Divaldo Franco en California USA

divaldo.El día jueves 17/03/2016 el médium y orador espírita Divaldo Franco pronunció una conferencia en la ciudad de San Diego, California, sobre el tema Pensamiento y Curación. El acto se llevó a cabo en el auditorio del Hotel La Jolla Sheraton, y contó con la participación de 200 personas.

La conferencia comenzó con un análisis del pensamiento filosófico a lo largo de los siglos, en torno de las cuestiones fundamentales de la vida: ¿Quiénes somos? ¿De dónde hemos venido? ¿Hacia dónde vamos después de la muerte física? ¿Cuál es el sentido de la existencia? Ese estudio abarcó las filosofías occidental y oriental, destacándose el pensamiento de las corrientes espiritualista y atomista del Occidente, desde los filósofos presocráticos -como Leucipo y Demócrito; más tarde, Sócrates, Platón, Aristóteles, Lucrecio, y también el enfoque de las doctrinas orientales, como el hinduismo y el budismo, demostrándose que aunque algunas escuelas filosóficas pregonasen el materialismo como una verdad, los fundamentos de la vida inmortal, de la interacción entre el mundo espiritual y el mundo físico, de la reencarnación y de la ley de causa y efecto, siempre formaron parte de las diversas culturas del planeta, y son mucho más sólidos y lógicos que los de aquellos que defendían la legitimidad de las doctrinas materialistas.

La vida del príncipe Siddhartha Gautama sirvió como base para las reflexiones en torno de temas tales como la felicidad y el bienestar físico, emocional y espiritual. Antes de iluminarse, Buda vivía fastuosamente y, sin embargo, no era feliz, sentía un gran vacío existencial. Fue necesario que él realizase un viaje interior y el autodescubrimiento para que, entonces, encontrara el equilibrio y viviera plenamente.

Con posterioridad, fueron analizadas las cuatro principales propuestas filosóficas sobre la felicidad: el pensamiento de Epicuro, que sostenía que la felicidad se obtiene con el tener, con la posesión; la propuesta de la doctrina cínica, que se oponía frontalmente a la anterior, afirmando que la felicidad estaría en no tener posesiones de ninguna clase; el estoicismo, que defendía la necesidad de tener coraje para hacer frente a cualquier sufrimiento, en todas las circunstancias de la vida; y, por último, la propuesta socrática, que expresa que la felicidad reside en ser, en que el individuo desarrolle en sí los valores ético-morales, autoconociéndose e iluminándose.

Profundizando más aún, el pensamiento de la filosofía oriental, el orador se refirió a las cuatro verdades budistas, y explicó que la existencia física invariablemente está llena de sufrimientos, y que estos provienen de las pasiones, o también de las malas tendencias morales de los individuos, de modo que la eliminación de esos padecimientos depende de la superación de las tendencias inferiores. Para tal logro -según la propuesta budista-, existe un camino hacia el encuentro de la Verdad, que liberaría al ser de la ignorancia y le propiciaría los recursos necesarios para la labor de perfeccionamiento moral y espiritual. Ese camino estaría compuesto de ocho elementos o pasos.

Mediante un análisis comparativo, entre las diferentes doctrinas religiosas y filosóficas y el mensaje de Jesús, fue destacado que en la propuesta cristiana el sufrimiento es presentado desde un aspecto diferente, porque deja de ser algo negativo, punitivo, para adquirir un estatus positivo, de superación de las malas tendencias, y de conquista de valores superiores.

Dando continuidad, aún, al estudio del mensaje del Evangelio de Jesús, Divaldo recordó la enseñanza que manifiesta que el Reino de los Cielos está dentro de la criatura humana, o sea, que constituye un estado interior de plenitud, conquistado mediante el esfuerzo individual de iluminación espiritual. En un paralelo con el pensamiento junguiano, podría hablarse de la transmutación de la sombra del ego en Self. Por lo tanto, sería imprescindible que el ser encontrara un sentido psicológico profundo para su existencia. Para los psiquiatras Carl Gustav Jung y Viktor Frankl, según lo expresado, la meta psicológica más importante y de efectos positivos sería el amar. Ese concepto estaría incluido en la propuesta de la inmortalidad de la Doctrina Espírita, que recomienda el amor como el medio para alcanzar la vida espiritual en plena armonía.

Como un recurso de auxilio para el proceso de autoconocimiento y de autoiluminación, Divaldo se refirió a las cinco características esenciales del ser humano, de acuerdo con los estudios del psiquiatra y psicólogo de raíz española, nacido en Cuba, Emilio Mira y López: personalidad, conocimiento, identificación, conciencia e individualidad.

Basado en ese conocimiento, y valiéndose también de los conceptos espíritas, el orador afirmó que somos lo que pensamos, y que de esa forma, si pensamos negativamente, de manera pesimista, nuestra mente emitirá ondas vibratorias disgregadoras, que serán transmitidas por el periespíritu al cuerpo físico, a modo de somatización, las cuales generarán la enfermedad; y que lo contrario es verdadero: que los buenos pensamientos y el optimismo, generan ondas saludables, que promueven la cura y el estado de equilibrio y salud en el cuerpo.

En la conclusión de la conferencia, Divaldo resaltó la excelencia del Espiritismo que, según lo expuesto, revive el mensaje puro y simple del Evangelio de Jesús, el cual, en la actualidad, es considerado por la Ciencia como la más profunda y eficiente psicoterapia de todos los tiempos, propiciándonos que comprendamos nuestra realidad espiritual, nuestra inmortalidad, la reencarnación y la Ley de causa y efecto, que es el fundamento de la Justicia divina.

Al evocar la respuesta dada por los Espíritus superiores a Kardec, en la pregunta número 621 de El Libro de los Espíritus, dijo que la Ley universal divina está registrada en nuestra conciencia y que, por eso, todos tenemos en nuestro interior las instrucciones seguras para una vida plena, feliz y en paz, así como también los recursos para la curación de todos los males que nos afligen, sean físicos, emocionales o espirituales.

El mensaje final, para las reflexiones de todos fue: ¡Piense en el bien, ame siempre! ¡Y sea feliz!

Después de un intervalo, Divaldo respondió las preguntas formuladas por el público acerca de: convivencia con familiares depresivos; cambio de actitud mental; cultivo de buenos pensamientos; crisis políticas y sociales; superación del dolor a raíz de la desencarnación de seres queridos, entre otras.

Texto: Júlio Zacarchenco
Fotos: Akemi Adams/Lucimar

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