Hedonismo

JoannaEl concepto de hedonismo ha ido variando con el esfuerzo a través de los siglos. Creado, originariamente para facultar el proceso filosófico de la búsqueda del placer, hoy se presenta, desde el punto de vista psiquiátrico como siendo una expresión psicopatológica, por significar solo el goce físico, abrasador, incesante, finalidad única de la existencia humana, esencialmente egotista. Tal concepto surgió con el discípulo de Sócrates, Aristipo de Cirene, sobre el siglo 5º antes de Cristo y fue consolidado por sus seguidores.

La finalidad única al ser humano, bajo la óptica hedonista, era el placer individual. En la actualidad, se consideran dos vertientes en el hedonismo: la primera, denominada psicológica o antigua, que tiene como meta el placer como siendo el último fin, constituido una realidad psicológica positiva, gratificante, y la ética o moderna, que elucida, no buscando las criaturas actuales siempre y solamente el placer personal, sino que se deben dedicar a encontrar y conseguir aquel que es el placer mayor para sí mismas y para la humanidad.

La tendencia del ser humano, sin embargo, es la búsqueda de lo que agrada de inmediato, en razón del atavismo sobrante de la posesión, de la dominación sobre el espécimen más débil, que se le somete servilmente, proporcionando el goce de la falsa superioridad. En ese comportamiento, la libido predomina, estableciendo la meta próxima, que se convierte en la auto realización por el atendimiento al deseo.
El deseo es factor de tormento, dado que se manifiesta con predominancia de interés substituyendo todos los demás valores, como siendo la principal, después de que, atendido, abre perspectivas a nuevos anhelos. En ese capítulo, el deseo de naturaleza lasciva, fuertemente vinculado al sexo, atormenta, dando surgimiento a patologías varias, que necesitan asistencia terapéutica especializada. En otras veces, las frustraciones interiores imponen alteraciones de conducta, dando origen al deseo de poder, de la gloria, de la conquista de valores monetarios, en la vana ilusión de que esas adquisiciones realizan a su poseedor.

La realidad, sin embargo, surge, más decepcionante, lo que produce, a veces, estados depresivos o de violencia, que irrumpen sutilmente o voluptuosos. Son algunas de esas ocurrencias psicológicas que hacen surgir a los dictadores, a los dominadores arbitrarios de personas y de grupos humanos, a los criminosos hediondos, a los perseguidores implacables, a un expresivo número de infelices de los otros, porque son infelices ellos mismos.

En lo íntimo, subconscientemente, está la búsqueda hedonista, impositiva, ególatra, sin ninguna abertura para el conjunto social, para la comunidad o para sí mismo a través de las expresiones de afecto y de donación, de cariño y bondad, que son valores de alto contenido terapéutico. El hedonista se ve solo a sí mismo, aturdiéndose en la insatisfacción que acompaña el placer, con lo cual jamás se siente pleno. El ansia del placer es tan incontrolable como interminable. Conseguido uno, otra surge, en una sucesión desenfrenada.

Cuando la consciencia del deber establece los paradigmas de la auto-conquista, el placer cambia de significado, adquiriendo otro sentido, que es de legitimidad para la armonía del ser psicológico, exteriorizándose en trabajo, elevación interior, realizaciones permanentes. Revienta las amarras del ego y abre las alas para que el ser profundo pueda expandirse, volando en dirección al Infinito. El placer de ayudar transforma al individuo en un ser progresista, idealista, que se realiza mediante la construcción de la felicidad en otro, sin ninguna forma de fuga de su propia realidad.

En esa fase experimental de la salida del ego y de su superación, nuevos placeres pasan a ocupar los estados emocionales: la visión de los paisajes irisadas del Sol y ricas de belleza, el encantamiento que el mundo ofrece, la alegría de estar vivo, el sentido de utilidad que experimenta, la empatía que transcurre de los valores que van siendo descubiertos, contribuyendo para el auto-encuentro, para el significado existencial. La búsqueda del placer, por tanto, es parte esencial de los desafíos psicológicos existenciales, desde que sea dirigida para aquellos que proponen liberación, conquista de paz, realización interior. El altruismo es el antídoto, la terapia más valiosa para la superación de la práctica hedonista de la evolución del ser.

Espíritu Joanna Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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