La transformación del instinto

instintoHay diferencia entre instinto e inteligencia, y estas dos condiciones humanas es entrecruzan tan sutilmente que se tornan imperceptibles. Ellas interactúan, sin que el hombre pueda distinguir, en muchas ocasiones, cuando una termina y da lugar a la otra.

Según El libro de los Espíritus, la pregunta 73, “(…) el instinto constituye una inteligencia no racional, y mediante él todos los seres proveen a sus necesidades.”

A través del instinto los seres orgánicos realizan actos espontáneos y voluntarios, mirando por su conservación, no habiendo en esos actos instintivos reflexión, organización ni premeditación. Obedeciendo ciegamente a este impulso, las plantas buscan el aire, se voltean para la luz en busca de la energía que las vitalizan, dirigen sus raíces para el agua y para la tierra que las nutren. También la flor abre y cierra, conforme le sea necesario. Las plantas trepadoras se enroscan en torno a lo que les puede ofrecer seguridad y apoyo. Y, en el reino animal, los animales tienen el aviso del peligro que los ronda; procuran el mejor clima de acuerdo con la estación que están viviendo, ellos construyen, sin tener la mínima orientación, refugios, vivienda, con más o menos arte, de acuerdo con sus especies; cuidan con celo ( sin tener noción de lo que es esto) de sus hijitos, dando demostración, para muchas personas, de que ellos aman a sus crías, ya que hay animales, los feroces, por ejemplo, que comen sus propios hijitos, si tienen hambre.

Los animales manejan con destreza sus garras, que les proporcionan una defensa contra otros animales; se acerca el macho a la hembra y se unen sexualmente sin que hayan tenido la menor directriz sobre cómo se procesaría el cruce. Las crías se colocan para mamar, sin que la madre los oriente.

Veamos al hombre. Su vida inicial es toda instintiva, pasando el instinto a dominarlo. El niño toma el alimento del seno materno; hace los primeros movimientos sin aprendizaje especifico; grita avisando que desea algo o que no se está sintiendo bien; intenta hablar y andar. Ya crecido, el hombre también continua realizando movimientos instintivos, principalmente cuando alguna cosa externa amenaza su integridad física, incluso ocurriendo en la hora de equilibrar el cuerpo. La oxigenación a que se somete por la respiración, el abrir de la boca cuando siente sueño son actos, movimientos instintivos.

Cuando obra inteligentemente, el hombre revela actos voluntarios, frutos de reflexión, premeditación y sujetos a combinaciones, todo de conformidad con los momentos circunstanciales. Este patrimonio es exclusivamente del alma. Todo acto instintivo es maquinal; ya lo que denota es inteligencia, pues el acto inteligente es libre, en cuanto el instinto, automático.

El instinto es siempre guía seguro, difícilmente falla o se engaña. Ya la inteligencia, por ser libre, muchas veces se equivoca, llevando al hombre al arrepentimiento, al remordimiento, al dolor. Obrando por instinto, el hombre está siempre revelando que es un ser inteligente, puesto que se encuentra apto a prever lo que le puede pasar.

El instinto no podría originarse de la materia, porque si así fuese tendríamos que admitir inteligencia en la materia, lo que no existe. Aun más, tendríamos que admitir que la materia seria más inteligente y previdente que el alma, por el hecho de que el instinto no se engaña, dado que la inteligencia de vez en cuando se equivoca. No es rara la manifestación al mismo tiempo del instinto y de la inteligencia. Cuando camínanos, por ejemplo, al mover las piernas es un acto instintivo; colocamos un pie al frente del otro, sin pensar en eso. Ahora, cuando queremos acelerar el paso, levantar el pie para liberarnos de un obstáculo, obramos inteligentemente, o sea, ahí empleamos calculo y combinación.

Analizando el animal en la hora de alimentarse, de forma predatoria, vemos que sabe como agarrar a su presa, por instinto, y llevarla a la boca para devorarla. Con todo, previniéndose contra eventuales amenazas a la conservación del alimento bajo su dominio, tenemos que admitir que el animal actúa con inteligencia.

Sabiendo que los Guías Espirituales actúan en nuestras vidas librándonos de ciertos peligros y ciertos males, posteriormente nos envuelven en su protección, vemos ahí una acción inconsciente del hombre que se puede atribuir a un acto instintivo, cuando instinto es elaborado con inteligencia, como mínimo la del Espíritu Protector. Hay, en nuestro entendimiento, una acción conjunta del instinto y de la inteligencia.

La Providencia Divina, que protege niños, locos y ebrios, se manifiesta a través del acto protector de los Guías Espirituales, que conducen a quien aun no sabe caminar en la vida sin una ayuda eficaz. Figurándonos a todos sumergidos en el halo divino, o sea, bajo su protección sabía y previdente, vamos a comprender la unidad de vistas que preside a todos nuestros movimientos instintivos efectuados para nuestro bienestar. Bajo esta óptica el instinto ha de ser un excelente guía, muy seguro en su acción. Incluyamos ahí el instinto materno, la mayor de todas, a pesar de la opinión contraria de los apologistas de que todo se resume en la materia, el queda realzado y ennoblecido.

Es por intermedio de las madres que Dios vela por sus criaturas. Resulta de ahí estar siempre realzando, cuando oportuno, que por ser Dios el verdadero Padre de nuestro hijos, nosotros, padres terrenos, solamente hacemos una parte mínima de esfuerzo para cuidar de ellos. No deduzcamos, de ahí, la nulidad de la protección de los Espíritus Guías, porque ellos obran, actúan como medianeros de Dios, ya que el Creador, como esta en El Libro de los Espíritus (pregunta 112-113), no actúa solo, sino en comunión con el movimiento de sus intermediarios en los mundo físico y extra-físico.

Debemos convenir, como juiciosamente Allan Kardec destaco, que estas maneras de considerar el instinto y la inteligencia son todas hipotéticas, y ninguna podrá ser considerada como genuinamente autentica. Con todo, nada poseen de absurdo, según los conocimientos actuales del ser humano. Puede ser eso mismo lo que ocurre, como muestra la prudencia científica del Codificador al aconsejar cuidado y mucha observación antes de dar la última palabra. O no la digamos nunca, lo que siempre es más aconsejable.

En la incerteza, silenciemos, dicen los que saben más. El instinto va debilitándose por su absorción por la inteligencia, sin, con todo, desaparecer totalmente, por el hecho del instinto ser guía seguro, nunca perjudicial, siempre bueno. Obrando solo instintivamente, el hombre podrá ser bueno, pero su inteligencia permanecería paralizada, sin desarrollo, y no es eso lo que Dios desea para sus criaturas.

Adésio Alves Machado

Apoyo: Libro La Génesis, de Allan Kardec.

Revista Reformafor.
Traducido por Jacob

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