Seminario Libérate del Mal

divaldo_pereiraLa invitación al autoperdón formulada en la víspera, aún repercutía en las mentes y también en los corazones que habían participado del culto del Evangelio. Un nuevo ánimo brillaba en los ojos expectantes de todos, aquella mañana radiante de verano. Al ocupar la tribuna, Divaldo enuncia los conceptos que abordará para el desarrollo del tema Liberación del Mal.

La terapia será de naturaleza psicológica, a partir de aquel que es el mayor adversario de nuestro proceso evolutivo: el egoísmo. Y es a través del Espiritismo, que Divaldo da comienzo al enunciado y la comprensión del verdadero significado en nuestras vidas del egoísmo, y en tal sentido menciona la pregunta planteada por Allan Kardec a los venerados Espíritus, identificada en El Libro de los Espíritus como la pregunta 913: ¿Cuál de los vicios puede ser considerado la raíz de todos los otros? Y los Espíritus buenos respondieron: Lo hemos dicho muchas veces: el egoísmo. De ahí deriva todo el mal. Estudiad los vicios y veréis que en el fondo de cada uno de ellos se halla el egoísmo. (Capítulo XII, Perfección Moral)

Queda en claro que el egoísmo es, sin dudas, el mayor enemigo de nuestra plenitud. Como el enfoque terapéutico será a través de la Psicología, Divaldo busca uniformar los diferentes niveles de conocimiento que existen en la platea, y resume didácticamente, en forma muy clara, la trayectoria de las diversas psicoterapias que surgieron y las trayectorias de sus principales protagonistas.

Comienza por Jean-Martin Charcot (1825-1893) quien en 1880 se propone tratar la histeria mediante el hipnotismo. Los resultados obtenidos se difunden por el mundo, y atraen la atención de un joven médico neurólogo de Viena: Sigmund Freud (1856-1939), que se traslada a París para aprender con Charcot, directamente, esa técnica. La hipnosis representó un gran paso para comprender la mente humana, pero era insuficiente para entender las causas por las que había tantos enfermos que no manifestaban sus enfermedades.

Persiguiendo su objetivo de interpretar a la criatura humana, Freud va haciendo un recorrido a través de  los comportamientos humanos, hasta que finalmente logra identificar que los conflictos que se hallaban en el subconsciente eran los principales generadores de los disturbios. Nace el psicoanálisis y la extraordinaria contribución para desmitificar al sexo, considerado por la religión dogmática como una inmundicia. Parafraseando a Pablo de Tarso, que en la Epístola a los Romanos (14:14) registró: Como persona que está con el Señor Jesús, tengo plena convicción de que ningún alimento es por sí mismo ritualmente impuro, a no ser para quien así lo considere; para ese es impuro. Freud establece que el sexo solamente es impuro para quien así lo considera.

La humanidad comienza a emerger de las tinieblas de la ignorancia en el tratamiento de los conflictos y disturbios psiquiátricos. El impacto del Psicoanálisis de Freud atrae la atención del psiquiatra y psicoanalista suizo Karl Gustav Jung (1875-1961), que se suma al Padre del Psicoanálisis. No obstante, ambos se alejan irreconciliablemente. Freud consideraba a Jung demasiado místico, mientras que Jung consideraba que no todos los problemas provenían de la libido. Jung formula nuevos conceptos y técnicas, y surge entonces la Psicología analítica.

Llegado a ese punto, Divaldo explica y define el significado de los principales términos y de las expresiones específicas de la Psicología -Consciente, subconsciente, inconsciente individual, inconsciente colectivo, Ego y Self- destacando la expresión Arquetipos (marcas antiguas) adoptada por Jung para caracterizar nuestros conflictos. Se da cuenta, Jung, de que estamos compuestos por una duplicidad: el Self (aquello que somos) y el Ego (aquello que aparentamos, la máscara).

En realidad somos el Self, que agrega las experiencias de todas las generaciones y que contiene nuestro inconsciente colectivo, al cual el Espiritismo denomina periespíritu. Además, el Ego es nuestra personalidad, al que el Espiritismo identifica con nuestras pasiones negativas (el mal del cual debemos liberarnos).

Finalizada la explicación sobre las ciencias de interpretación de la criatura humana y de sus terapias, Divaldo da comienzo a los conceptos relativos a la comprensión, acerca de que debemos concentrar nuestras energías en la transformación del egoísmo en altruísmo, mediante el continuado trabajo y esfuerzo para liberarnos de la esclavitud del EGO (aquello que aparentamos) y de sus maleficios, desarrollando la primacía del SELF (Ser profundo). Para eso, Divaldo se refirió a la obra El Caballero prisionero en la armadura (Editora Record) del escritor y guionista norteamericano Robert Fischer, citando la dificultad experimentada por el caballero del relato, que busca liberarse de la armadura (EGO), dentro de la cual vive prisionero.

El Espiritismo nos muestra el camino: El egoísmo habrá de debilitarse a medida que predomine la vida moral sobre la vida material y, en especial, mediante la comprensión que el Espiritismo os ofrece de vuestro estado futuro real, y no desnaturalizado por ficciones alegóricas. (El Libro de los Espíritus, preg. 917). Para que esa conquista sea permanente, la transformación debe ser desde adentro hacia afuera. Pero, ¿cómo efectuar la reforma íntima preconizada por Jesús y enfatizada por la Doctrina Espirita?

Divaldo muestra el rumbo, recurriendo una vez más al repertorio de la Doctrina Espírita, específicamente a El Libro de los Espíritus, donde Kardec consulta a los Espíritus Superiores, en la cuestión 919: ¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorar en esta vida y resistir a la incitación del mal?

La respuesta sucinta de los Obreros de Cristo no deja margen para ninguna duda: Un sabio de la Antigüedad os lo ha dicho: Conócete a ti mismo. Esa es nuestra prioridad: El viaje interior que nos auxiliará al reconocimiento de las múltiples imperfecciones que aún aguardan ser identificadas para, después, ser transformadas en virtudes; como también de aquellas otras que, a pesar de que ya las hayamos reconocido, aguardan nuestra decisión firme para sublimarlas.

Dejar el Ego y ser el Self, como hizo Francisco de Asís, que ante la multitud que colmaba la Catedral de Asís escuchó las acusaciones de su padre y delante de todos, se despojó de las finas prendas que llevaba puestas y fue a buscar en un montón de basura, una casaca que allí alguien había tirado y se la puso, ajustando la cintura con una cuerda a modo de cinturón. Mostraba con ese gesto, la lucha que él libraba con el Ego. No lo hacía para importunar a su padre, sino porque esa era la forma de simbolizar el separarse del Ego. Se desnudó porque anhelaba la libertad, hallar la Verdad.

Todo el mundo piensa en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo, manifestó Leon Tolstoi (1828-1910). Quien desee, por lo tanto, cambiar al mundo, que se cambie a sí mismo en primer lugar. No es el mundo el que cambia. Somos nosotros que cambiamos el mundo, cuando nos cambiamos a nosotros mismos. Francisco de Asís no recomendó a nadie la necesidad de vestirse de tal o cual forma. Él se lo impuso a sí mismo.

El Camino de la Verdad, en la búsqueda del autoconocimiento, es muy difícil por el hecho de que nos ignorarmos. La eliminación de la ignorancia de nosotros mismos pasa por la conquista del conocimiento, y citando al sociólogo, médico psiquiatra y psicólogo, el profesor Emilio Mira y López (1896-1964), desde el punto de vista psicológico el ser humano está constituido por cinco (5) elementos:

1. Personalidad (La máscara que ajustamos al rostro).
2. Conocimiento (Son las conquistas intelectuales; está formado por las lecciones aprendidas).
3. Identificación (Son las sintonías con aquello con lo que somos afines).
4. Conciencia ( Actuando junto con el conocimiento forman la base del discernimiento. La conciencia posee niveles diferenciados, como se verá a continuación).
5. Individualidad (El elemento que el egoísmo procura defender a todo costo).

Divaldo alude luego a los niveles de conciencia, que vamos superando en las sucesivas experiencias, e ilustró cada uno de esos niveles, permitiendo a todos identificar aquel en el que transitoriamente nos hallamos, y de ese modo establecer un programa personal de perfeccionamiento:

1. Conciencia de sueño SIN sueños
2. Conciencia de sueño CON sueños
3. Conciencia de sueño DESPIERTO (identificación)
4. Conciencia de Sí mismo.
5. Conciencia Cósmica. (Ya no soy yo quien vive, sino Cristo vive en mí. Gálatas, 2:20).

Para finalizar, Divaldo nos invita a que no desistamos, en la búsqueda del autoconocimiento, a no dejarnos arrastrar por las ilusiones, sino que optemos por afrontar la realidad. Alentándonos a persistir en esa búsqueda, Divaldo cita varios ejemplos de constancia en el propósito, como el descubridor de la lámpara eléctrica -Thomas Alva Edison- que al cabo de más de 700 experiencias infructíferas no desistió, sino prosiguió con sus investigaciones hasta obtener éxito.

Amor o sufrimiento.

Sólo amamos a los otros cuando nos amamos a nosotros mismos… El amor solucionará todos los problemas, por más complejos que se presenten.

Amar como amó Francisco de Asís, que experimentó enfermedades que le deterioraban el cuerpo frágil y afligían a su alma venerada: la malaria en ataques continuos, con fiebre y dolores estomacales, con el bazo y el hígado comprometidos, no consiguió desanimarlo. Junto con esas aflicciones, lentamente se abrieron las primeras rosas rojizas del mal de Hansen. Ante los dolores casi insoportables de la conjuntivitis tracomatosa aceptó someterse a un tratamiento especial para atacar el tracoma, en manos del médico, que calentó dos hierros hasta convertirlos en brasas vivas y lo dejó ciego. Francisco no se quejó, sino exclamó confiado: ¡Oh! ¡Hermano fuego!… Sé bondadoso conmigo en esta hora… Como si no bastase con eso, posteriormente, a fin de detener la purulencia de los oídos, nuevamente soportó que barras de hierro al rojo vivo penetraran en ellos, sin que exteriorizase ni un solo gemido.

Francisco renació para sufrir –sin que debiera sufrir– y para enseñarnos –a nosotros que tenemos deudas – el arte sublime de dedicación a Jesús. Toda una epopeya de sacrificios y abnegación quedaría inscripta en las páginas de la Historia, demostrando cuánto se puede hacer y vivir con la inspiración del amor en plenitud.

Seminario Libérate del Mal con Divaldo Franco – São Paulo, 20/02/16.

Texto: Djair de Souza Ribeiro

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