Amor y Eros

DiEl amor se expresa como sentimiento que se expande, irradiando armonía y paz, terminando por generar plenitud y renovación intima. Igualmente se manifiesta a través de las necesidades de intercambio afectivo, en el cual los individuos se completan, intercambiando hormonas que relajan el cuerpo y dinamizan las fuentes de inspiración del alma, impulsando para el progreso. Sin él, se entibian las esperanzas y perece el objetivo existencial del ser humano en la Tierra.

Las grandes construcciones del pensamiento siempre se consolidan en sus variadas manifestaciones, incitando al engrandecimiento espiritual, arrebatando por los ideales de dignificación humana y fomentando tanto el desarrollo intelectual como el moral.

Valioso vehículo para que se perpetúe la especie, cuando en el transcurso sexual, de que se hace el más importante componente, es la fuerza dinámica e indispensable para que la vida se alargue, etapa a etapa, dichosa y plena.

En los otros reinos, animal y vegetal, se manifiesta como instinto en el primero y factor de sincronía en el segundo, de alguna forma, embriones de la futura conquista de la evolución. Adorna la búsqueda con la melodía de la ternura y encanta mediante la capacidad que posee de envolvimiento, sin agresión o cualquier otro tipo de tormento. Bajo su inspiración as funciones sexuales se ennoblecen y la sexualidad se manifiesta rica de valores sutiles: una mirada de cariño, un toque de afectividad, un abrazo de calor, un beso de intimidad, una caricia envolvente, una palabra enriquecedora, una sonrisa de relajación, tornándose vehículo de manifestaciones más profundas y responsables.

Como es verdad que el instinto reproductor realiza su menester automáticamente, cuando, sin embargo, el amor interviene, la sensación se eleva al grado de emoción donadora con todos los componentes fisiológicos, sin la salvajería de la posesión, del abandono y del agotamiento. La armonía y la satisfacción de ambos, las parejas constituyen el equilibrio del sentimiento que se expande y produce plenitud.

La libido, bajo sus impulsos, como fuerza creadora, no produce tormento, no exige satisfacción inmediata, irradiándose, también, como vibración envolvente, inmaterial, profundamente psíquica y emocional. Cuando el sexo se impone sin el amor, su travesía es rápida, frustrante, insaciable… Por otro lado, los mitólogos definen Eros, en la conceptuación antigua del Olimpo Griego, como siendo la Divinidad que representa el Amor, particularmente de naturaleza física.

Eros habría nacido del caos primitivo, por tanto, espontáneamente, como manifestación de la vida afectiva. A partir del siglo 6º antes de Cristo pasó a ser representativo de la Pasión, y habría tenido un origen diferente, una génesis más poética, compareciendo como hijo de Hermes y Afrodita, o como descendiente de Cronos y Gea, o de Céfiro e Iris, o aun, de Afrodita y Marte… Fue objeto de culto particular y especial en Tespias, Esparta, Samos, Atenas, mereciendo ese culto ser asociado a lo que se dispensaba a Afrodita, Cantes, Dionisio y Hércules.

Por extensión, pasó a representar el deseo sexual, la función  meramente consecuente del gozo sensualista, de los placeres y satisfacciones sexuales. Posteriormente, los romanos lo identificaron como Cupido, hijo de Venus, inicialmente representado como un adolescente, en cuanto en Grecia poseía la apariencia de un niño algo malicioso, que se hacía conocer con o sin alas, arco y flechas en las manos. Fue tenido como el más poderoso de los dioses durante mucho tiempo. Lo importante, pues, es que, en nuestro concepto personal, el amor transciende a los deseos sexuales, en cuanto Eros, que puede ser portador de sentimiento afectivo se caracteriza por los condimentos de la libido siempre dirigida para los placeres y satisfacciones inmediatas de la utilización del sexo.

El amor es permanente, en cuanto Eros es transitorio. El primero felicita proporcionando alegrías duraderas; el segundo agrada y desaparece voraz, como llama crepitante que arde y gasta el combustible, para luego convertirse en cenizas que se enfrían… Eros toma cuenta de los sentidos y responde por las pasiones desenfrenadas, por los conflictos de la insatisfacción, que llevan al crimen, al infortunio, al desespero. Teniendo, por objetivo inmediato e inaplazable, el atendimiento de los deseos mentales del desequilibrio sexual, es responsable por la alucinación que predomina en los grupos sociales en desaliño.

Asomando en cataratas de posesión enceguecida, no confía, envenenado por los celos, se trastorna por la inseguridad, hiere y magulla, derrapando en patológicas sexuales devastadoras y perversiones enloquecidas.

El amor dulcifica y calma, espera y confía. Es enriquecedor, y, aunque se exprese en deseos ardientes que se extasían en la unión sexual, no consume aquellos que se entregan apasionadamente, porque se enternece y vitaliza, contribuyendo para la perfecta unión. El amor se utiliza de Eros, sin que se le someta, en cuanto ese raramente se unge del sentimiento de pureza y serenidad que caracterizan al primero.

Los actuales son días de libido desenfrenado, de pasión avasallador, de predominancia de los deseos que descontrolan las mentes y aturden los sentimientos bajo el comando de Eros. No obstante, el amor está siendo convidado a sustituir la ilusión que el sexo autómata produce, calmando las ansiedades en cuanto alza a los seres humanos al altiplano de las aspiraciones más libertadoras.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor”

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.