Divaldo Franco en California USA

divaldo-francoEl pasado día martes 15/03/ 2016, el médium y orador espírita Divaldo Franco realizó un miniseminario en la ciudad de San Francisco, sobre el tema El poder del pensamiento en el proceso de curación, con el que dio comienzo al ciclo de conferencias en el Estado de California, USA. El acto tuvo lugar en la First Unitarian Universalist Church & Center, y contó con la presencia de más de 330 personas, que colmaron el lugar.

Después de una conmovedora presentación de la soprano Valerie, se hizo entrega a Divaldo de una placa de homenaje de los grupos espíritas del Norte de California, en virtud de su vida y de su dedicación a la causa espírita, especialmente por la labor realizada en aquel estado norteamericano. Sus palabras fueron de profunda gratitud por el gesto de cariño, y transfirió el elogio a Jesús y a Kardec.

A continuación, el orador dio comienzo al desarrollo del tema, estableciendo que el mayor problema de la criatura humana es ella misma, es decir, por los conflictos que en ella existen. Y, a fin de favorecer una profunda comprensión acerca del tema, se analizaron las 5 características esenciales del ser humano, según la propuesta del médico psiquiatra y psicólogo español -nacido ocasionalmente en Cuba-, Emilio Mira y López: personalidad, conocimiento, identificación, conciencia e individualidad.

De acuerdo con ese estudio, todos tendríamos máscaras (personas) que utilizamos para la convivencia social, que serían nuestro ego y que se distinguirían de nuestra realidad profunda: aquello que somos en esencia (Self). Esa paradoja entre el ser y el parecer representaría uno de los grandes conflictos existenciales que debe superar el ser humano.

Al efecto de comprender las enormes diferencias entre los individuos y sus maneras de pensar y obrar, Divaldo hizo referencia a los cuatro principales niveles de conciencia del ser, según la clasificación del psicólogo ruso Piotr D. Ouspensky: conciencia del sueño, conciencia del soñar, conciencia de sí y conciencia cósmica. Las aspiraciones de cada uno, sus objetivos de vida, son los factores que determinan en qué nivel se encuentra cada persona.

Para continuar con el análisis de la conciencia, se explicó que cuando alcanzamos el nivel de conciencia de sí, la máquina humana funcionaría ejecutando siete funciones principales: intelectiva, emocional, instintiva, motora, sexual, emocional superior (moral) e intelectiva superior o colectiva. Fácil, por lo tanto, resulta llegar a la comprensión en cuanto a que la educación del Espíritu -por medio del desarrollo de hábitos saludables y dignos-, sería el camino para alcanzar niveles más elevados de conciencia. La última de las características del ser humano presentada fue la individualidad, la cual sería la representación junguiana del Self, o sea, del ser espiritual profundo en perfecta identificación con Dios.

Divaldo destacó que la comprensión de ese preámbulo sería de fundamental importancia para el proceso de cura a través de la potencia del pensamiento. Según él, el Espiritismo demostró que somos seres divinos e inmortales, transitoriamente vinculados a un cuerpo físico por medio de otro elemento, el periespíritu o cuerpo espiritual. Dentro de esa tríada –Espíritu, periespíritu y organismo físico-, sería el primero de los elementos, el creador y emisor del pensamiento, el cual impulsaría las funciones del cuerpo espiritual que, por su parte, ordenaría las actividades fisiológicas, en una perfecta y profunda interacción. De esa forma, sería correcto afirmar que somos lo que pensamos, y que nuestra salud integral (física, emocional y espiritual) depende directamente del control y del tenor de nuestros pensamientos, los cuales controlarían las ya referidas funciones de la maquinaria humana.

En ese contexto, el mensaje de Jesús con respecto al amor a Dios, al prójimo y a sí mismo, cumpliría la función de una terapia psicológica de profundidad, con efectos sobre la salud orgánica, dado que la potencia del pensamiento positivo del amor, modificaría las estructuras moleculares del cuerpo espiritual, equilibrando sus funciones y restableciendo, como consecuencia, el equilibrio del cuerpo físico. En contrapartida, los pensamientos negativos, pesimistas, depresivos, generarían cargas deletéreas sobre el periespíritu, cuyos reflejos sobre el organismo carnal serían su debilitamiento y su desequilibrio, dando lugar en él a los estados mórbidos.

La educación del pensamiento sería, por lo tanto, esencial para el proceso de cura integral del ser humano, al evitarse las perturbaciones causadas por el individualismo, por el consumismo, por la sexolatría, por la ansiedad, etc. Por esa razón y con base en la inmortalidad del alma, en la reencarnación y en la ley de causa y efecto, se ha dicho que el Espiritismo afirma que cada cual es autor de su propio destino, que recibe hoy los frutos de su propia siembra, mientras prepara el futuro con los pensamientos y las acciones del presente.

Divaldo destacó la afirmación del psiquiatra Carl Gustav Jung, que expresa acerca de Jesús, que es el prototipo del hombre integral, plenamente saludable. No por otra razón, los Espíritus nobles informaron a Allan Kardec, en la obra El Libro de los Espíritus, que Jesús es el modelo y guía de toda la humanidad. La propuesta que Él presentó en su Evangelio -que significa buenas nuevas de alegría-, sería toda de optimismo, progreso y salud.

Se abordaron los contenidos de las obras Amor, Medicina y Milagros, cuyo autor es el oncólogo Dr. Bernie Siegel, y Memoria de las Células, del psiconeuroinmunólogo Dr. Paul Pearsall, además de las investigaciones científicas llevadas a cabo por el Dr. Michael Persinger y el Dr. Vilayanur Ramachandran, neurocientíficos que descubrieron el denominado Punto de Dios en el cerebro humano, y por la Dra. Danah Zohar, física, que habló por primera vez de la existencia de la inteligencia espiritual, instalando de esa manera un puente entre la Ciencia y el Espiritismo, mediante la demostración de que ambos conocimientos están en perfecta sintonía entre sí y señalan al ser profundo que somos, como la fuente generadora de la salud integral.

Divaldo concluyó su disertación ratificando que podemos realizar los procesos de cura y autocura a través del poder mental debidamente canalizado, y que somos todos hijos de Dios, por lo tanto, seres lucigénitos, en franco proceso de evolución espiritual, eliminando nuestras imperfecciones morales y disipando nuestras sombras psicológicas por medio de las experiencias reencarnatorias, hasta que alcancemos el estado numinoso.

En la parte final del miniseminario se respondieron preguntas del público respecto de temas tales como: la meditación como un recurso terapéutico; cura y autocura; necesidad de las terapias académicas; transición planetaria y salud integral, etc.

Texto Júlio Zacarchenco
Fotos: Lucimar y Akemi Adams

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