Palingenesia IX

Sebastian-AraucoPersonas hay que ansían alcanzar la jubilación para no tener que trabajar más sin percatarse que la naturaleza humana necesita de una constante actividad para el normal funcionamiento del organismo y para una vejez agradable y feliz. Porque, la vejez ociosa conduce al aburrimiento, hace la vida tediosa, achacosa e inútil.

Según las estadísticas, una gran parte de los jubilados fallecen prontamente después de alcanzar la jubilación. Y la causa principal es la falta de estímulo, la falta de un objetivo, de un ideal para seguir viviendo. Salvo aquéllos con una mentalidad inferior y perezosos, los más, pronto caen en el hastío; porque una mente ociosa es como un huerto abandonado y falto de cultivo, que pronto se llena de maleza. Una mente ocupada con pensamientos positivos, constructivos, edificantes, como consecuencia de un ideal que estimula, es una mente sana, armónica, productora de salud, alegría y bienestar. Mientras que, una mente ociosa es productora de tedio, hastío, aburrimiento y otros males; estados desarmónicos ésos, que enferman el cuerpo y amargan la vida.

Por ello, necesario es crear y mantener un ideal, para que, cuando llegue la vejez, pueda continuarse en la realización de ese ideal, y con él penetrar en la ancianidad plena de actividad jubilosa, que no tan sólo prolonga la vida, sino que la hace alegre y feliz. Sí, feliz; porque la felicidad no está en la posesión de las cosas, ni en la holganza, que pronto aburren, sino en la propia naturaleza espiritual del Ser. No obstante lo expuesto, existen aspectos de ancianidad dolorosa. Y aún cuando la previsión social actual asegura la subsistencia del individuo que ha alcanzado la tercera edad, podemos apreciar casos de ancianidad achacosa y dolorosa, física y psíquicamente, así como de invalidez por enfermedades degenerativas prolongadas. ¿Y qué objeto tienen esas vidas, para qué sirven?

Vistas así, con mentalidad humana, dentro de las conveniencias humanas, no tienen objeto alguno; más bien de sufrimiento y estorbo para los demás. Pero, analizando esos aspectos de la ancianidad a la luz del conocimiento espiritual transcendente, apreciaremos que sí tienen un objeto, cual es el de la depuración de esas almas, de preparación para poder penetrar en las moradas etéricas superiores, de felicidad. Esos estados de vida, humanamente deplorables, son necesarios para aquellos seres muy apegados a la vida física, espíritus muy viejos que no acaban de desprenderse de las cosas materiales, y para las almas endurecidas; toda vez que el egoísmo cede, el orgullo se derrumba al verse ya inútil y el sensualismo se atenúa o se extingue. Porque es en la ancianidad y vejez achacosa, en ese período senil, cuando se extinguen los deseos inferiores.

Al comienzo ya se dijo que la vejez era la fase gloriosa de la vida, pero también puede constituir la más dolorosa. Si mantenemos una vida dedicada nada más que a las cosas materiales, o dando rienda suelta a las pasiones y vicios, viviendo egoísticamente para sí mismos o en la ociosidad, la vejez nos ofrece una perspectiva deprimente y dolorosa, aun cuando la subsistencia materialeconómica esté asegurada. Y la muerte, ese viaje hacia lo desconocido, con ese lastre, es motivo de pavor para esas personas. En cambio, si creamos y mantenemos un ideal de realizaciones (internas y externas), si actuamos con rectitud y bondad en todo momento de nuestra vida, si observamos y seguimos las indicaciones de la conciencia; nuestra vejez será tranquila y feliz. Porque, solamente en la realización de un ideal con una vida activa hasta el último momento, la vejez y la ancianidad será gloriosa. Sí, gloriosa, porque el espíritu rebosará de alegría, cuya alegría transcenderá a la psiquis en forma de energía vitalizante y armonizadora. ¿Y la muerte? Quien así haya actuado, teniendo la certeza de su inmortalidad, de continuación de la vida en otros planos luminosos del Universo, donde otros seres le están esperando, seres muy queridos; camina confiado hacia su último día, y aún lo espera con cierta ansia.

Si bien es cierto que, unos más y otros menos, todos hemos cometido errores voluntaria o involuntariamente, con conocimiento o ignorancia, eso pertenece al pasado. Preocupémonos del presente y del porvenir, no reincidiendo en los mimos errores. Pues esas faltas, por graves que sean, pueden ser derimidas, esas manchas pueden ir siendo diluidas, si incorporamos a nuestra vida humana los conocimientos y enseñanzas (los conceptos de verdad) espirituales transcendentes. Y termina esta exposición, con una invitación a que trabajemos en nuestro engrandecimiento espiritual. Si no hemos comenzado ya, comencemos desde ahora en nuestra preparación para un porvenir grandioso que nos espera. No hipotequemos una vida de siglos de felicidad, por unos pocos años que nos quedan. Ahora es el momento de comenzar a trabajar en nuestro engrandecimiento espiritual.

Sebastián de Arauco

Revista “Amor paz y caridad”

2 comentarios sobre “Palingenesia IX

  1. Responder
    luciana rafaela macor - 11 abril, 2018

    Me fascinó el Blog. Quisiera saber si pueden recomendarme libros para leer. Un gran abrazo

    1. Responder
      admin - 11 abril, 2018

      Hola! Gracias y nos alegramos mucho de que te guste nuestro blog. Todos los libros que tenemos en nuestra web son muy buenos y son de gran ayuda. Los mejores sin duda, son las obras de Kardec, y también de Amalia Domingo Soler. Así pues, puedes bajarte cualquiera de ellos, pues todos te servirán de mucha ayuda. Una abrazo.

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