Amor, imbatible amor

JoannaAngelisEl amor es sustancia creadora y mantenedora del Universo, constituido por esencia divina. Es un tesoro que, cuanto más se divide, más se multiplica, y se enriquece a medida que se reparte. Más se engrandece, cuanto más se dona. Se fija con más poder, cuanto más se irradia. Nunca perece, porque no se entibia ni se enflaquece, desde que su fuerza reside en el acto mismo de donarse, de tornarse vida.

Así, como el aire es indispensable para la existencia orgánica, el amor es el oxígeno para el alma, sin el cual la misma se enflaquece y pierde el sentido de vivir. Es imbatible, porque siempre triunfa sobre todas las vicisitudes y maquinaciones. Cuando aparente- de carácter sensualista, que busca apenas el placer inmediato- se debilita y se envenena, o se entorpece, dando lugar a la frustración. Cuando real, estructurado y maduro – que espera, estimula, renueva- no se satura, es siempre nuevo e ideal, armónico, sin altibajos emocionales.

Une a las personas, porque reúne las almas, las identifica en el placer general de la fraternidad, alimenta el cuerpo y dulcifica el yo profundo. El placer legítimo transcurre del amor pleno, generador de la felicidad, en cuanto el común es devorador de energías y de formación angustiante.

El amor atraviesa diferentes fases: el infantil, que tiene carácter posesivo, el juvenil, que se expresa por la inseguridad, el maduro, pacificador, que se entrega sin reservas y se hace pleno.

Hay un periodo en que se expresa como compensación, en la fase intermedia entre la inseguridad y la plenitud, cuando da y recibe, procurando liberarse de la consciencia y culpa.

El estado de placer difiere de aquel de plenitud, en razón de que el primero es fugaz, en cuanto el segundo es permanente, aun mismo bajo la imposición de relativas aflicciones y problemas-desafíos que pueden y deben ser vencidos. Solamente el amor real consigue distinguirlos y los puede unir cuando se presenten esporádicos.

La ambición, la posesión, la inquietud generadora de inseguridad – celos, incerteza, ansiedad afectiva, exigir cariños y atenciones -, la necesidad de ser amado caracteriza la práctica del amor infantil, obsesivo, dominador, que piensa exclusivamente en si antes que en el ser amado.

La confianza, suave –dulce y tranquila, la alegría natural y sin alarde, la exteriorización del bien que se puede y se debe ejecutar, la compasión dinámica, la no-posesión, no-dependencia, no-exigencia, son beneficios del amor pleno, pacificador, imperecedero.

Aunque se modifiquen los cuadros existenciales, que se alteren las manifestaciones de la efectividad del ser amado, el amor permanece liberador, confiado, indestructible.

Nunca se impone, porque es espontaneo como la propia vida y se irradia ocultándose, contagiando de alegría y de paz. Se expande como un perfume que impregna, agradable, suavemente, porque no es agresivo ni embriagador o apasionado…

El amor se apega, no sufre la falta, pero disfruta siempre, porque vive en lo íntimo del ser y no de las gratificaciones que el amado ofrece.

El amor debe ser siempre el punto de partida de todas las aspiraciones y la etapa final de todos los anhelos humanos. El clímax del amor se encuentra en aquel sentimiento que Jesús ofreció a la Humanidad y prosigue donando, en Su condición de Amante no amado.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Amor, imbatible amor»

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