La paciencia

sabioLa paciencia es definida como la virtud de aquellos que soportan males y contratiempos sin quejas ni protestas, siendo también, la cualidad de quien espera con calma aquello que se demora.

Ante las enfermedades o dificultades que enfrentamos, la paciencia se manifiesta con el equilibrio que favorece la ayuda que nos será prestada, inclusive por la espiritualidad, facilitando, al mismo tiempo, la convivencia con los parientes y amigos que pueden aproximarse de nosotros sin manifestar irritación o agresividad. Ella es igualmente necesaria en las filas y en las salas de espera de los consultorios o empresas oficiales, que nos conducen a perder mucho tiempo, situación que comúnmente nos lleva a reaccionar con acidez y crítica irresponsable. Debemos utilizarla, también, para aguardar los resultados de las buenas acciones emprendidas que, raramente, son inmediatos.

En verdad, la impaciencia nunca es justificada, puesto que, permanentemente nos encontramos bajo el acompañamiento de las leyes divinas, que nos destinan siempre lo mejor – que no es necesariamente agradable – debiendo, entonces, entender que enfermedad o decepción como experiencias, a veces ásperas, pero cuyo valor educativo invariablemente es constatado después.

Por otro lado, la impaciencia en las horas de espera proviene de nuestra dificultad en ocupar la mente con temas positivos en esas ocasiones – en las cuales una buena lectura puede ayudar mucho – pasando, entonces, a sintonizar con la insatisfacción común a la mayoría en tales momentos. Los Espíritus superiores nunca se impacientan. Son siempre puntuales en sus compromisos mas no se alteran cuando circunstancias ajenas a su voluntad les impone atrasos o cambios de planos, prosiguiendo serenos, aún cuando alcanzados por una enfermedad o imperiosas adversidades.

La Doctrina espiritista nos auxilia valiosamente en este terreno, mostrándonos la importancia y la necesidad – en nuestro propio beneficio – de preservar nuestra armonía interior en las horas de incerteza y dificultad, así como ante las deficiencias ajenas, sobretodo, de personas con las cuales convivimos, esclareciéndonos que esta es una forma de caridad. Debemos recordar, finalmente, que el mayor ejemplo en este particular – como en todo lo que se refiere al bien – es Jesús, que trayéndonos personalmente la Buena Nueva hace veinte siglos, aguarda, pacientemente, y en acción incesante, que aceptemos su invitación amorosa para la paz y la alegría verdaderas.

“El Evangelio según el Espiritismo” (capítulo 9, ítem 7).

D.Villela

Revista «SEI»

1 comentario en “La paciencia”

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