Divaldo Franco en California USA

divaldo-francoEl viernes último, 18 de marzo, el médium y orador espírita Divaldo Franco concluyó otro ciclo de actividades doctrinarias en el Estado de California, con un seminario ofrecido en la ciudad de Los Ángeles, que versó sobre el tema La felicidad según el punto de vista del Espiritismo.

El muy agradable auditorio del Olympic Collection Conference Center estuvo repleto, con la presencia de 250 personas. Los espíritas de California homenajearon al médium en agradecimiento a las sucesivas décadas de visitas ininterrumpidas a ese Estado, durante las cuales prestó un extraordinario servicio de implantación, amparo y expansión al movimiento espiritista regional. Reconocido, él agradeció la gentileza e hizo mención a que el mérito era de Allan Kardec, el Codificador del Espiritismo.

El registro histórico del siglo VI a. C., referido a la vida del rey Creso de Lidia, sirvió como introducción al tema de la noche. De conformidad con la narración, Creso vivía en la capital de su reino, Sardes, con sus dos hijos. Se consideraba plenamente feliz, pues era el hombre más rico del planeta. En cierta ocasión, el rey invitó al gran filósofo Solón a que visitara su palacio. Después de mostrarle su inmensa fortuna, de hablar de la grandeza de su reino y de su poder, le preguntó si conocía a alguien más feliz que él, y recibió una respuesta afirmativa. Contrariado, volvió a plantearle la pregunta, para averiguar quién sería, entonces, la segunda persona más feliz del mundo. Nuevamente, el filósofo no mencionó su nombre, lo que le causó a Creso un profundo disgusto. Solón aprovechó la oportunidad para ofrecerle una profunda reflexión, al manifestar que solamente sería posible verificar si una persona realmente ha sido feliz, después de su muerte, ya que antes de eso muchos eran los factores que podrían, de un instante para otro, modificar la suerte de una vida. La enseñanza recibida fue profética. Creso había, oportunamente, solicitado a sus ministros que fueran en busca de los médiums, las pitonisas y los videntes más importantes de diversas regiones, a fin de verificar la autenticidad de los fenómenos denominados paranormales.

Luego de que todos retornaran a Sardes, para presentar al rey las informaciones recogidas, se constató que la médium de Delfos era, de hecho, auténtica. Desde allí, habían llegado los informes para Creso acerca de que él no tendría sucesores legítimos para el trono, dado que uno de sus hijos -sordomudo- estaría naturalmente impedido para desempeñar tal función, y el otro desencarnaría trágicamente; asimismo, anunciaron que un gran imperio estaba a punto de derrumbarse. Y así ocurrió. El hijo que no tenía limitaciones físicas murió en un trágico accidente. El rey, suponiendo -equivocadamente- que la referencia al imperio que se derrumbaría aludía al imperio persa, decidió declararle la guerra; pero, su propio imperio fue el que cayó derrotado. Mientras tanto, algo inusitado había ocurrido en ese episodio. Después de perder la batalla, Creso retornó a su palacio y, allí, desde un balcón, contempló las tierras destruidas, sin percibir que un soldado enemigo se había introducido en el lugar; cuando este se preparaba para atacarlo con una lanza, el otro hijo del rey de Lidia -que era sordomudo-, tuvo una reacción sorprendente: dio un grito, pidiendo que no matasen a su padre. El soldado titubeó, y al arrojar su lanza erró el objetivo. El rey fue tomado preso junto con su familia, pero cuando estaba aguadando la muerte, pronunció en voz alta el nombre de Solón y repitió la frase que él le había dicho. En ese preciso instante, Ciro -el rey de los persas- pasaba por allí, y escuchó que se hacía mención al filósofo de quien él era un profundo admirador. Al enterarse de aquel encuentro entre Creso y Solón, el comandante de los persas decidió liberar a la familia del rey derrotado, y a él convertirlo en su servidor.

Esa anécdota, narrada por el historiador griego Herodoto de Halicarnaso, que aporta las comprobaciones históricas de la paranormalidad o mediumnidad, describe fehacientemente la transitoriedad de la existencia física, su fragilidad, la ilusión de las conquistas mundanas y la alternancia de las situaciones de la vida material.

Aprovechando ese contexto, el orador preguntó qué sería la verdadera felicidad, y dónde encontrarla. Explicó que para una determinada corriente filosófica, la felicidad residiría en tener cosas, tener poder; para otra vertiente de la Filosofía, la felicidad sería la total ausencia de posesiones materiales; estarían, también, aquellos que defenderían la tesis acerca de que la felicidad residiría en soportar silenciosamente todo tipo de sufrimiento, siempre y en cualquier circunstancia. Entretanto, la vida del rey Creso demostraría que todas esas teorías serían incorrectas.

Divaldo presentó la advertencia del gran psicólogo existencialista estadunidense Rollo May, que afirmó que vivimos en una época de enorme ansiedad y de consumismo, evidenciando los conflictos íntimos y el vacío existencial, del cual somos portadores. El deseo de estar en diferentes lugares al mismo tiempo, el estrés, la agitación de la vida cotidiana, la rutina, las relaciones sociales y afectivas virtuales, en detrimento del contacto humano, las ilusiones de las comunicaciones por Internet, por las redes sociales, la sexolatría, el individualismo, serían las pruebas de nuestro desequilibrio interior, y los elementos que impiden la felicidad.

A partir de ese panorama de la sociedad mundial se concluiría que las crisis de toda índole que contemplamos en el planeta, sólo serían una muestra de la crisis moral del individuo. Y por eso, la solución no podría ser exterior, sino una decisión íntima de transformación moral individual para mejor.

Como base científica de sus afirmaciones, el conferencista destacó la propuesta de los reconocidos psiquiatras Viktor Frankl, Carl Gustav Jung y Milton Erickson, quienes afirman que es indispensable, para el ser humano, elegir y experimentar una meta psicológica profunda para su existencia, a fin de vivir en equilibrio y feliz. La ausencia de una meta profunda sería portadora de frustraciones y de vacío existencial, los cuales conducirían al individuo a estados perturbadores, incluyendo la depresión y otros trastornos psicológicos y psiquiátricos.

Por último, Divaldo presentó el concepto espírita de la felicidad que, en perfecta consonancia con la Ciencia, invitaría a la criatura humana a un viaje interior de autoconocimiento, a fin de que cada persona pudiese identificar sus malas tendencias morales y dominarlas, para sustituirlas paulatinamente por pensamientos y comportamientos morales saludables, generadores de armonía y paz. Para el Espiritismo –afirmó- la felicidad puede perfectamente ser experimentada en nuestra vida; sin embargo, es necesario que eliminemos las ilusiones y afrontemos nuestra realidad inmortalista, realizando todos los esfuerzos para el perfeccionamiento moral y espiritual. La certeza de la existencia del Dios bueno, misericordioso y justo, de la inmortalidad del alma, de la interacción constante entre el mundo físico y el espiritual, de la pluralidad de oportunidades reencarnatorias para el perfeccionamiento del Espíritu, además de los recursos terapéuticos contenidos en el Evangelio de Jesús, serían un tesoro de inestimable valor, para guiarnos hacia la conquista de la verdadera felicidad.

El seminario concluyó con la invitación a que cada uno despertase en sí mismo la conciencia de que solamente nos ocurre aquello que es mejor para nuestro proceso de evolución, y que el Amor es la fuerza más poderosa del universo, capaz de transmutar el dolor en alegría, las tinieblas en luz, y la perturbación en paz, en nuestras vidas y en las de nuestros hermanos en humanidad. Por eso, exhortó el disertante: ¡Sea feliz, hoy!

En la segunda parte del seminario, Divaldo respondió preguntas del público sobre traumas de la infancia, perdón y autoperdón, alianza del Espiritismo con la Ciencia, crisis política en el Brasil, la felicidad frente a los sufrimientos morales y físicos, entre otras.

Texto: Júlio Zacarchenco
Fotos: Akemi Adams/Lucimar

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