes deformantes del sectarismo religioso. La palabra de Dios, como expresión simbólica, no se restringe a ninguno de esos conjuntos de libros en particular, pero impregna a todos ellos. Cuando aprendemos a leerlos según el espíritu que vivifica, y no según la letra que mata – como advirtió el apóstol Pablo – percibimos la armoniosa secuencia que ellos representan, en el desarrollo del Plan de Dios en la Tierra.

Todos ellos fueron escritos bajo la inspiración de los poderes superiores del Cielo, cada cual destinado a una época, a un tipo de civilización, a un grado específico de evolución espiritual alcanzado por los hombres. La palabra de Dios pasa por todas esas páginas como el fuego entre las zarzas. En las viejas páginas de la Biblia ella arde y quema como el fuego del Sinai, luchando para destruir la ignorancia humana. En las páginas estelares del Evangelio ella brilla como las estrellas, indicando a los hombres el guión del Infinito. En las páginas mediúmnicas de la Codificación Espírita la palabra de Dios se irradia en la Tierra como las luminarias nocturnas, que permiten la lectura comprensiva de los textos anteriores y ahuyentan las tinieblas de la superstición, del misticismo fanático, del sectarismo ciego.

Emmanuel en uno de sus mensajes, comparó a la Biblia con el esfuerzo desesperado de los hombres clamando a los cielos por socorro y el Evangelio como la respuesta del Cielo a los hombres. Pero la Codificación Espírita, como señaló Kardec, es la llave que nos permite comprender esa respuesta en la plenitud de su significado espiritual. Sin la llave del Espiritismo, la Biblia y el Evangelio dan motivos a muchas incomprensiones y divisionismos. Fue por eso que las guerras religiosas ensangrentaron los caminos del Cristianismo y las hogueras fratricidas transformaron en negro humo los divinos preceptos evangélicos.

Además, es por eso que los cristianos se matan en nombre de Dios en la propia Europa de nuestros días, incapaces de percibir el crimen hediondo que practican. De lado a lado los cristianos formalistas, apegados a sus interpretaciones particulares de las escrituras, se dicen apoyados en la palabra de Dios para practicar de nuevo el crimen de Caín. Les falta la llave de luz del Espiritismo, que les daría, por encima de las trincheras arrogantes del sectarismo, la visión global de la Revelación Cristiana que es la revelación de la paternidad universal de Dios, de la fraternidad universal de los hombres y de la inmortalidad universal de las almas. Sin comprender esa trilogía divina, que el Evangelio nos ofrece en sus páginas y la Codificación Espírita esclarece en definitiva, a la luz de la razón y de la fe, jamás seremos cristianos y jamás sabremos definir la palabra salvación.

J Herculano Pires
Extraído del libro «El hombre nuevo»

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