Casamiento y compañerismo

DiEl resultado natural del amor entre personas de sexos diferentes es el casamiento, cuando se tiene por meta la comunión física, el desarrollo de la emoción psíquica, el relacionamiento generador de la familia y el compañerismo. El matrimonio representa una experiencia de alto desarrollo del Self, cuando se reviste de respeto y consideración por el conyugue, firmándose en la fidelidad y en los compromisos del compañerismo en cualquier experiencia de unión que los vincula, recíprocamente, uno al otro ser.

Conquista de la monogamia, a través de grandes luchas, el instinto viene siendo superado por la inteligencia y por la razón, demostrando que el sexo tiene finalidades específicas, no debiendo su función ser malbaratada en los juegos del placer incesante, y significa una auto realización de la sociedad, que mejor comprende los derechos de la persona femenina, que deja de ser un objeto para tornarse noble e independiente como es. Lo mismo ocurre en relación al esposo, cabiendo a la mujer el debido cumplimiento de los deberes de respeto, manteniéndose digna en cualquier circunstancia y época después de la unión.

Más que un acto social o religioso, conforme establecen algunas Doctrina ancestrales, vinculadas a dogmas y a ortodoxias, el casamiento consolida los vínculos del amor natural y responsable, que se vuelve para la construcción de la familia, esa admirable célula básica de la humanidad.

El hogar, aun, el santuario de amor, en el cual, las criaturas se armonizan y se completan, dinamizando los compromisos que se multiplican en realización que dignifica la sociedad. Por eso, cuando el egoísmo derrumba los vínculos del matrimonio por necesidades sexuales variados, o porque hubo un proceso de saturación en el relacionamiento, habiendo hijos, se genera un grave problema para el grupo social, no menor que en relación a sí mismo, así como aquel que queda rechazado. Ciertamente, no todos los días de la convivencia matrimonial serán festivos, pero eso ocurre en todos los campos del comportamiento. Aquello que hoy tiene un gran sentido y despierta placer, mañana, probablemente, se torna fastidioso, desagradable. En ese momento, la amistad asume su lugar, amenizando el conflicto y proporcionando el compañerismo agradable y benéfico, que rehace la comunión, sustentando el afecto.

En verdad, lo que mantiene el matrimonio no es el placer sexual, siempre huidizo, aunque inspirado por el amor, sino la amistad, que responde por el intercambio emocional a través del dialogo, del interés en las realizaciones del otro, en la convivencia compensadora, en la alegría de sentirse útil y estimado. Hay muchos factores que contribuyen para el desconcierto conyugal en la actualidad, como los hubo en el pasado. Primero, los de naturaleza intima: inseguridad, búsqueda de realización por el método de la fuga, insatisfacción en relación a sí mismo, transferencia de objetivos, que nunca se completaran en una unión que no se madura en el amor real.

Segundo, por otros de orden psico-social, economía, educación, en los cuales están embutidos los culturales, de religión, de raza, de nacionalidad, que siempre comparecen como motivo de desajuste, pasados los momentos de euforia y de placer. Aun se pueden relacionar aquellos que son consecuencias de intereses secundarios, en los cuales el sentimiento del amor estuvo ausente. En esos casos, ya se inició el compromiso con programa de extinción, lo que luego sucede. Hay, aún más, algunos que son derivados del interés de obtener sexo gratuitamente, cuando sea solicitado, lo que derrapa en verdadera amoralidad de comportamiento.

El matrimonio, fomentando el compañerismo, permite la plenitud de los dos, que pasa a comprender la grandeza de las emociones profundas y realizaciones, administrando las dificultades que surgen, prosiguiendo con seguridad y optimismo. En las profundas relaciones conyugales también pueden surgir dificultades de entendimiento, que deben ser solucionadas mediante la ayuda especializada de consejeros matrimoniales, de psicólogos, de la religión que se profesa, y, principalmente, por intermedio de la oración que dulcifica el alma y faculta mejor entendimiento de los objetivos existenciales. De ese modo, la tolerancia toma el lugar de la irritación, la comprensión satisface los estados de desánimo, favoreciendo con soluciones hábiles para que sean superadas esas ocurrencias.

Es claro que el casamiento no impone un compromiso irreversible, lo que sería terriblemente perturbador e inmoral, en razón de todos los desafíos que presenta, los cuales dejan muchas secuelas, cuando no necesariamente diluidos por la comprensión y por la afectividad. La separación legal ocurre cuando ya hubo la de naturaleza emocional, y las personas son extrañas unas a las otras. Además, lo precipitado hace que las criaturas se unan no con la individualidad, el ser real, sino, con la personalidad, la apariencia, con los manierismos, con las proyecciones que desaparecen en la convivencia, desvelando cada cual conforme es, y no como se presentaba en el periodo de la conquista. Esa falta de identidad, también conocida como el caer la de máscara, causa, no pocas veces, grandes choques, produciendo impactos emocionales devastadores.

El ser maduro psicológicamente busca la emoción del matrimonio, sobre todo para preservarse, para la plenitud, para sentirse miembro integrante del grupo social, con el cual contribuye a favor del progreso. Su decisión se refleja en la armonía de la sociedad, que de él depende, tanto como él lo siente necesario. Todo compromiso afectivo, por tanto, que envuelve dos individuos, se torna de magna importancia para el comportamiento psicológico de ambos.

Rupturas abruptas, escenas agresivas, actitudes livianas y vulgaridad generan lesiones en el alma de la víctima, así como en aquel que las asume.

Espíritu Joanna Ângelis

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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