Canes y cosas santas

emmanuel“No deis a los canes las cosas santas.” – Jesús (Mateo, 7:6)

Cierto, el cristiano sincero nunca se recordará de transformar un can en partícipe del servicio evangélico, pero, de ningún modo, Jesús se refería a la forma literal de la sentencia.

El Maestro, al lanzar el llamado, buscaba preservar amigos y compañeros del futuro contra los peligros de la imprevisión.

El Evangelio no es solamente un escriño celestial de sublimes palabras. Es también el tesoro de dádivas de la Vida Eterna.

Si es reprobable el desperdicio de recursos materiales, ¿qué no decir de la irresponsabilidad en la aplicación de las riquezas sagradas?

El aprendiz inquieto en la comunicación de dones de la fe a las criaturas de proyección social, puede ser generoso, pero no deja de ser imprudente. Porque un hombre esté bien trajeado o posea una gran expresión de dinero, porque se muestre revestido de autoridad temporal o se destaque en las posiciones representativas de la lucha terrestre, esto no demuestra la habilitación de él para con el banquete de Cristo.

El Señor recomendó que el Evangelio fuese predicado por todas las criaturas; entretanto, con semejante advertencia no espera que los seguidores se conviertan en demagogos contumaces, sino en manantiales activos del bien a todos los seres, a través de acciones y enseñanzas, cada cual en la posición que le es debida.

Nadie se confíe a la aflicción para imponer los principios evangélicos, en ese o en aquel sector de la experiencia que le corresponda. Muchas veces, lo que parece amor no pasa de ser un simple capricho, y, en consecuencia de esa liviandad, es que encontramos verdaderas manadas de canes avanzando en cosas santas.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Viña de luz”

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