El yo y la ilusión

JoannaLa trayectoria de predominancia del ego en el ser es larga. El descubrimiento del yo profundo, del ser real, de la individuación es, por consecuencia, más difícil, más sacrificado, exigiendo todo el esfuerzo y dedicación para ser lograda.

Viviendo en un mundo físico, en el cual la ilusión de la forma confunde la realidad, lo que parece tiene predominio sobre lo que es, lo visible y lo temporal dominan los sentidos, en detrimento del no visible y del atemporal, emparejando el ser a la proyección, con prejuicio para lo que es real, y es comprensible que haya engaño en la elección del total en detrimento de lo incompleto.

Ese conflicto – parecer y ser- responde por los equívocos existenciales, que dan preferencia al que hiere los sentidos, substituyendo las emociones del alma, más allá de las estructuras orgánicas. Se establece, entonces, la prevalencia de la ilusión derivada del sensorial que a todo dirige, en el campo de las formas, desempeñando finalidad dominante en casi todos los aspectos de la vida.

Sumergido en el océano de la materia, el ser profundo – el yo – se encuentra en periodo de inmadurez psicológica, se deja conducir por lo exterior, suponiéndose delante de la realidad, sin darse cuenta de la movilidad y estructura de todas las cosas, en su constitución molecular.

El campo de las formas responde por la ilusión de los sentidos, que se prolongan por los delicados equipamientos emocionales, dando curso a aspiraciones, deseos y comportamientos. La ilusión, sin embargo, es efímera, cuando todo se expresa de manera temporal. La propia fugacidad del tiempo, como medida representativa y dimensional de la experiencia física, trae al ser psicológico, cuyo espacio ilimitado necesita de otro parámetro o coordenada que, al lado de otra coordenada espacial, faculta la identificación unívocamente de un hecho o acontecimiento.

El ser psicológico se mueve en libertad, pudiendo vivir el pasado en el presente, el presente en el momento y el futuro, conforme la proyección de los anhelos, igualmente en la actualidad. Las dimensiones temporales le ceden lugar a las fijaciones emocionales, responsables por la conducta del yo profundo. Frente a esa distonía entre el tiempo físico y el emocional, se crea la ilusión que se incorpora como necesidad de experiencia inmediata, primordial para la vida, sin lo que el significado existencial deja de tener importancia.

La escala de valores del individuo está sometida a la relatividad del concepto que mantiene en torno de lo que anhela y cree serle indispensable. En cuanto no profundiza el sentido de la realidad, a fin de identificar los contenidos, todos los espacios mentales y emocionales permanecen propicios a las ansiedades de la ilusión. E ilusoria la existencia física, apretado en la breve dimensión temporal de la cuna al túmulo, de un inicio y un fin, de una aglutinación y una destrucción de moléculas, retornando al caos de donde se habría originado, haciendo que el sentido para el yo profundo sea destituido de una cualificación de permanencia. Como efecto más inmediato, la ilusión del goce se apropia del espacio tiempo de que dispone, estableciendo premisas falsas y goces igualmente engañosos.

La dilatación del proceso existencial, comenzando antes de la cuna y prosiguiendo más allá del túmulo, ofrece objetivos ampliados, que se eternizan, proporcionando alegrías satisfactorias que se transforman en realizaciones espirituales de valorización de la vida en todos sus atributos.

El ser humano no se presenta como siendo una constitución de partículas que forman un cuerpo, en lo cual, equipamientos electrónicos de alta procedencia se reúnen casualmente para formar la estructura humana, su pensamiento, sus emociones, tendencias, aspiraciones y acontecimientos morales, sociales, económicos, orgánicos… Esa visión del ser profundo desarticula los engranajes falsos de la fatalidad, del destino infeliz, de las tragedias de lo cotidiano, de los acontecimientos fortuitos que responden por la suerte y por la desgracia, de los absurdos y funestos sucesos existenciales.

Abre perspectivas para la autoelaboración de valores significativos para la felicidad, ofreciendo estímulos para cambiar el destino a cada momento, a alterar las situaciones desastrosas por intermedio de disciplinas psíquicas, por tanto, igualmente de comportamiento, superando las ilusiones fastidiosas y dirigiéndose en la dirección de la realidad permanente en la cual se encuentra sometido. Ciertamente, los placeres y diversiones, los juegos efectivos – cuando no dañinos para los otros, generándoles lesiones en el alma- las búsquedas de metas próximas que dan sabor a la existencia terrena, deben ser parte del menú de las búsquedas humanas, en ese inter-relacionamiento personal y de conducta que enriquece psicológicamente al ser profundo.

El hecho de expresarse como condición de indestructibilidad, no le impide de experimentar las alegrías transitorias de las sensaciones y de las emociones de cada momento. Al final, el tiempo es hecho de momentos, convencionalmente denominados pasado, presente y futuro. Cualquier castración en lo que se dice respecto a la búsqueda de satisfacciones orgánicas y emocionales produce disturbio en los contenidos de la vida. Sin embargo, el apego exagerado, la ininterrumpida voluptuosidad por nuevos goces, lo incompleto producen, a su vez, otro orden de trastornos que atormentan al ser, impidiéndole crecer y desarrollar las metas para las cuales se encuentra corporificado en la Tierra.

Diversos estudiosos de la psique humana atribuyen al concepto de inmortalidad del ser una propuesta ilusoria, necesaria para su comportamiento, a partir del momento en que se libera del padre biológico, transfiriendo sus conflictos y temores para Dios, el Padre Eterno. Herencia del tribalismo primario, ese temor se tronaría prevaleciente en la conducta inmadura, que tendría necesidad de ese soporte para la afirmación y desarrollo de la personalidad, como para la propia seguridad psicológica. Como consecuencia, atribuyen todo al caos del principio, antes del tiempo y del espacio einsteiniano. Si consideramos ese caos, como siendo de naturaleza organizada, programadora, pensante, acordamos completamente con la tesis del origen de las formas en el Universo. Si, entretanto, le atribuimos condiciones fortuitas e impensada de los acontecimientos, somos llevados al absurdo de la aceptación de una nada generar todo, de un desorden establecer equilibrio, de un desastre de ninguna cosa – por no existir cualquier cosa – dar origen a la grandeza de las galaxias y a la armonía de las micro-partículas, para no fantasear poéticamente por la belleza y delicadeza de un pétalo de rosa perfumada o la delicadeza de una mariposa fluctuando en los ríos de la brisa suave, o de las estructuras del musculo cardíaco, de las neuronas cerebrales…

La Vida tiene su causalidad en sí misma, pensante y actuante, que convida a reflexiones demoradas y cualitativas, proponiendo raciocinios cuidadosos, a fin de no perderse en complejidades innecesarias. Por efecto, todos los seres que sienten, particularmente el humano, proceden de una Fuente Generadora, realizando grandioso viaje de retorno a su Causa. Los conflictos son herencias de experiencias fracasadas, mal vividas, dejadas por el camino, por falta de conocimiento y de emociones, que se van adquiriendo etapa a etapa en el proceso de los renacimientos del Espíritu – su psiquismo eterno. La ilusión resulta, igualmente, de la falta de percepción y densidad de entendimiento, que se va debilitando y cediendo lugar a la realidad, a medida que son conquistados nuevos niveles representativos de las necesidades del progreso. Son esas necesidades – primarias, dispensables, esenciales- que establecen considerando el psiquismo para la búsqueda de lo que le parece fundamental y propiciador para la felicidad.

El yo permanece, en cuanto la ilusión transita y se transforma. Cuando hoy se presenta esencial, algún tiempo después pierde totalmente el valor, cediendo lugar a nuevas conquistas, que son, a su vez, técnicas de aprendizaje, de crecimiento, desde que no dejen en la retaguardia marcas de sufrimiento, ni campos devastados por las plagas de las pasiones primitivas. Momento llega a todos los seres en desarrollo psicológico, en lo cual, se recorre a la búsqueda espiritual, a la realización metafísica, superándose la ilusión de la carne, del tiempo físico, así equilibrándose interiormente para inundarse de inmortalidad consciente.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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