Vida y valores (Valorice su vida: violencia cotidiana)

slide-raul-03-2014Es curioso notar cómo nos aterra las noticias que los medios proyectan en torno a la violencia. En todas partes las noticias de los crímenes, de las guerras nos causan verdadero estupor. Es muy común que las personas registren todo esto con una cierta dosis de angustia, como si el mundo estuviese de mal en peor. Y cuando pensamos en esas cuestiones de la violencia, que la televisión muestra, que las emisoras de radio, que los periódicos escritos presentan, cuando pensamos en esa violencia que está en las películas, en las telenovelas, que está en todas partes de la sociedad, sentimos una angustia muy grande en el corazón. Al final de cuentas, ¿Qué mundo es este? ¿En qué mundo estamos viviendo?

Esta es una pregunta crucial, porque cuando nos preguntamos, que mundo es este, en qué mundo estamos viviendo, no podemos olvidar que somos parte de este mundo. No es un mundo de allá fuera, como si fuéramos independientes. Este mundo en cual estamos identificando tantas catástrofes de violencia, tantas tragedias, es el mundo que estamos haciendo. Por causa de eso vale la pena preguntarnos: ¿Qué es, que está pasando en este capítulo de la violencia en nuestro día a día?

No existe un único día si quiera que no tengamos noticias de asesinatos, de homicidios, de violación, de secuestros, de atentados en todas partes. En la sociedad más próxima, donde estamos es en la sociedad del mundo en general. Parece que el ser humano se adentro en caminos nunca antes conocidos. Pero, eso no es bien verdad porque bastara que miremos la historia para percibir que esa realidad de violencia, en esos tiempos que vivimos en el mundo, es más conocida, pero no es una cosa nueva, es más divulgada, pero no es una cosa reciente. Nos cabe verificar de donde  viene esa onda de violencia tan terrible en nuestra vida cotidiana.

Es por causa de esto que nos cabe ver que podemos hacer, obrar, vivir para dar cuenta de ese cuadro tan angustiante que ahí está en nuestro mundo. Violencia, violaciones, violar, todos esos verbos son sustantivos, expresan una patología de la criatura humana. Expresan un tormento por el cual pasa el individuo. Debemos de identificar donde comienza la violencia y tendremos sorpresas muy curiosas a lo percibido, a lo registrado que todo y cualquier proceso de violencia que explota en la macro de la sociedad, que avanza en el mundo en general, tiene comienzo en el individuo. Si, es el individuo que todo ese proceso comienza. Somos esencialmente portadores de ese virus de la violencia.

Cuando pensamos en esa verdad, sentimos una cierta frialdad en la espina, un escalofrío que nos pasa en la espina porque jamás imaginaríamos que toda esa onda de tormentos sociales, de secuestros, violencia, muertes, violaciones, tuviese comienzo en nuestra actitud personal. Parece que estamos haciendo las cosas a escondidas, tenemos la sensación de que nadie nos ve, o muchas veces, hacemos abiertamente para que seamos vistos. Es la cuestión de la adrenalina. Hacer alguna cosa mal en medio de tanta gente, produce adrenalina, pero al mismo tiempo indica un desequilibrio. Es de ese modo que la violencia gana expresividad, que la violencia se va diseminando en la sociedad en que vivimos. Cuando pensamos en esa diseminación de la violencia nos cabe cumplir aquello que vinimos hacer en la tierra: dar cuenta de nuestra administración existencial, dar buena cuenta de nuestra vida, vivir de tal modo que no seamos nosotros los factores predisponentes de la violencia. Que no carguemos en nosotros esa fuerza que promueve la violencia, pero que consigamos, poco a poco, trabajar en un sentido opuesto y comprobar que la violencia, tenga un inicio en nosotros y, por eso, tendremos que encontrar su término también en nosotros.

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Si nos damos cuenta de que es un individuo que tiene un principio de violencia, tiene mucho mas explicito su origen y, naturalmente, su solución. En verdad, todos precisamos dar cuenta de los cuadros de la violencia de los cuales somos parte. La violencia de las palabras ásperas, de las palabras groseras, la violencia de la pornografía. Hablamos de lo que queremos como si todas las personas tuviesen la obligación de escuchar todos nuestros comentarios. Y la vida no es bien así. Si imponemos a alguien escucharnos en las cosas malas que queramos decir, estamos imponiendo a las personas violentamente, nuestras ideas. Si hacemos en nuestra casa una fiesta y porque estamos en la casa ignoramos que los otros vecinos también están en sus casas, hacemos barullo hasta la hora que queramos, porque los otros tendrán que aceptarlo así, es violencia. Porque si tenemos derecho a hacer barullo en nuestra casa, nuestros vecinos tienen derecho a tener silencio en sus casas. Comenzamos a percibir las actitudes violentas junto a la familia: el esposo machista, violento, grosero con la esposa; la esposa patológicamente feminista y piensa que su palabra tiene que ser la última, no escucha a nadie; las agresiones contra los hijos; las palizas, las riñas entre hermanos dentro de casa, son aspectos de los más variados de la violencia en el cotidiano.

Curioso es que no percibimos que eso es violencia. Nos parece una cosa muy normal, muy corriente agredirnos y después, todo parece volver a lo normal. Pero las cosas no vuelven a lo normal como estaban, nunca más llegamos al nivel cero. Estamos siempre amontonando basuras en nuestras relaciones. Y por causa de eso mismo la violencia tiene comienzo dentro de nosotros, estalla en nuestras relaciones, dentro de casa, en nuestro trabajo, con las personas con las cuales convivimos. Gracias a eso es que, cada día, la violencia urbana aumenta más. Parece que el problema de la violencia urbana es del gobierno. Pero el gobierno de mi casa soy yo, el gobierno de mi calle soy yo, el gobierno de mi barrio somos nosotros. ¿Entonces, como hacer para cambiar ese cuadro que nos incomoda tanto? Tenemos que apelar para ese proceso de auto-educación. Precisamos aprender a volver a los orígenes de la buena relación. Saber de que hablar cerca de alguien, respetar señoras, niños, respetar otras personas porque todas las veces que decimos lo que queremos, como dice el refrán, escuchamos las cosas que no queremos y no nos gusta.

Cuando decimos una palabra de mala calidad, una palabra de bajo calado, una palabra indebida, instigamos la reacción de las personas, de las que aceptan lo que decimos y de aquellas que se rebelan contra lo que decimos. Es la micro-violencia, digámoslo así, la violencia del individuo, la violencia de cada uno, nace la micro-violencia. Es de nuestra violencia individual que viene la gran violencia social, no tenemos ninguna duda. Cuando vemos, una guerra, soldados que luchan, la guerra no comenzó con los soldados, comenzó en cada uno de los individuos que sumaron las energías envenenadas. Y esa energía envenenada, esas fuerzas negativas van imponiendo a la sociedad el desborde, y desemboca en nuestras negatividades reunidas.

Mucho más de lo que podemos imaginar somos los agentes de la violencia en nuestro día a día. Mucho más de lo que podemos suponer, damos oportunidad a la violencia urbana, comentándolo, divulgándolo, devorando esas noticias de los periódicos, en las revistas que venden el rodar la sangre pisado por las víctimas de la sociedad. Cuando comenzamos a hacer esas reflexiones, cuando partimos para esos entendimientos, ahora parece que conseguimos encontrar la salida, la renovación personal, el esfuerzo por nosotros para apaciguar, el esfuerzo para tranquilizarnos y hacer que cada día, en nuestro alrededor, haya armonía, haya paz.

Raúl Teixeira

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 152, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 31 de maio de 2009.Em 10.08.2009 Traducido por Jacob.

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