Libérate del mal

DILa metrópolis se agita. Es viernes, y las personas de todos los rincones de San Pablo se preparan para el fin de semana. El tránsito, habitualmente caótico, se intensifica más aún. No obstante, en los corredores y accesos del Hotel Jaraguá, en el centro de la ciudad, se vive otro clima. Los ejecutivos y los turistas que habitualmente son sus huéspedes, han sido sustituidos por una población muy diferente: alegre y jovial como los turistas, pero con el semblante respetuoso de los ejecutivos.

Esa masa de más de 300 almas encarnadas, busca en el subsuelo del edificio el salón de convenciones. Son los participantes del seminario organizado por el Centro Espírita Dr. Bezerra de Menezes, de Santo André, SP, que en esta ocasión, año 2016, versará sobre el tema Libérate del mal. El lugar ha sido preparado con anticipación por innumerabes trabajadores abnegados y anónimos de la Espiritualidad Amistosa, y recibe en una psicosfera de paz, armonía y serenidad, a todos los encarnados, los cuales se acomodan y aguardan con prudente expectativa el comienzo del estudio del Evangelio.

Un ejemplar de El Evangelio según el Espiritismo es abierto en el capítulo 12: Amad a vuestros enemigos, basado en las palabras de Jesús, registradas por el evangelista Mateo en el capítulo 5, versículo 20: Habéis aprendido que fue dicho: Amaréis a vuestro prójimo y odiaréis a vuestros enemigos. Yo, sin embargo, os digo: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian y orad por los que os persiguen y calumnian, a fin de que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos y que hace que salga el sol para los buenos y los malos, y que llueva sobre los justos y los injustos.

Una voz femenina se eleva, y con contenida emoción lee el párrafo elegido: Los enemigos desencarnados: El espírita tiene, además, otros motivos para ser indulgente con sus enemigos. Él sabe, en primer término, que la maldad no es un estado permanente de los hombres; que esta es consecuencia de una imperfección transitoria y que, así como el niño se corrige de sus defectos, el hombre malo reconocerá un día sus errores y se convertirá en bueno…

Seguida atentamente por la platea silenciosa, la lectura continúa en los ítems 5 y 6. Divaldo invita, entonces, a seis (6) componentes del público para que hagan comentarios sobre el texto evangélico. Se suceden en la tribuna el Dr. Sergio Lourenço y después la Sra. Luiza Leontina Andrade Ribeiro de la Federação Espírita do Estado do Mato Grosso, a quien sigue la escritora y conferencista mineira de Juiz de Fora, la Sra. Suely Caldas Schubert y, además, el ex-intendente de Campinas y actual colaborador del Centro Espírita Allan Kardec, el Sr. Lauro Péricles Gonçalves, al que sigue después la Presidente del Spiritist Group of New York-USA, la Sra. Jussara Korngold y, por último, el periodista de la Red Boa Nova y directivo de la Fraternidade Cristo-Redentor, además de presentador del programa Fraternidade, el enfermero Sr. Antonio Carlos Laferreira. Cada uno, a su turno, suministró su interpretación del texto evangélico leído. A pesar de los matices diferentes y lógicos de cada interpretación, la caridad y el perdón fueron los enfoques que caracterizaron a todos los comentarios.

Divaldo ocupó de nuevo la tribuna, y emocionó a todos con la narración de la historia de Ilse, un caso registrado por el renombrado psicoanalista norteamericano Dr. James Hollis, que ha sido publicado en el libro Los pantanos del alma (editado en Brasil por la Paulus Editora. Título del original: Swamplands of the soul).

Ilse era una joven polonesa y cristiana que, en el año 1942, mientras hacía compras, equivocadamente fue considerada judía y conducida como prisionera al terrible campo de Sobibor, en la propia Polonia. De nada sirvió su reclamo ni la presentación de documentos que demostraban que ella no era judía. Cuando llegó al campo de concentración, fue empujada a la fila de selección, desde donde sería enviada a la cámara de gas o a una barraca para prisioneros.

Adelante de ella había una mujer frágil, acompañada por dos hijas muy pequeñas. Previendo que su destino sería la muerte por el gas intentó, la debilitada madre, dejar con Ilse a ambas niñas, para que pudiesen escapar de una muerte terrible por asfixia. Temerosa de ser involucrada en aquella situación  lo que fatalmente daría como resultado su propia muerte– Ilse empujó con fuerza a las pequeñas, detrás de la señora, que ya se alejaba en dirección al lugar donde la ejecutarían. El guardia nazi, comprendiendo lo que ocurría, así como el intento de la verdadera madre para salvar a sus hijitas, con una actitud cruel y despiadada arrastró a las niñas al lado de su verdadera madre, destinándolas a la muerte.

Ilse jamás pudo olvidar la mirada que le dirigió la mujer, frágil física y emocionalmente, en aquel momento. Ilse jamás se olvidaría de las lágrimas que brotaban de aquellos ojos apenados, desesperados. Algunos años más tarde, finalmente, el campo de concentración fue liberado por los aliados. Ilse estaba entre los sobrevivientes, y más tarde se trasladó a los Estados Unidos de Norteamérica – USA. Jamás se había perdonado. Rechazaba el casamiento, pues no se consideraba digna de ser madre ni merecedora de ser amada. No había logrado tranquilizar a su conciencia. Peregrinó por diversas religiones, pero en ninguna había conseguido encontrar lo que tanto ansiaba: el perdón de su cobardía moral, que había ocasionado la muerte de una madre y de sus pequeñas hijas.

Concluida la narración, Divaldo relata que en sus más profundas reflexiones acerca del drama, considera que el sufrimiento de Ilse le hace recordar a todos los enemigos desencarnados (obsesores) que no perdonan las equivocaciones que cometemos en perjuicio de ellos. En realidad no son obsesores. Son personas que nosotros arrojamos al abismo del dolor –físico y moral– y que por ser enfermos no nos comprenden ni nos perdonan. Mientras tanto, ¿con qué recursos podemos combatir la obsesión? A partir de que en El Libro de los Médiums, en cuyo capítulo 23 -De la Obsesión- son presentados los diversos tipos de obsesiones, así como sus causas y los medios para combatirlas, Divaldo deja en claro que la forma más eficaz de neutralizar la obsesión es la aplicación del amor, la oración, la paciencia y la misericordia para con aquellos que no nos han perdonado.

A modo de coronación de esa noche de bendiciones, Divaldo traslada las recomendaciones de El Libro de los Médiums a la práctica y narra el caso de la persecución que él mismo padeció durante 40 años, de parte de un espíritu, al cual Divaldo identificaba como el Máscara de Hierro, que finalmente lo perdonó por las acciones del pasado, cuando Divaldo tomó en sus brazos a una recién nacida, abandonada en las puertas de la Mansión y comenzó a dedicarle absoluta atención, cariño y amor.

Emocionado, el espíritu que lo había perseguido durante todos aquellos años, apoyó gentilmente la mano en su hombro y le dijo: -Divaldo, hasta ahora no me habías convencido. Me derrotaste por la paciencia. No obstante, hoy ya no tengo más motivo para odiarte: esa criatura que llevas con tanto cariño entre tus brazos, abriga el espíritu de mi madre que retorna al ámbito físico.

Para concluir con la tarea de esa noche, Divaldo manifiesta: Todos nosotros nos equivocamos, excepto Jesús. El mal es una experiencia que trajo un resultado perturbador. El mal –filosóficamente– no existe: es el bien que perdió el uso de la razón, y nos enseña a no volver a proceder de tal modo. Por esa razón, estamos todos invitados al autoanálisis, para identificar nuestras faltas. La liberación del mal comienza con el tratamiento de los complejos de culpa que insistimos en cargar con nosotros.

Seminario: Libérate del mal. Divaldo Franco, noche del día 19/02/2016.

Texto: Djair de Souza Ribeiro

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