La búsqueda de la realización

joanaLa infancia, constructora de la vida psicológica del ser humano, debe ser vivida con amor y en clima de armonía, a fin de modelarlo para todos los futuros días de la jornada terrestre. Las señales de las vivencias se esculpen en el inconsciente con vigor, pasando a escribir páginas que no se apagan, casi siempre reviviendo los episodios que desencadenan los comportamientos en los varios periodos por donde transita. Cuando son agradables las impresiones consecuentes de los momentos felices, pasan a ser parte de la auto realización, contribuyendo poderosamente para el despertar del Sí profundo, que vence las barreras impeditivas colocadas por el ego. Cuando negativas, perturban el desarrollo de los valores éticos y de comportamiento, generando patologías psicológicas avasalladoras, que se expresan mediante un ego dominar, violento, agresivo, o débil, pusilánime, dudoso, pesimista, depresivo. Esas marcas son casi que imposibles de ser apagadas en el inconsciente actual, como pasaría con la conmoción provocada por una presión o golpe bajo una superficie delicada que, por más que sea corregida, siempre permanece, incluso siendo poco perceptible.

La búsqueda de la realización personal debe iniciarse en la auto-superación, mediante vigorosa auto-análisis de las necesidades reales relacionadas con las aparentes, aquellas que son dominadoras en el ego y no tienen valor real, casi nunca sobrepasando exigencias y caprichos de la inmadurez psicológica. Para el cometido, son necesarias las progresivas regresiones a los diferentes periodos vividos de la juventud y de la infancia, hasta incluso a la fase de recién nacido, cuando el Self verdadero fue substituido por el ego artificial y dominador. Fue en esa fase que la inocencia infantil fue substituida por el sentimiento de culpa, en razón de la natural imposición de los padres, en el hogar, y, por extensión de los adultos en general en todas partes. Más tarde, identificándose equivocada, en razón de no haber conseguido modificar los padres, ni vencer la persistencia de los adultos, se enmascara de feliz, de virtuosa, perdiendo la integridad interior, la pureza, aprendiendo a parecer lo que a todos agrada al revés de ser aquello que realmente es en su mundo interior.

Ese trabajo de progreso regresivo que se puede lograr mediante conveniente terapia es muy doloroso, porque el paciente se recusa inconscientemente a aceptar los errores, como forma de defensa del ego y, por otro lado, por miedo al enfrentamiento con todos esos miedos aparentemente adormecidos. Su despertar asusta, porque conduce a nuevas vivencias desagradables. El ego, en su castillo, consiguió mecanismos de defensa y domina soberano, reprimiendo los sentimientos y disfrazando los conflictos, ya que sabe que la liberación de esos estados interiores puede llevar a la agresividad o a lo más profundo de las fugas espectaculares de la depresión.

Todos los individuos, de alguna forma, se sienten desamparados en relación a los factores que rigen la vida: los fenómenos del automatismo fisiológico, el miedo de la enfermedad insospechada, de la muerte, del desaparecimiento de las personas queridas, las incertezas del destino, los factores de mesalogía, como tempestades, terremotos, erupciones volcánicas, accidentes, guerras… De algún modo, esa sensación de inseguridad, de desamparo proviene de la infancia – o de otras existencias-, cuando se sintió dominado, sin opciones, sujeto a los impositivos que le eran presentados, haciendo que el amor fuese retirado del menú existencial.

Tal sentimiento contribuye para el análisis del problema de la sobrevivencia, que es el más importante, aun no solucionado en el inconsciente. He aquí porque es necesario liberar esos conflictos perturbadores, reprimidos, para que el niño inocente, puro, en el sentido psicológico aprenda bien, vuelva a vivir integralmente. Se inicia, entonces, el maravilloso proceso de terapia para la búsqueda de la realización. Bajo el control del terapeuta, ese direccionamiento se orienta para la creatividad, a través del cual el paciente expresa un tipo de sentimiento, pero vive en otra situación. Esas emociones antagónicas deben ser trabajadas por el técnico, para después ser vivida por el individuo, que pasa a permitir que todo acontezca naturalmente sin nuevas presiones, ni castraciones, ni disimulaciones. Pasa a eliminar la rabia reprimida, que es dirigida contra objetos muertos, sin carácter destructivo; la angustia puede expresarse, porque sabe estar bajo asistencia y contar con alguien que escuche y entienda el conflicto.

Posteriormente, el paciente se transforma en su propio terapeuta, en el día a día, por ser quien controlará los sentimientos desordenados y mediante la creatividad, comience a substituir lo que siente en el momento por lo que le gustaría de conquistar, pasando de nivel mental-emocional hasta alcanzar la realización personal. En ese proceso, surge la liberación de las tensiones musculares, la identificación con el cuerpo en el cual se mueve y que pasa a ejercer conscientemente una función de gran importancia en su comportamiento, moviéndose de forma adecuada. Al seguir, identifica la necesidad de experimentar placeres, sin la consciencia de culpa que las religiones ortodoxas limitadoras le impusieron, transfiriéndose de las provincias del dolor- como necesidades de sublimación- para el placer agradable, renovador, que no subyuga ni produce ansiedad.

El simple hecho de reconocer la necesidad que tiene de experimentar el placer sin culpa, lo ayuda en el amor al cuerpo, en el movimiento de los músculos, eliminado las tensiones físicas, derivadas de aquellas otras de naturaleza emocional, así aprendiendo a vivir integralmente, a conquistar la realización personal. Es indispensable también aceptarse, comprender que sus sentimientos son resultado de las adquisiciones intelecto-morales del proceso evolutivo en el cual se encuentra situado. Sin la perfecta comprensión-aceptación de los propios sentimientos, es muy difícil, sino improbable, la conquista de la realización. Naturalmente tendrá que esforzarse para superar los sentimientos depresivos, excesivamente emotivos y perturbadores o indiferentes y fríos, de forma que la valorización de sí mismo sea parte de su esquema de crecimiento, interior, lo que le facultará alcanzar las metas establecidas.

Por otro lado, la identificación de la propia fragilidad lo lleva a una actitud de humildad ante la vida y a sí mismo, porque percibe que el ser psicológico está profundamente vinculado al fisiológico y viceversa. Se mezclan las funciones en determinado momento de conciencia, cuando nota que algunas tensiones musculares y diversos dolores físicos son consecuencia de aquellas de naturaleza psicológica, o a su vez, estas últimas tiene mucho a ver con la coraza que restringe los movimientos y los entorpece. También de fundamental importancia la constatación y la aceptación de la necesidad de humildad, que lo ayuda a descubrirse sin cualquier presunción ni miedo a los desafíos, enfrentando los factores existenciales con naturalidad y autoconfianza, no extrapolando el propio valor ni subestimándolo. Esa humildad le dará fuerzas para ampliar el cuadro de relacionamiento interpersonal, de auxiliar en la fraternidad, percibiendo que su individualidad no pude vivir plenamente sin la comunidad de que es parte y debe trabajar para ayudarla en su progreso. Con la humildad, el individuo se descubre niño, y esa verificación representa conquista de madurez psicológica, que le permite liberar esos sentimientos pertenecientes al periodo mágico de la infancia.

Jesús, en su condición de Psicoterapeuta por excelencia, demostró que era necesario volver a esa fase de pureza, de dependencia, en el buen sentido, de humildad, cuando lo dijo, perentorio: … De cierto os digo, que, si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos.

(*) Mateos 18:3 y 4 – Nota de la Autora espiritual

Lo enunciado, del punto de vista psicológico, llama para la auto-realización, la penetración en el reino de los cielos de la consciencia recta y sin macula, señalada por los ideales de la dignificación humana.
El niño es curioso, espontaneo, alegre, sin aridez, rico de esperanzas, motivador, razón de otras vidas que en sus existencias se enriquecen y encuentran sentido para vivir. La búsqueda de la realización conduce al individuo al crecimiento moral y espiritual sin culpa ante las imposiciones de la organización fisiológica, que le propone el placer para la propia sobrevivencia y es parte activa de la realidad social que debe constituir motivo de estímulo para la victoria sobre el egoísmo y las pasiones perturbadoras.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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