Miedo de amar

JoannaAngelisLa inseguridad emocional responde por el miedo de amar. Como el amor constituye un gran desafío para el Self, el individuo enfermizo, de conducta trastornada, inquieto, ambicioso, víctima del egoísmo, evita amar, a fin de no perder los instrumentos en los cuales oculta la debilidad afectiva, agrediendo o escamoteándose en disfraces variados.

El amor es mecanismo de liberación del ser, mediante el cual, todos los revestimientos de la apariencia ceden lugar al Si profundo, despido de los activos físicos y mentales, bajo los cuales el ego se esconde.
El miedo de amar es mucho mayor de lo que parece en el organismo social. Las criaturas, víctimas de las ambiciones inmediatistas, negocian el placer que denominan como amor o se imponen a ser amadas, como si tal conquista fuese resultado de determinados condicionamientos o exigencias, que siempre resultan en fracaso. Toda vez que alguien exige ser amado, demuestra desconocimiento de las posibilidades que duermen latentemente y afirma los conflictos de que se ve objeto.

El amor, para tal individuo, no pasa de un recurso para uso, para satisfacciones inmediatas, iniciando por la proyección de la imagen que se destaca, no percibiendo que, aquellos otros que lo alaban y lo lisonjean, demostrándole afectividad son, también, inconscientes, que se utilizan de la ocasión para vaciar las necesidades de afirmación de la personalidad, o que denominan de un lugar al Sol, en el cual pretenden brillar con la claridad ajena.

Los vemos en el desfile de los oportunistas y gozadores, de los ruidosos y aprovechadores que siempre cercan las personas denominadas de exitosas, al lado de las cuales se encuentran vacíos de sentimiento, no rellenando los espacios de aquellos a quien pretender agradar, igualmente sedientos de amor real.

El amor está presente en el relacionamiento existente entre padres e hijos, amigos y hermanos. Pero también se expresa en el sentimiento del placer, inmediato o que vaya a ocurrir más tarde, en forma de bien estar. No se puede disociar el amor de ese mecanismo del placer más elevado, mediando, a aquel que no atormenta ni exige, pero surge como respuesta emergente del propio acto de amar.
Cuando el amor se instala en el ser humano de inmediato una sensación de placer se le presenta natural, enriqueciéndolo de vitalidad y de alegría con las cuales adquiere resistencia para la lucha y para los grandes desafíos, aureolado de ternura y de paz.

El amor resulta de la emoción, que puede ser definida como una reacción intensa y breve del organismo a una ocasión inesperada, el cual se acompaña de un estado afectivo de concentración penosa o agradable, del punto de vista psicológico. También puede ser definida como el movimiento emergente de un estado de excitación de placer o dolor. Como consecuencia, el amor siempre se dirige a aquellos que son simpáticos entre sí y con los cuales se puede mantener un relacionamiento agradable. Este concepto, pues, se restringe a la exigencia del amor que se expresa por la emoción física, transformándose en placer sensual.

Bajo otro aspecto, hay amor profundo, no necesariamente correspondido, pero hecho de respeto y de cariño por el individuo, por una obra de arte, por algo de la Naturaleza, por el ideal, por la conquista de alguna cosa superior o trascendente, para cuyo logro se empeñan todas las fuerzas disponibles, en expectativa de alcanzar un placer remoto. Las experiencias positivas desarrollan los sentimientos de afectividad y de cariño, las desagradables proponen una postura de reserva o se hace cautelosa, cuando no se presenta negativa. El miedo de amar, están definidos los traumas de infancia, cuyos reflejos se presentan en relación a las demás personas, como proyección de los tormentos sufridos en aquel periodo. También puede resultar de insatisfacción personal, en conflicto de comportamiento por inmadurez psicológica, o reminiscencia de sufrimientos, o en sus usos indebidos en reencarnaciones anteriores. De alguna forma, en el amor, hay una natural necesidad de aproximación física, de contacto y de inmediato con la persona querida.

Cuando se es carente, esa necesidad se torna tormentosa, dejando de expresar el amor real para volverse deseo de placer inmediato, consumidor. Si fuera establecida una dependencia emocional, luego el amor se transforma y se torna un tipo de ansiedad que se confunde con el verdadero sentimiento. He aquí porque, muchas veces, cuando alguien dice con aflicción yo te amo, está intentado decir yo te necesito, que son sentimientos muy diferentes.

El amor condicional, dependiente, atrae una persona a la otra, al revés de libertarla. Cuando no existe esa libertad, el significado del yo lo amo, lo transforma en la exigencia de tú me debes amar, imponiendo una respuesta de sentimiento inexistente en el otro.

El miedo de amar también tiene origen en el recelo de no merecer ser amado, lo que constituye un complejo de inferioridad. Todas las personas son carentes de amor y de él acreedoras incluso cuando no poseen recursos hábiles para conseguirlo. Pero siempre habrá alguien que esté dispuesto a expandir su sentimiento de amor, sintonizando con otros, también portadores de necesidades afectivas. El miedo, pues, de amar, por el recelo de mantener un compromiso serio, debe ser sustituido por la búsqueda de la afectividad, que se inicia en la amistad y termino en el amor pleno. Tal sentimiento es agradable por la oportunidad de expandirse, ampliando los horizontes de quien desea amigos y se convierte en compañero, desarrollan la emoción del placer por el relacionamiento desinteresado, que se va alterando hasta transformarse en amor legítimo.

Indispensable, por tanto, superar el conflicto del miedo de amar, iniciándose en el esfuerzo de amoldarse a otro, no generando dependencia, ni imponiendo condiciones. Solamente así la vida adquiere sentido psicológico y el sentimiento de amor domina al ser.

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”
Fragmento traducido por Jacob

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