Divaldo Franco en Santa Catarina Criciúma – 1 de abril de 2016

divaldoEl Centro de Actividades SISO’S HALL, ubicado en la Autovía Otávio Dassoler 5635, fue el escenario para un gran acontecimiento -como lo es la presencia de Divaldo Franco. El público, estimado en tres mil personas, colmó el gran auditorio para escuchar al Pablo de Tarso del Espiritismo de los días actuales, quien habló sobre Jesús y su Mensaje contagioso. Mientras el destacado orador atendía los pedidos de autógrafos, hizo su presentación el Coro Infantil Voces del Mañana, de la Institución Espírita Casa de la Fraternidad, y el Grupo Vocal Espírita Maestro Valdenir Zanette, ambos dirigidos por el Maestro Reinaldo.

Acompañando a Divaldo Franco en la mesa directiva, estuvieron: el Presidente de la Federación Espírita Catarinense –FEC-, Olenyr Teixeira; la Vicepresidente del área de Estudio y Práctica de la Mediumnidad de la FEC, Esthér Fregossi Gonzales, y otros líderes espíritas regionales de Santa Catarina. Ese Estado, según el censo, posee cerca de 100.000 espíritas. El Presidente de la FEC, en su saludo destacó la fecha del 1º de abril de 1858, cuando fue fundado el primer centro espírita de la Tierra: la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, entre otros acontecimientos relacionados con el Codificador de la Doctrina Espírita, Allan Kardec.

El médium y orador bahiano aludió a los estudios e investigaciones de Ernest Renan, destacando el día 22 de febrero de 1862, en el Colegio de Francia, cuando Renan, al hacer la presentación del hombre extraordinario que fue el Maestro Galileo dijo: Jesús es un hombre incomparable. Los primeros años de Jesús en Cafarnaum eran días de aflicción y tormentos. La acción de los gobernantes impíos se hacía presente en la vida de los ciudadanos. Había crisis política y miseria social.

Divaldo narró las anécdotas referidas a las curas realizadas por el Nazareno en la casa de Simón Pedro, tales como la del paralítico Nathanael Ben Elias; y el contacto de Jesús con la multitud en las márgenes del Lago de Genesaret, entre otras destacables. Jesús, desbordante de compasión se apiadó de aquel paralítico, postrado hacía casi veinticinco años, fétido, poco menos que convertido en cadáver, y averiguó si realmente Nathanael creía que Él podría curarlo. Ese día, desde las primeras horas del alba hasta el atardecer, el Dulce Rabí realizó curaciones, sin cesar. Simón Pedro, cuando notó que el Maestro estaba cansado, interrumpió la actividad y lo condujo a que descansara al borde del lago. Como Pedro percibió que el Maestro estaba apenado, y llorando -imaginaba que debido a la gran cantidad de curaciones, Jesús debía estar llorando de alegría-, le preguntó acerca de tales sentimientos. El Maestro le respondió que lloraba por los que habían obtenido la curación de sus cuerpos físicos, y que muy pocos tenían la intención de mejorar espiritualmente. Fue entonces cuando manifestó que no había venido para curar cuerpos maltrechos y podridos, colocando remiendos nuevos en paños viejos.

En una magnífica lección de Historia, Divaldo fue destacando diversos acontecimientos que caracterizaron la evolución de la sociedad humana, y destacó a los grandes pensadores de la escuela neoplatónica, a los presocráticos, a los hombres rústicos, a los ídolos de la moralidad, de la justicia y del amor, como Francisco y Clara de Asís, Juana de Arco, Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Pedro de Alcántara y otros.

En el período renacentista surge un mundo nuevo. La ciencia alcanza un significativo crecimiento; los grandes descubrimientos, los filósofos modernos, los astrónomos, y todos los demás que siguieron a ese período, contribuyeron especialmente a la humanidad, despertando al hombre a una realidad que se mostraba cada vez más activa y auténtica. Pese a que el hombre haya alcanzado un nivel de inteligencia más elevado, sigue siendo beligerante, poco afecto a la paz, a la moralidad, a la verdad, a la honradez y al amor. Las conquistas de libertad se desarrollaron sometidas a la acción de una intensa violencia, de sufrimiento y de testimonios de valentía. La tercera revelación, codificada por Allan Kardec, fue objeto de estudio, principalmente el trabajo del Codificador y de los Espíritus elevados, que brindaron un conocimiento más profundo y esclarecedor.

Encaminándose hacia el final de su enriquecedora alocución, Divaldo -con profunda emoción- expresa que esta es la etapa del retorno de Jesús a los corazones humanos, en respuesta a su convocatoria: Venid a mí y Yo os aliviaré. Estimulando al público a conservar la esperanza, dijo el Profesor Divaldo que no existe desgracia en la Tierra, pues la desgracia verdadera es el mal que se hace al otro.

Estableció una correlación entre la Ciencia y el Espiritismo, y enunció breves características relacionadas con ambos aspectos. Jesús -manifestó- es un hombre incomparable, aludiendo al concepto de Ernest Renan. Es necesario que cada criatura humana pueda elevar su pensamiento, para la edificación de una paz duradera; que sepa definirse como Espíritu inmortal; y también cuál es su origen, su destino, su conducta. En los momentos de crisis y de dolor, sepa cada cual permanecer esperanzado, buscando consuelo en las enseñanzas del Maestro de Nazaret, construyendo el Reino de los Cielos dentro del corazón. Mientras recitaba entusiastamente el Poema de la Gratitud, de Amelia Rodrigues, bendiciones en forma de energías bienhechoras envolvieron a cada una de las personas presentes. Fue una auténtica plegaria que, partiendo de la Tierra, se dirigió hacia lo Alto, buscando el amparo de Jesús. Muy aplaudido, Divaldo recibió del público, de pie, el cariño y el amor con que todos lo habían recibido en Criciúma.

Texto: Paulo Salerno

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